Estocolmo.se
El brazo largo de la ley - Omar Venturelli


Chile | DD.HH
Publicada:2010-08-31
Por Edgardo Salas Santana

Juicio, en Roma, por un crimen en Temuco..., ¡Treinta y seis años después!


Hasta ahora he venido contando a mis amigos lectores, a mi manera y en forma más o menos cronológica, lo que ha ocurrido en las primeras vistas del proceso que, para vergüenza de la justicia chilena, se sigue en Roma al nacional chileno Alfonso Podlech por el delito de homicidio en la persona del cittadino italiano y nacional chileno Omar Venturelli Leonelli, perpetrado en octubre de 1973. Justamente cuando me proponía cambiar de enfoque y analizar de otro modo lo que esa acción jurídica ha ido dando de sí, las circunstancias me obligaban a relatar la Cuarta Audiencia (sesiones de 11 y 12 de Enero de 2010) . Aclaro que, por razones de espacio, lo que sigue no es un relato completo de dicha vista del proceso, pero que volveré a ella más de una vez, temáticamente, en entregas futuras. Este texto está escrito, pues, todavía dentro del esquema vista por vista. Cuando uno los cuenta por escrito, los procesos tienden peligrosamente a ser densos, áridos, pesados. En el futuro habré de enmendar rumbos: mi propósito es seguir con el juicio sin cansar ni hastiar a nadie.

Sexta entrega
( mediados de Agosto de 2010 )





Omar Venturelli
Hasta ahora les había contado lo ocurrido hasta acabar el año 2009. Cuando empezó la cuarta audiencia (estoy hablando del 11 y 12 de Enero de 2010) estaban frescos todavía los testimonios de los señores Eleuterio Toro, Pablo Berchenko y Lautaro Calfuquir. El señor Berchenko había descrito en la audiencia anterior, el estado en que se hallaba la víctima: “En los pasillos vi a Omar. No se sostenía en pie por su estado después de las torturas. Me pidió por favor que, si salía de ese lugar, fuera donde su esposa y su hijita. Temía por ellas (1)” . Por su parte, el señor Lautaro Calfuquir había caracterizado, explícitamente, la desaparición de Omar Venturelli como un acto criminal rutinario: recordó que el día 4 de Octubre a eso de las 18:00 horas le sacaron de la cárcel. Cuando ordenaban a un preso que juntase sus cosas para salir de la cárcel, eso podía significar que le ponían en libertad o que querían sacarle para darle el paseo y matarle. Lo que más le impactó de ese hecho fue la hora en que lo hicieron. “Era una mala señal, porque los que sacaban del recinto a esa hora, no volvían más. Para nosotros, ver salir a un compañero a esa hora del día, ya nos indicaba que le matarían(2) ” recalcó.

Cambio en el equipo

Esta nueva vista del proceso tuvo lugar en la città giudiziaria, en el mismo Edificio B de la Via Golametto 11, y en la misma Aula 28 como todas las precedentes, pero comenzó con una sorpresa. Cuando el equipo empieza a perder cada partido por goleada, y de seguir así peligra acabar chuteando en los potreros, es costumbre en el fútbol echar al entrenador y contratar un nuevo míster que salve al equipo del descenso. Con la defensa de Podlech acababa de ocurrir algo muy parecido. Esta vez no apareció en audiencia el equipo de abogados Krogh y Cusatelli, sino un nuevo defensor, el abogado Nicola Caricaterra, que tomó asiento en el primer escritorio a la derecha, acompañado, en esa primera sesión, por una letrada algo más joven.

¿Qué había pasado?

La defensa de Podlech habíase planteado como estrategia principal negar la ciudadanía italiana de Omar Venturelli Leonelli y conseguir con ello la anulación de todo el procedimiento abierto por la justicia italiana contra aquél. Esa era su piedra filosofal. Que se hizo arena cuando la Corte Constitucional Italiana confirmó – mediante un documento explicativo – que cuando nació Omar Venturelli Leonelli , la ciudadanía italiana se adquiría – igual que ahora – iure sanguinis (por nacimiento, heredada, en aquel tiempo, por los antecesores biológicos de sexo masculino), con un poder de penetración transgeneracional que llegaba hasta la tercera generación y que dicha condición se perdía recién cuando el interesado, resuelto a dejar de ser italiano, expresaba por escrito al Presidente de la República Italiana su deseo de renunciar a ella. En razón de las disposiciones legales allí vigentes a la fecha de su nacimiento, Omar Venturelli Leonelli – hijo de padre italiano, hijo él también, a su vez, de padre italiano – reunía todos los requisitos para ser cittadino italiano iure sanguinis desde su nacimiento, no habiendo expresado nunca después, de modo alguno, una intención siquiera remota, de dejar la ciudadanía italiana para quedarse exclusivamente con la nacionalidad chilena. De este modo, para la corte en lo criminal quedaba zanjado el asunto al confirmarse la ciudadanía italiana de la víctima.

