Umbral
de fuga
Por Tito Alvarado
Casi sin darnos cuenta,
quizá una gota de agua
en el mar,
un grano de arena en el desierto
o los horrores de dios,
se repitieron los giros sobre
si mismo
de un globo azul
y en un vals infinito pasaron
treinta y más
vueltas completas alrededor de
su imán.
Entre la materia y el vacío,
umbral de fuga.
Entre la distancia y el dolor
actual,
índice agresivo.
Entre los huesos rotos y la sangre,
pavura de presidenciables.
Pequeña cáfila de
pequeños proyectos,
en los giros y reverencias de
un baile de disfraces
y las vueltas alrededor de su
dios.
Ir, siempre ir,
entre olvidos y rostros contra
el muro,
la pobre gente sin memoria.
Exilio de anchuras y tantos sin
alas.
Umbral, solamente proyecto,
ni sombra de lo que pudo ser.
Sin embargo se mueve, ilusión
de alturas.
Desde el fondo de mi fosa una
certeza
y desde ella un amor en movimiento,
un temblor de tierra,
es el otro baile de la vida, otra.
Dialéctica
del amor
De tu amanecer al mío
hay un silencio
de nieves en el alma
un dolor
de espina
entre la uña y la carne
Mujer mitad fuego, mitad pájaro
me abraso,
me consumo
entre el delirio de tus piernas
me vuelo
me aviento
al ritmo de tu sexo
Cómo no amarte
si contigo siempre
se nace a la alegrí
Fantasma
sexual
No la vi.
La imaginé, desnuda saliendo
de la ducha.
Fresca, con aureola de virgen
para el sacrificio;
delicada figura oliendo a hierbas.
Sin verla, la sentí acercarse,
llegar a mi puerta y sin invitarla,
entrar.
Ciego de amor,
la descubrí con mi boca,
creció su ternura,
se transformó
en flor, ave rara, gata mimosa.
Ella era un delirio tierno,
yo un huracán ardiendo.
Dar fue el Verbo y se dio
de adentro hacia el fuego
y yo me di del fuego hacia adentro.
En la cima del placer
se igualaron nuestras almas.
Salto Mortal
La tarde cae
sin que nadie se ampare de ella.
Ya suenan las trompetas del tercer
milenio.
Le brillan a la noche unas luces,
como de estrellas en lo alto
y aquí abajo, cada cual
busca su farol.
Era una flaca de huesos aflorándole
en la piel,
me miró con sus ojos insondables,
sentí el llamado de la
tumba,
pero mis pies emprendieron el
salto:
que si caigo, me muero
y si me salvo, me matan.
Sin embargo me queda la sonrisa.
Las ciudades de
la luz
están
diseñadas en la Poesía
de los actos puros.
De aquí al horizonte, las
anchas Alamedas.
Al centro un cruce de pájaros
en bandadas hacia la aurora.
Aquí los jardines, las
fuentes, los canales, las musas,
el deleite.
Tenemos los planos al alcance
de la imaginación,
Sólo no falta trabajar
el fuego,
fundir los elementos a nuestra
visión y semejanza.
Coronarnos con la voluntad de
ser Dioses.
Visión de Ayacucho
En los dominios del viento el
alma se me esparce
con un soplo de iras irredentas.
Allá va con alas de Cóndor,
cubriendo la envergadura de la
sierra.
Desde las alturas de la historia
recibo un legado
imaginario de los niños,
con árboles, ríos
y montañas.
Son los silencios, me hablan de
batallas y fulgores de un mañana.
A casi tres mil metros hacia el
cielo, subo al mirador,
en la pampa de Quinua, donde los
grandes de Bolivar,
con amor y porfía dijeron
basta. Sólo que allí
se detuvo el tiempo.
En la transparencia del aire
frío, Ayacucho es un camino,
una visión de umbral, puerta
de entrada y encuentro con la
pureza.
Allí la capital invisible,
gobierno de las artes para la
gloria humana.
Jóvenes sin futuro
Los de la menos vida bajo los
puentes.
Los del escape por el tarrito
de pegamento.
Los del trabajo voluntario para
ahuyentar culpas ajenas.
Los de la sonrisa ante las cámaras
por los pesos de no ser.
Los del oficio invisible para
seguir de pobres.
Los de la venta de placer para
viejos panzones.
Los condenados por sus salvadores.
Los abandonados a los excesos
de la calle.
Los olvidados hasta de la muerte.
Piedad, bajo una lluvia de abril
(Para Nancy)
Piedad, ese rubor de cielo hecho
mujer,
ha pasado por esta calle.
Bajo estos árboles en flor
se dibujó su silueta,
una tarde de primavera
poco antes de la lluvia.
Ya no la ven mis ojos.
Al doblar la esquina del sol,
en un chispazo de fuego, desapareció,
y yo, con ella, me he perdido
bajo una lluvia de abril.
Su paso de rumba y flamboyán
me ha dejado una inquietud
como de piedra y arena
soportando el implacable sol del
mediodía.
La sufro pasar
con el resignado placer
de sólo verla.
La recuerdo desde entonces,
aunque esa fecha nunca haya llegado.
Con lejana lucidez de loco la
imagino y la enamoro.
Desde este incierto umbral de
sol y agua,
entre murmullos y flores, apasionado
del laurel, la beso.
En la duda de la dicha o la locura,
digo su nombre, mientras la lluvia
cae,
con la secreta esperanza de hacerla
real.
Piedad, bajo una lluvia de abril,
la certeza de una duda,
¿ella es real más
allá de mis ojos
o sólo es la fiebre que
me consume?
Sin el consuelo de una respuesta
armonizo su figura
en los espacios vacíos
de mis tardes.
Piedad, vestida de aurora y ocaso,
me deja un silencioso martirio.
Desde el umbral de mi embeleso
la presiento y la deleito,
la siento y la acaricio,
y beso la flor de su cuerpo
sin que ella sepa
la osadía de mi locura.
Ella nada sabe de la lluvia,
que ha marcado en mi memoria
con agua y música de tormenta,
la fecha exacta de su entrada
en mi mundo alucinado.
Mis ojos la vieron pasar
como una brisa nupcial.
Quizá la imaginé,
quizá haya llegado
a llenar el infinito de un recuerdo.
Fragancia de fruta madura,
ella viniendo en sonrisa
de su espacio a mi tiempo.
Llueve en abril como un temblor
de cielo,
Ella, besada por el agua, corre.
Yo, en el umbral del fuego, la
deliro.
Música de agua cayendo
y pasos graves
haciendo eco en la acera, me dicen
que se aleja.
Ella, un florido jardín,
se adentra
en el músculo rojo.
Entre lluvia que me moja y sol
que me abrasa,
la distingo por la gracia que
insinúa al caminar,
por el aroma de dicha que me invade,
por el tropical esplendor que
la adorna.
Desesperado la veo en mis pupilas,
y la sufro venir de mi piel a
mis huesos
y me aterro cuando desaparece,
siento su ausencia como una muerte
en el pleno vacío de esta
lejanía.
Abril llueve como un temblor
de cielo,
como un eterno caer de pequeños
ríos verticales,
bajo ese mar de gotas en vértigo
te adivino y quiero ser el agua
cubriéndote,
La fiebre sube o baja, el delirio
queda,
quizá ella exista en un
futuro anterior.
|