Por:
José Santana Prado
México/estocolmo
México es un lugar que
por su geografía pareciera
ser el cuerno perenne de la abundancia,
y en realidad lo es de múltiples
formas.
Es abundante nuestro bello territorio
en pesca, petróleo, minerales,
extensos desiertos y espesas selvas;
pletórico de cultura antigua
y de vestigios que nos hacen soñar
en ese pasado lleno de gloria,
pues los monumentos nos lo hacen
saber de una manera soberbia.
México lindo y querido,
saturado de tradiciones y leyendas,
saturado también de una
ignorancia milenaria, hoy acentuada
en sus formas desde que llegó
en barco de la rancia España.
Todo mexicano por ser hijo de
la Patria, lleva este terruño
muy dentro del corazón,
y a veces no permite observar
la cruda realidad de la vida del
México cruel y cotidiano.
Queremos tapar nuestras frustraciones
económicas, sociales, políticas
o espirituales con fantasías
y utopías que de alguna
manera aligeren nuestro dolor.
El ejemplo último lo tenemos
con los atletas Paralímpicos
que llegaron cargados de medallas,
situación adversa que sufrieron
los atletas físicamente
normales y completos, pero que
en el fondo, nos indica que nuestro
país es un reino de tercer
mundo y además pletórico
de perdedores y de gente menesterosa,
pobre mentalmente, paria en la
realidad de la misma pobreza que
asoma lastimera por todos los
rincones de la Patria.
México, país de
indigentes: de pobres ricos que
laceran con su voracidad y su
egoísmo al resto de los
pobres pobres; de miseria de gobernantes,
puesto que lo demuestran con su
incapacidad para llevar a buen
término los destinos de
un municipio, del estado y en
general, de nuestro suelo patrio.
México, pueblo de pobres
atletas, incompetentes ante las
justas deportivas que el ser humano
ha creado para dar un poco de
escape ante tanta debacle mundial.
México región de
pobres iletrados que nos muestra
la estadística con sorna
acerca de nuestra miseria cultural,
por lo menos la que asoma hoy
en día.
La pobreza mexicana se ve por
doquier, y en la mayor parte de
sus habitantes se percibe en la
falta de análisis sobre
la vida y sus cosas. Con un trago
lo arreglamos, con un rezo a la
virgencita de Guadalupe (antes
Tonantzin) se calma el hambre,
el dolor y la miseria. Ir al estadio
de futbol a gritar o a mostrar
con vandalismo la furia y frustración
que nos invade, y que ahora es
cuando se puede echar fuera; las
cheves, los cuates, el dinero
mal empleado aunque se quede la
familia sin comer el fin de semana
¿y qué? ¡Así
somos los mexicanos!
Nos burlamos de la muerte tan
fácil como de lo más
sagrado que es la madre. Manejamos
ebrios hasta eructar, desafiando
a la muerte, nuestra compañera,
de una forma por lo demás
temeraria; la madre entra hasta
la cocina de nuestras pláticas
de múltiples formas. Con
un chinga tu madre, ofensivo como
si tragáramos chile, esa
chava está de poca madre,
que a toda madre es mi compadre,
ese hijo de su pinche madre me
las va a pagar. No, ese equipo
de futbol vale madre, ya verás
cómo le parten su madre,
en fin, nuestro estado patrio
es un mosaico de fiestas, ideas
obscenas, juegos de la muerte,
dichos, decires y cantares.
En nuestra nación todo
es fiesta y aparente alegría,
pero ¿será que todo
esto y más, es tan solo
para ocultar nuestra miseria y
pobreza, tanto exterior como la
interna?
La estadística de la vida
nos muestra que los países
ricos carecen de gente rica, sino
que, por el contrario, están
saturados de gente pobre, no así
los países pobres que se
las ingenian para enriquecerse
por las buenas o por las malas
a costa de los países ricos,
llenos de gente pobre. ¿Ejemplos?
Inglaterra, Estados Unidos, etc.
México es un paraíso
riquísimo en muchas cosas,
y sin embargo, la mayoría
somos pobres, de pensar, de actuar
y de tener; y lo peor, estamos
casi en último lugar en
matemáticas, en lectura
individual, total, la pobreza
mexicana se derrama a lo largo
y ancho del país.
Otro ejemplo, los pueblos de África
se mueren de hambre y son los
más ricos en diamantes,
no así los ingleses pobres
en producción natural,
pero ambiciosos en obtener lo
que producen los pobres de los
países ricos.
