Alfred Nobel
nació
en 1833 en el seno de una sencilla
familia de un ingeniero, si bien sus
antepasados tenían unos antecedentes
especialmente interesantes. Uno de
ellos fue nada menos que Olof Rudbeck,
el genio técnico de los tiempos
en que Suecia fue una gran potencia
europea. Rudbeck (1630-1702) personificó
la cultura en suecia durante aquel
periodo. La hija de Rudbeck, Wendela,
contrajo matrimonio con Petrus Nobelius,
cuyo apellido era la forma latinizada
de su lugar de nacimiento, Nöbbelöv,
en la región meridional sueca
de Escania.
Su nieto Immanuel, el abuelo de Alfred,
contrajo luego el apellido de Nobel.
El hijo de éste, padre de Alfred,
que también se llamo Immanuel,
recibió una formación
técnica y trabajó de
arquitecto, en un principio los negocios
iban muy bien, depués, sufrió
varios reveses y el mismo año
en que Alfred nació, 1833,
dio en la quiebra. Cuando Alfred tenía
cinco años de edad, el padre
se mudó a San Petersburgo donde
puso en en marcha un taller mecánico
para la fabricación de minas
antipersonales para las fuerzas armadas
rusas. La madre Andriette, tubo que
quedarse en Estocolmo y sustentar
por sí misma a sus hijos. |
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Juventud y educación
En
1842, cuando Alfred tenía nueve
años, la familia se mudo a San
Petersburgo. La fortuna del padre había
cambiado, y la familia pudo vivir al nivel
de la alta burguesía. Los hijos
no fueron matriculados en la escuela,
sino que recibieron enseñanza en
el hogar a cargo de eminentes profesores
a nivel de catedráticos. La enseñanza
fue orientada a las Humanidades y las
Ciencias Naturales. Además de las
clases de sueco, Alfred y sus hermanos
estudiaron ruso, francés, inglés
y alemán, así como Literatura
y Filosofía. En el campo de las
Ciencias Naturales fueron guiados por
dos catedráticos de Química,
Julij Trapp y Nikolai Zinin, quienes les
impartieron enseñanza en matemáticas,
Física y Quimica. Encaminandose
así Alfred a la química.
Entre 1850 y 1852, Alfred hizo algunos
viajes al extranjero orientados al estudio.
Alfred Nobel completó su formación
de químico. Es allí también
donde se pueden encotrar las raíces
de los que habrían de ser los grandes
inventos de lsu vida. Y es que entonces,
si no antes tuvo que haber oído
hablar de aquel extraño explosivo:
la nitroglicerina. Sobrero, un alumno
de Pelouze, profesor de Alfred, había
descubierto una nueva sustancia explosiva
en 1847, a la que le dio el nombre de
piroglicerina (después conocida
como nitroglicerina). Tanto en cartas
a Pelouze como en un artículo posterior
para una revista, Sobrero advirtió,
no obstante sobre la nueva sustancia,
ya que no sólo tenía una
terrible fuerza explosiva, sino que además
era imposible de dominar. Como Alfred
estaba muy interesado en explosivos, era
-por así decir - cosa de familia,
y dado que Pelouze tenía información
de primera mano sobre la producción
de explosivos y conocía bien el
descubrimiento de Sobrero, Alfred tenía
que tener conocimiento de la nitroglicerina.
El inventor
El
final de la guerra de Cimea (1856) implicó
una catástrofe para la fabricación
de productos bélicos. La fábrica
dio a la quiebra y los padres se mudaron
a Suecia. En los años alrededor
de 1860, Alfred retomo con gran riesgo
los experimentos, que se habían
hecho con la nitroglicerina. Así
consiguió, primero, producir nitroglicerina
en cantidad suficiente sin que ocurriera
ningún accidente. Después
mezcló la nitroglicerina con la
pólvora negra y encendió
la mezcla con una mecha corriente. El
padre al enterarse quiso sostener que
la nueva construcción era suya,
pero, después de una carta cortante
de Alfred , todo se aclaro y el padre
ayudo para que Alfred obtuviera la patente.
En octubre de 1863 se le concedió
la patente del explosivo que Alfred con
un nombre bien certero, bautizó
como "aceite explosivo". Con
esa primera patente se logró también
el primer hito. Alfred no tenía
más que 30años, pero aquello
fue el preludio de una emocionante aventura.
En la primavera y verano siguiente, Alfred
prosiguió sus experimentos. Muy
pronto quedó listo con una nueva
patente, la utilización de un detonador
conbinado con la nitroglicerina, o como
entoces lo llamo "un encendedor inicial",
es decir un taco de madera hueco que se
llenaba de pólvora negra, aquella
construcción fue mejorada sustituyendo
el taco de madera por un casquillo de
metal. De esta forma se pudo aprovechar
de forma eficaz la nitroglicerina como
explosivo. De ahí que muchos hayan
considerado que, como invento, el detonador
fue sencillamente más importante
que la dinamita.
Reconstrucción del laboratorio
de Nobel en San Remo.
Foto: Museo Nacional Técnico
El emprendedor
El inventor recibió la compañía
del emprendedor. Reveses y éxitos
fueron tratados de la misma forma resuelta.