Aparece – pero no comparece – el villano invitado

Todo lo dicho había hecho necesario un cambio de sintonía. Este se empezó a notar desde la primera sesión de esta vista, celebrada el 11 de Enero de 2010: la defensa abandonaba la línea de poner en duda la ciudadanía italiana de la víctima como estrategia central. Al demostrarse que el juicio no era el equivocado, la defensa de Podlech sigue ahora el camino de demostrar que el inculpado es el equivocado. Que no se ha estado juzgando al correcto, sino al equivocado. Que Podlech no es en realidad el verdadero sujeto a inculpar, porque él no era ni había sido el fiscal militar para la Araucanía cuando murió Omar Venturelli. Podlech. Su abogado quiere saber ahora – él mismo – y tratar de hacer saber también al jurado que quien debe responder por su muerte no es Alfonso Podlech, sino el mayor Luis Jofré(4) Soto. Por arte de birlibirloque, aquel misterioso oficial de ejército mencionado por el abogado Cusatelli durante la primera audiencia con debate de abogados cuya identidad, debido a la confusa situación vivida en Chile durante aquéllos días de guerra no la sabía ni Dios, y que por eso hasta la audiencia anterior no era más que un conglomerado de moléculas transparentes, había obtenido repentinamente existencia real, cuerpo, rango, nombre y hasta dos apellidos.

Ahora afirmaba la defensa que él era el verdadero fiscal y que Podlech, no. ¿Podlech, fiscal? ¡Por el amor de Dios, No!...


¿Quién era Podlech, entonces? ¿Qué monos pintaba(5) entonces, en el cuartel Tucapel y en la cárcel de Temuco?

Podlech era, de acuerdo a la nueva versión de su defensa, un mero elemento lateral; un Don Nadie con título de abogado que no hacía otra cosa que “figurar”, en calidad de palo blanco(6) a la vera del malo de verdad – de ese pérfido Luis Jofré Soto; que funcionaba allí por obediencia a la verticalidad de mandos y/o por dinero (se entiende que no estaba allí por amor al arte, sino que le pagaban por hacer las que se dice que hacía) para conceder apariencia legal a los desmanes que cometía allí el ejército de Chile contra los derechos humanos de muchos de sus compatriotas. Como veremos más adelante, el acusado – según sus propias palabras – se prestaba para ese juego sucio que es, de hecho, la negación de toda la ética en la profesión de abogado.

Mal pensado de nacimiento, debo reconocer que, cuando oí aquéllo, pensé: “Ese tal Jofré – acaso ha existido – debe estar muerto”. Si no fuese así, no estarían estos señores tan sueltos de cuerpo, depositando todas las culpas sobre sus espaldas. También es posible que ya esté subcortical y que no pueda decir ni Sí ni No frente a la indirecta inculpación de homicida que pretende endosarle, desde la città eterna, el abogado Caricaterra. Cabe, por último, la posibilidad de que allá en Chile, tan lejos y retirado – por edad – de las pistas, el vejete viva en el campo y todavía no se haya enterado de la popularidad internacional que pretende darle la defensa de Podlech. Es posible incluso que sabiéndolo, haya jurado o que no pueda ya, físicamente, asomar ni el ápice del juanete afuera de su casa.