Al parecer, la pobreza es pariente
de la ignorancia, de la falta
de cultura, de la no investigación
y de la carencia de análisis
sobre las cosas más elementales
de la vida, por eso cualquier
soborno nos calma el ánimo:
nos calman con un que bien te
ves compa, nos prometen la salvación
eterna si continuamos sufriendo,
nos perdonan las faltas hasta
de asesinato con una sincera confesión
al cura, nos dicen que este sexenio
y este presidente nos darán
el cambio merecido y deseado por
la mexicanidad, y ¿qué
pasa? Seguimos jodidos.
Jodidos de la economía,
del ánimo, del cerebro,
en la política, en las
religiones, en educación,
en el deporte, y hablando de éste,
nuestro país como es pobre
en lo mental y en lo físico,
se justifica, decía, en
atenciones hacia los Paralímpicos,
por haber concluido con eficacia
lo que los atletas “normales”
físicamente no pudieron
concretar.¡Así es
nuestro México! Pobre en
la mente y atrapado entre dos
fauces: el voraz vecino país
del norte que vive dentro de nuestro
cuerpo patrio comiéndonos
las entrañas con sus transnacionales
y sus religiones exportadas, lacerantes
de conciencias y castrantes de
voluntades; sin quitar de en medio
a la machista y absorbente “Universal”,
que te quitan hasta las ganas
de morirte tranquilo, pues te
hacen temer en la hora póstuma,
de que el infierno te puede estar
esperando, para, y por último,
hacerte sentir pobre del espíritu.
La segunda fauce desgarradora,
tan grave como la primera, es
la miseria de pensamiento, mezcla
de la sangre euroamericana, que
nos hace hijos del Laberinto de
la Soledad, como dice Octavio
Paz, con nuestro pensar y actuar
al “ Ahí se va”.
Como podemos observar, querámoslo
admitir o no, México a
pesar de sus riquezas, sus calles
están llenas de pobreza
y miseria que la gente lleva a
cuestas, con todo y el futbol,
la virgencita de Talpa, el tequila
adulterado, los tacos de cabeza,
las mentiras que dice Fox cuando
viaja al extranjero, incluyendo
la nueva cultura del narcotráfico.
Por desgracia nuestra y para beneficio
de la madre España, cuando
llegaron a invadirnos las espadas
en forma de cruces, ya éramos
perdedores, nos hicimos pobres
de espíritu ante el hombre-
caballo de la “Conquista”; nos
dejamos engañar de la supuesta
superioridad española y
le echamos la culpa a nuestros
dioses de habernos abandonado,
sin reconocer que nosotros nos
abandonamos a nosotros mismos
con esa manera de pensar. Desde
entonces vagamos por el río
de la vida como los hijos de la
Llorona, sin conciencia por todo
el país.
¿Cómo superar pues,
nosotros los mexicanos, esta lacra
mental, moral y de conciencia
llamada pobreza y ser un país,
no más de perdedores, sino
todo lo contrario? La clave está
en la educación, por medio
del estado, o, en su defecto,
tomarla muy personal. Que el mexicano
rico o pobre en la economía,
se transforme en rico de la mente,
del espíritu y pueda salir
así del letargo de la ignorancia
centenaria que agobia a nuestro
amado cuerpo patrio, lacerado
por todos los mercenarios, llámense
gringos, ingleses, iglesias enajenantes,
transnacionales, narcos, modas,
políticos corruptos, patrones
explotadores, hijos traidores
a la Madre Patria o quién
sea.
El mexicano necesita digerir,
no tragar todo lo que le dicen
o imponen sin cuestionar; hay
que leer, documentarse e instruirse
y sobre todo, analizar, no dar
un paso sin estar conciente de
lo que se hace. Todo el tiempo
estamos siendo invadidos de ideas,
de letras, de figuras televisivas
que controlan y coartan nuestra
libertad y el sentido de análisis.
Tengámonos respeto a nosotros
mismos como seres humanos, como
mexicanos y habitantes del planeta,
admitiendo que, por lo pronto,
estamos en una posición
de perdedores, de pobres; pero
que esto se puede y se debe superar,
dando nuestro mejor esfuerzo;
resurgiendo así como el
ave Fénix, de nuestras
cenizas de ignorancia para elevarnos
por los aires de la Patria como
dueños de nosotros, destruyendo
para siempre a la pobreza y a
la ignorancia causantes de nuestra
desgracia nacional.
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