En septiembre de 1864 se produjo la gran
explosión en la fábrica
de las afueras de Estocolmo, donde su
hermano Emil y otras cuatro personas perdieron
la vida. Los fallecimientos implicaron
en sí mismos una tragedia, pero
a ello hubo que añadir el terror
del entorno y los rumores. Tan sólo
un mes más tarde fundó la
primera sociedad anónima, decididamente
y sin sentimentalismo. Fue difícil
conseguir licencia para construir una
nueva fábrica, la policía
decidió que, debido al riesgo de
explosión, tenía que hacerse
fuera de la ciudad. La nueva sociedad
anónima logró una buena
respuesta en el mercado. Los pedidos empezaron
a llegar a pesar del accidente o quizá
gracias a el, ya que de la fuerza explosiva
de la sustancia nadie podía dudar.
Los Ferrocarriles del Estado de Suecia
pidieron, por ejemplo, aceite explosivo
para su trabajo con el túnel de
la zona sur de la capital. Al año
siguiente, 1865, Alfred hizo su modelo
mejorado del detonador en metal, que es
principio, la misma construcción
usada hoy día. Nobel viajó
por varios países sondeando el
terreno. Consiguió la patente de
su aceite explosivo en Gran Bretaña,
Noruega y Finlandia, entablando negocios
en varios países más. Un
par de meses más tarde iba camino
de América, adonde llegó
a mediados de abril.
La Dinamita
A
pesar de la lentitud de las comunicaciones,
todo fue entonces con rapidez. Estando
Alfred en América, estalló
la fábrica de Alemania. Al volver
allí en agosto, tuvo que limpiar
y planificar para una nueva construcción.
Por el momento instaló su laboratorio
en una lancha, que amarró esta
vez en el Elba El trabajo era importante
y urgente. Era evidente que el aceite
explosivo a pesar de todo, no resultaba
estable, y que el transporte o la conservación
durante mucho tiempo implicaba grandes
riesgos. Por eso, Nobel siguió
pensando en el problema de la seguridad,
haciendo todo el tiempo nuevos experimentos.
Finalmente encontró lo que buscaba,
casi sin esforzarse. En las landas alemanas,
exactamente en el lugar dónde se
encontraba, descubrió una arena
porosa y absorbente llamada tierra de
diatomeas. Cuando Nobel hizo que la nitroglicerina
fuera absorbida por esa tierra, se formo
una pasta amasable. A esa masa se le podía
dar forma de barras, que podían
ser metidas con facilidad al agujero taladrado
y ser transportadas y sometidas a golpes,
sin que ocurriera nada. La desventaja
de la nueva sustancia era que disminuía
algo la fuerza explosiva, ya que la tierra
de diatomeas no participaba como sustancia
activa, pero ése era el riego que
había que pagar. Así, fue
en breve, el invento de la dinamita, palabra
que, por lo demás, acuñó
el mismo Nobel por el vocablo griego que
significa "fuerza". En 1867
obtuvo la patente de la dinamita en varios
países, sobre todo en Gran Bretaña,
Suecia y Estados Unidos. La época
exigía grandes proyectos de instalaciones
como ferrocarriles, puertos, puentes,
carreteras, minas y sobre todo, túneles,
donde las explosiones eran necesarias.
Al año siguiente de la patente,
Alfred Nobel obtuvo, junto con su padre,
el Premio Lettersdtska de la Real Academia
de Ciencias de Suecia, galardón
que él tenía en gran estima.
El Premio le fue concedido por "inventos
importantes de valor práctico para
la humanidad".
El humanista
Hay otra dimensión más
de la personalidad de Alfrd Nobel, que
debe ser tocada y es la del humanista
y filósofo. Sabemos que tenía
ambiciones e intereses literarios, que
leía mucha literatura y que escribió
dramas y poesía. Es posible que
sorprenda el hecho de que su poeta favorito
de fuera Shelly, aunque ese ateo y revolucionario
escondía también la figura
de un lírico sentimental. Además,
Nobel mostraba inclinación por
las cuestiones filosóficas. Entre
los documentos que dejó, hay un
libro de notas negro con filosofía.
Hace sus propios comentario, que, de forma
arisca, muestran que mantiene cierta distancia
respecto al tema. Da sus opiniones sobre
Platón, Aristóteles y Demócrito,
así como Darwin y Haeckel. Así,
por ejemplo, dice que está poco
claro qué es lo que condujo al
ser humano a la idea de un Dios. Eso le
lleva a reflexionar sobre la metodología
de la ciencia, y desarrolla un razonamiento
que no sólo está inspirado
en Locke, sino también en el ideal
del conocimiento de Alexander von Humboldt.
Toda cinecia se basa en la observación
de similitudes y disimilitudes, escribe
Nobel. Aún más interesantes
eran quizá las ideas de Nobel sobre
la guerra y la paz. A menudo suele decirse
que instituyó un premio de la paz
por la mala conciencia que tenía
por su industria de armas, pero eso es
erróneo como indica ya es el mismo
echo de que sus explosivos, con excepción
de la balistita, no fueron usados en la
guerra durante su vida.