Lo seguro es que hasta el momento – ya han pasado varios meses y con ellos, varias audiencias del proceso – ese señor Jofré no ha aparecido ante el tribunal, ameritando su honor y su valentía de soldado chileno, para poner el pecho al hecho y decir al tribunal: “¡Señores, yo soy el fiscal militar de Temuco: júzguenme a mí junto a este Podlech, y tírenme a mí una condena más grande que a él, que no era más que mi suche!”.(8)

Algo como eso y la cara de Dios son dos cosas que no veremos nunca. En consecuencia, trátase aquí y ahora de que los miembros del tribunal – que no serán tan desconfiados como Tomás, el Mellizo(9) – crean que ese mayor Jofré existe y que él era el fiscal, el de las ideas y que Podlech era el... que ponía la cara y las firmas para que la cosa fuera o pareciera legal.

A propósito del comprometedor ejercicio de echarse la firma, ya les puedo adelantar que en una audiencia posterior a ésta que les estoy contando ahora, uno de los testigos presentó ante el tribunal un documento firmado por Podlech en su calidad de fiscal militar. La defensa pidió que se lo mostrasen al imputado y el tribunal aceptó su petición. Podlech cogió el papel, lo miró unos minutos y reconoció de inmediato la firma del secretario de la fiscalía..., ¡pero no la que presuntamente habría estampado él mismo! ¡De ésa – dijo – no estaba seguro! ¡Qué casualidad, oiga, que justo de esa firma – de la suya propia – no haya estado seguro!

Podlech versus Jofré

El abogado defensor ha intentado sistemáticamente “vender” la figura del presunto fiscal Jofré Soto – sin conseguir que los testigos dejen de afirmar que Podlech era quien decidía lo que había de hacerse con los prisioneros, como veremos más adelante. Su empeño me trae al recuerdo al Físico Ramírez haciendo el experimento aquél con los dos globos conectados entre sí por un tubo metálico. Existe en la defensa de Podlech un cierto afán en cambiar al aire de globo: quiere inflar, a toda costa y como pueda, a ese mayor Jofré y desinflar al mismo tiempo, en igual proporción, al mayor Podlech. De este deseo se hicieron eco algunas informaciones poco responsables sobre el proceso que han aparecido en Chile, las cuales con irreal optimismo suponen, en su parcialidad, que en Roma ya le han creído esa especie a la defensa y que ahora se inculpa a Podlech como a un mero cómplice del homicidio de Omar Venturelli . Allá tan lejos, al otro lado del globo, pueden contar lo que quieran. Eso creen. El hecho es que la defensa tiene por delante una difícil tarea: Duro trabajo será poner a un fantasma en el sitio que ocupa un acusado real, de carne y hueso, a quien reconocen físicamente y sindican todos los testigos como al fiscal y como al que mandaba el buque en ese antro de torturas y crueldad. Le costará también lo suyo girar hacia abajo la perilla de la categoría del acusado en aquellos días. Tampoco sirve de mucho al abogado defensor y a la familia de Podlech afirmar que “en realidad se enjuicia un período en la historia” de Chile. Haría bien el abogado Caricaterra en enterarse de que en Roma se juzga a un individuo de carne y hueso llamado Podlech por el asesinato de una persona que también era de carne y hueso y que se llamaba Omar Venturelli. Entre otras cosas, porque es a ese señor bajito y calvete, de gafas con marco rojo llamado Alfonso Podlech a quien debe defender. Me imagino que no albergará la desmedida pretensión echar sobre sus hombros la poco decorosa tarea de justificar, filosóficamente o como sea, al período más vergonzoso e inhumano en la Historia de Chile. La historia de los pueblos – señor letrado – la hacen los hombres. Y el período que empezó el día 11 de Septiembre de 1973 en Chile fue un tiempo aciago y lleno de crímenes fue porque quienes planearon el derrocamiento del Presidente Allende pusieron de hecho al país en manos de terroristas. De sujetos malvados que no vacilaron en atropellar la vida, la integridad física y la dignidad de sus semejantes para crear el clima de terror y amedrentamiento que favoreció sus designios políticos y con ello hizo posible el cumplimiento de las metas que el state department de los Estados Unidos de América se había planteado alcanzar en Chile con el golpe de estado.

Después de más de treinta años de impunidad y de casi dos en galera, Podlech está dispuesto a aceptar lo que sea, con tal de sacar, al final, una condena un poco más liviana. No puede interpretarse de otra manera su intervención en la cuarta audiencia, el 12 de Enero de 2010, inmediatamente después de finalizada la declaración del testigo señor Víctor Gavilán, el único que conocía el nombre de Luis Jofré.

Habla el propio Podlech

Con una voz mucho más suave que la que los testigos presentes declararon haber oído salir de sus cuerdas vocales durante sus días de gloria, Podlech intentó inflar la imagen del mayor Luis Jofré Soto que hasta ese momento su abogado no había conseguido vender a nadie y de jibarizar al mismo tiempo la suya propia hasta dejarla más chica que un adorno de llavero. Dijo que el mayor Luis Jofré Soto era el Fiscal; que no hay que hacer distinciones entre un fiscal para los civiles y otro para los militares porque había un guerra interna, estaba declarado el estado de sitio y todo ocurría por ende de acuerdo a la justicia militar y que, como en ese momento empezaban ya los Consejos de Guerra y todo eso lo hacía el Fiscal Militar, ponían junto a él a militares con título de abogado “para que esos juicios fueran legales”.

Quien así hablaba venía ya de vuelta de su viaje a las estrellas. Había entendido que una rebaja a su pretérita importancia, que en aquel tiempo – si alguien se hubiera atrevido a formular aunque fuese indirectamente – le habría producido un ataque de indignación a cobrar y a pagar con la muerte, puede significarle ahora, con un cachito de suerte, alguna rebajilla en la condena. Pero los hechos no le ayudan mucho que digamos. Como veremos más adelante, todos los testigos escuchados por el Tribunal hasta la fecha han tenido que ver con el individuo Podlech – a quien han identificado físicamente – y la gran mayoría de ellos ni conocían a ese mayor Jofré, no le vieron nunca y no tenían noción de su existencia antes de que el abogado defensor les preguntara por él.

De hecho, el abogado Caricaterra preguntó a todos los testigos presentados a esa audiencia y a las siguientes por el mayor Jofré; quiso oír de ellos si habían sido alguna vez interrogados por ese oficial que sería – según su defendido – el verdadero; si le habían visto, si le conocían de haberle visto alguna vez en los sitios de reclusión, o si por lo menos les sonaba el nombre, aunque fuese de lejos. Con la única excepción el testigo señor Gavilán, mencionada más adelante, todos le dijeron que No. Esa situación duró hasta la novena audiencia, celebrada el 18/06/2010, cuando comparece el testigo señor Herman Carrasco Paul , quien sí que conoce al mayor Luis Jofré (cuando a él le tocó declarar, me enteré de que el tal Jofré era con “Jota” y no con “Cé”) y le retrata como un oficial que tenía el cargo de fiscal militar hasta el día del golpe y que siguió después yendo a la oficina de la fiscalía, pero que fue desbancado por blandengue y sustituido por el acusado. Sustituido fue de hecho, aunque todavía sin papeles, ya el mismo día del pronunciamiento.

Para que sepan quién era quién, nos damos un salto hasta la novena audiencia

El testigo mencionado describe de la siguiente manera su primer encuentro con el fiscal Podlech. Su suegro – suboficial mayor en el cuartel Tucapel – confiando en sus posibles influencias, le acompañó cuando le llamaron a declarar a la Fiscalía Militar que funcionaba en el cuartel Tucapel. Allí declara que es profesor de un liceo vespertino y se define como un simpatizante de izquierda. En la sala estaba presente el mayor Jofré y es a él, a quien le da esos datos. En ese momento hace su entrada Alfonso Podlech, en uniforme de combate, “profiriendo insultos groseros dirigidos a mi persona y me doy cuenta de que él es el que manda allí. Los dos militares que estaban presentes se atemorizan cuando le ven aparecer. Ellos lo hacen todo rápido, para que yo pueda irme rápido, siendo ellos el sargento escribiente Schenner y el mayor Jofré, preocupados por mi integridad física [no por amor al prójimo, sino por consideración al suegro del testigo que es un uniformado. Por dificultades en la traducción, esto último debe explicárselo el testigo por una segunda vez a la Juez Presidente del Tribunal]. El mayor Jofré me hacía las preguntas y el sargento escribía las respuestas(14) ”. Lo hicieron todo rápidamente por temor a Podlech y le dieron entonces una papeleta que le ponía en libertad. A la pregunta del Juez Vicepresidente que quiere saber si le consta que hubiese una persona que desarrollaba el rol de Fiscal Militar y que no era Podlech, el testigo señor Carrasco Paul responde: “Mi padre fue militar, mi suegro, militar. Conocí todo el regimiento y me relacionaba mucho con los militares. Por lo tanto, sabía que el militar que ocupaba el cargo de fiscal militar para asuntos militares, para los delitos cometidos por militares, antes del golpe, era Luis Jofré ”(15). El Juez Vicepresidente le pregunta entonces si es efectivo que Luis Jofré terminó su rol como Fiscal Militar inmediatamente antes del golpe. “No me consta si cesó. Sin embargo, duró poco tiempo más en el ejército. Lo que se comentó y lo que me dijo mi suegro es que [el mayor Jofré] era una buena persona y que no les servía como fiscal militar porque era muy blando ”.(16)