El testamento
La
idea de donar su fortuna no se le ocurrió
a Alfred Nobel como un capricho inconexo.
Había pensado en ello mucho tiempo
e incluso había reformulado el
testamento en varias ocasiones para sopesar
entre sí distintas formulaciones.
En una ocasión manifestó
también lo siguiente: "En
especial, consideró que las grandes
fortunas heredadas son una desgracia que
sólo contribuyen a la apatía
del género humano". Para Nobel
era muy importante la labor por la paz,
en parte inspirado por sus contactos con
Bertha von Suttner (Premio Nobel en 1905.
La literatura satisfizo su esparcimiento
intelectual, y las Ciencias fueron las
bases de sus propias actividades como
investigador e inventor técnico.
El testamento definitivo lo firmó
Nobel el 27 de noviembre de 1895 en el
Club sueco-noruego de París. El
10 de diciembre de 1896 falleció
Alfred Nobel en su hogar de San Remo.
El testamento de Nobel, cabía,
a grandes rasgos, en una página
escrita normal. Después de una
relación de legados a familiares
y a otras personas allegadas, Nobel declara
que los intereses de todo el resto de
su fortuna han de utilizarse "como
premio para los que, durante el año
pasado, hayan sido de mayor utilidad a
la humanidad" en los campos de Física,
la Química, la Fisiología
o la Medicina, la Literatura y la labor
de fomento de la Paz. Los Premios de Física
y Química serían concedidos
por la Real Academia de Ciencias de Sueca;
los de Fisiología o Medicina, por
el Karolinska Institutet de Estocolmo;
los de Literatura, por la Academia Sueca;
mientras que los laureados por la Paz
serían elegidos por un comité
que nombrado por el Parlamento de Noruega,
país que formó con Suecia
una unión de 1814 a 1905. A su
muerte, Alfred Nobel tenía 355
patentes registradas en su nombre, sobre
las que había construido unas 90
fábricas en 20 países. Por
eso no es de extrañar que la cantidad
de dinero disponible para establecer los
premios fuera tan grande: unos 31 millones
de coronas suecas, después de deducir
gastos. El rendimiento sería utilizado,
por una parte, para los premios y, por
otra, para acumularlo al principal. La
cantidad original había aumentado
hasta el 1 de enero 1996 a 2,300millones
de coronas suecas. El importe de cada
premio ascendió aquel mismo año
a 7,4 millones de coronas. El testamento
llamó la atención en el
mundo entero. Así, en 1901, pudieron
concederse los primeros Premios Nobel.
Desde entonces, los premios se han establecido
firmemente con los más altos honores
cívicos del mundo. El anuncio de
los laureados con los Premios es esperado
con ansiedad cada otoño, mientras
que las ceremonias de entrega en Estocolmo
y Oslo, el 10 de diciembre, en presencia
de dignatarios reales e internacionales
se han convertido en acontecimientos de
gran prestigio social.
El Premio de Ciencias Económicas
El Sveriges Riksbank (Banco de Suecia)
instituyó en su tricentenario,
en 1968, un Premio de Ciencias Económicas
en memoria de Alfred Nobel, asignando
a la Fundación Nobel una cantidad
igual a la de sus premios normales. El
ganador de aquel premio había de
ser elegido todos los años por
la Real Academia Sueca de Ciencias. Para
la nominación de candidatos, adjudicación
de los premios y entrega de los mismos,
se siguen las normas y reglas de los Premios
Nobel.
El testamento de Alfred Nobel:
"La totalidad de lo que queda de
mi fortuna quedará dispuesta del
modo siguiente: el capital, invertido
en valores seguros por mis testamentarios,
constituirá un fondo cuyos intereses
serán distribuidos cada año
en forma de premios entre aquéllos
que durante el año precedente hayan
realizado el mayor beneficio a la humanidad.
Dichos intereses se dividirán
en cinco partes iguales, que serán
repartidas de la siguiente manera:
Una parte a la persona que haya hecho
el descubrimiento o el invento más
importante dentro del campo de la Física.
Una parte a la persona que haya realizado
el descubrimiento o mejora más
importante dentro de la Química.
Una parte a la persona que haya hecho
el descubrimiento más importante
dentro del campo de la Fisiología
y la Medicina.
Una parte a la persona que haya producido
la obra más sobresaliente de tendencia
idealista dentro del campo de la Literatura.
Una parte a la persona que haya trabajado
más o mejor en favor de la fraternidad
entre las naciones, la abolición
o reducción de los ejércitos
existentes y la celebración y promoción
de procesos de paz.
Los premios para la Física y la
Química serán otorgados
por la Academia Sueca de las Ciencias,
el de Fisiología y Medicina será
concedido por el Instituto Karolinska
de Estocolmo, el de Literatura, por la
Academia de Estocolmo, y el de los defensores
de la paz por un comité formado
por cinco personas elegidas por el Storting
(Parlamento) noruego. Es mi expreso deseo
que, al otorgar estos premios, no se tenga
en consideración la nacionalidad
de los candidatos, sino que sean los más
merecedores los que reciban el premio,
sean escandinavos o no".
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