Y volvemos inmediatamente a la cuarta audiencia

Vuelvo a la primera sesión de la cuarta audiencia (11/01/2010), en la cual declararon los testigos señores Mario Carril Huenumán, Víctor Faúndez Bustos, Conrado Pérez Rebolledo y la señora Mirtha Varas Mandolini. Al día siguiente (12/01/2010) lo hicieron el Dr. José Venturelli, la Dra. Ruth Kries Saavedra y los señores Víctor Manuel Gavilán y Aldo Contreras Droguet.

Los testigos señores Carril Huenumán, Pérez Rebolledo, Venturelli Barón y Víctor Gavilán fueron detenidos y debieron soportar sesiones de interrogatorio y torturas en el cuartel Tucapel, las cuales fueron celebradas bajo las órdenes y en presencia de Podlech. Sus testimonios, especialmente el del Dr. Venturelli ayudan a formarse una idea de lo que fue aquéllo y del estado en que se encontraba Omar Venturelli durante sus últimos días de vida. Sólo el señor Faúndez Bustos, la señora Mirtha Varas, la Dra. Ruth Kries y el señor Contreras Droguett no habían estado detenidos en manos de Podlech, pero sí le habían conocido y soportado sus rigores en otra forma. Sus declaraciones contribuyeron a ir plasmando un cuadro sobre su personalidad y sobre su conducta humana durante aquellos días.

Hubo, durante esta audiencia, momentos de hondo dramatismo.

El testigo señor Mario Carril Huenumán tenía apenas diecisiete años cuando le detuvieron junto a sus padres. Al sacarlo de la casa, un carabinero le cogió por el pelo y le estrelló la cabeza contra el tapabarros de la camioneta a la cual le obligaron a subir. Le hizo, por así decirlo, el saludo del paco (17).

Luego, al llegar al cuartel Tucapel, un soldado raso le coge la cabeza con las dos manos, le introduce ambos pulgares en las órbitas y empieza a presionarle los globos oculares. El chico grita de dolor y la madre – que estaba embarazada de seis meses – sin poder soportar aquéllo, interpone su propio cuerpo entre ellos, arrebatándole de hecho su hijo al defensor de la patria. La reacción de éste no se hizo esperar. Le tocó entonces al niño ver a su madre salvajemente golpeada por los soldados.

Mario Carril fue, pues, víctima de trato cruel, inhumano y degradante todavía antes de que empezaran a interrogarle. Antes de empezar el interrogatorio le hicieron desnudarse completamente lo mismo que a los demás prisioneros de ese día. “¡Ahora te vamos a matar, güeón !” – le gritaron. Le pusieron una venda roja en los ojos, y de un empellón lo metieron en una fila de prisioneros igualmente desnudos a los que hacían avanzar a empujones y que se caían y con ello botaban al suelo a los demás porque todos caminaban y trataban de trotar, chocando y empujándose entre ellos con la vista vendada. Llegados hubieron al sitio destinado al interrogatorio mismo, le hicieron sentarse sobre una silla metálica que estaba mojada. Le dijeron que si mentía, cada vez que dijese una mentira sonaría una campanilla y recibiría un golpe de corriente. Luego le levantaron el borde de la venda de los ojos y le mostraron un corvo – así llaman a las cuchillas de los soldados que son incurvadas como el pico de un cuervo – y le dijeron (20)”. Todo ese diálogo era a gritos y a golpes...

Uno oye su declaración y se pregunta hasta qué grado de degeneración hay que llegar para hacerle algo así a un niño.


“Nosotros tuvimos suerte: mi hermano es solamente un detenido ejecutado y no un detenido desaparecido”

El testigo señor Víctor Faúndez Bustos relató al tribunal los hechos que llevaron a la muerte de su hermano. Santiago Faúndez Bustos acababa en 1973 su carrera como constructor civil en la Universidad Técnica del Estado y vivía en casa de sus padres. El 27 de noviembre de 1973 una patrulla militar encabezada por un capitán Ubilla, del servicio de inteligencia militar, se presentó allí y le detuvo. En el momento de la detención, su madre no se encontraba en casa y al regresar se enteró de lo ocurrido. Muy desesperada recorrió – como muchas otras personas lo hacían en esos días – todos los posibles lugares adonde se llevaba en aquel tiempo a las personas arrestadas, y tuvo la suerte de poder encontrarle en el cuartel Tucapel. Allí, al verlo, la mujer se desmayó y cuando recuperó el conocimiento estaba nuevamente en la sala de guardia. Al día siguiente, a primera hora, volvió al cuartel, a preguntar por su hijo. Los soldados le dijeron que ya le habían puesto en libertad. Pero Santiago no llegó a su casa, y por lo tanto su madre siguió buscándole día tras día y preguntando por él a cualquier cantidad de soldados y policías en todos los lugares imaginables..., hasta que finalmente un civil, un informador(21) de los militares fue a su casa y con gran reserva le contó que su hijo había muerto y que el cadáver estaba en la morgue municipal . Era cierto. Allí le encontraron. Su cuerpo tenía señales de tortura y un impacto de bala en el tórax. Después del funeral, la madre fue nuevamente a las oficinas del Fiscal Militar de Temuco, que era Podlech, a preguntarle por qué le habían matado a su hijo. Al encararle la madre de Santiago Faúndez Bustos, éste le respondió que se había tratado de un lamentable error. Hasta la fecha nadie en Chile ha respondido por ese asesinato. Como si hubiesen estado convencidos de que errare humanum est, quienes han tenido durante todos estos años en sus manos el aparato judicial no han hecho nada. No hubo juicio. La madre de la víctima vive aún. Tiene 91 años de edad.

“Su marido, señora, tiene que haberse ido con otra mujer a la Argentina”
“Los enemigos de la patria no tienen derecho a tumba”

La testigo señora Ruth Kries Saavedra que declaró el 12 de Enero de 2010, es médico pediatra de profesión y vive en Alemania. Como hiciera antes el testigo señor Víctor Faúndez Bustos, también ella llevaba sobre la solapa un medallón con la fotografía de su esposo, el Dr. Hernán Henríquez Aravena, con cuya desaparición su declaración estaba directamente relacionada.

El Dr. Hernán Henríquez era Médico Director del Hospital de Temuco y Médico Jefe de la X Zona de Salud de Chile, correspondiente a las entonces provincias de Malleco y Cautín, y como tal era una de las autoridades regionales. El 12 de septiembre de 1973 había hecho entrega de su cargo al nuevo médico director designado por la junta militar, quedando ese mismo día exonerado de su cargo. Al día siguiente un bando militar transmitido por radio le ordenaba presentarse en la Intendencia. Acató la orden, fue interrogado por un oficial de ejército y enviado de regreso a su domicilio, sin que se formulara cargos en su contra. Esa misma noche, alrededor de las cuatro de la madrugada efectivos de carabineros allanaron su casa por primera vez y le llevaron arrestado. “A la mañana siguiente empecé a buscar a mi esposo; lo hice acompañada de mi cuñado – Rodrigo Henríquez - que es abogado. Fuimos juntos a hablar con el Fiscal Podlech y éste nos prometió que enviaría a Hernán de vuelta a casa ”. El Dr. Henríquez fue interrogado por el acusado. En el intertanto, la Dra Kries tuvo que ir, ella misma, a declarar a la Fiscalía. Y estando allí, por obra de la casualidad “vi salir a mi marido sentado en la parte de atrás de una camioneta, junto a un abogado al cual le habían rapado la cabeza ”. La camioneta iba hacia la cárcel de Temuco. Por la tarde la testigo pudo visitarle allí y hablar con él. Al día siguiente permitieron al detenido volver a casa, donde habría de permanecer bajo arresto domiciliario, con prohibición absoluta de recibir visitas y con la línea telefónica cortada.

En esas condiciones pasaron los días entre el 17 y el 24 de septiembre. El Dr. Henríquez le confirmó, entonces, que quien hacía los interrogatorios era el Fiscal Podlech, y que de su mano había recibido la citación para ir a declarar el 25 de septiembre. Mientras estaba en arresto domiciliario su casa fue objeto de un segundo allanamiento, y el lunes 24 de septiembre a las 20 horas, de un tercer allanamiento. Creyeron que, habiendo sido ya allanados, podrían dormir esa noche. Pero pocas horas más tarde, “Después de medianoche se detuvo frente a la puerta una camioneta tripulada por seis individuos vestidos con uniformes de carabineros, se metieron a la casa golpeando todo con gran estrépito y lanzando gritos. Luego cogieron a mi marido y sin darle tiempo a vestirse completamente, lo arrastraron hacia afuera a viva fuerza y lo arrojaron boca abajo sobre la parte de atrás de la camioneta. Desde ese momento, no volví a verle nunca más ”.

En ese instante se le quebró la voz. En la sala se hizo un silencio impresionante. Ruth Kries pidió una corta pausa con un gesto de su mano derecha, dando a entender que continuaría su declaración. Habiéndose recuperado, continuó relatando la búsqueda desesperada de su marido, en cuyo transcurso recorrió varias veces los cuarteles de la fuerza aérea, de los carabineros, del ejército, el servicio de investigaciones (la policía civil) y el servicio de prisiones. En todas partes le negaron haberle detenido, confirmándole en cambio que, de acuerdo a los datos que tenían allí registrados, el doctor Henríquez se hallaba en su casa, bajo arresto domiciliario. En vista de estos hechos, volvió a la fiscalía militar y le preguntó directamente a Podlech por su marido, recibiendo de él esta asombrosa respuesta: “Señora, lo más probable es que su marido se haya ido a la Argentina con otra mujer”. (26)

En todos estos encuentros, el acusado actuó frente a ella y su aflicción de una manera extremadamente prepotente. El 26 de septiembre consiguió una segunda entrevista con el mismo Podlech y con el comandante del cuartel Tucapel de Temuco. Este último le contó que su esposo era quien dirigía, en la provincia de Cautín, el Plan Zeta – un plan que ahora se sabe que nunca existió en la realidad.(27)

Días más tarde, el 5 de octubre escuchó por la radio que el Dr. Hernán Henríquez había sido abatido y muerto a tiros cuando intentaba huir con un helicóptero desde la base de la fuerza aérea. Ruth Kries recurrió entonces al Fiscal Podlech solicitándole el cuerpo de su marido para darle sepultura. Por toda respuesta, Podlech le dijo que “Los enemigos de la patria no tienen derecho a tumba”.(28) Entre el 7 y el 8 de octubre permaneció detenida durante 24 horas por carabineros. En esa oportunidad le volvieron a contar que su esposo había sido el encargado de hacer cumplir el Plan Zeta en la provincia de Cautín.

El submarinos rusos, secos y húmedos

El Dr. José Venturelli Barón ejercía como médico general de zona en Nueva Imperial, una localidad de la provincia de Cautín, situada a unos 34 km de su capital, Temuco. Fue detenido casi inmediatamente después del golpe de estado. A los médicos – dijo – les pusieron bajo incomunicación en celdas individuales, pequeñas, muy estrechas y de paredes altas, iluminadas por un ventanuco situado tan arriba, que les hacía imposible mirar hacia afuera. En esas celdas no había nada. Ni muebles, ni luz, ni agua. Allí estuvo varios días. Siempre le llevaron a interrogatorio junto con el mismo grupo de personas al cuartel Tucapel donde les sometían a tortura. Durante los interrogatorios permanecían con los ojos vendados y les daban golpes y le aplicaban electricidad. Esa primera fase de incomunicación con interrogatorios y torturas duró hasta el 19 de septiembre, irónicamente el día nacional de las glorias de las fuerzas armadas de Chile. Ese día fue puesto en libre plática, bajo un trato degradante y abusivo, pero sin sesiones de tortura, y tuvo la posibilidad de ver a su familia. “Por ser médico pude ver y tratar de ayudar a muchos otros prisioneros que habían sido duramente torturados, pero mi ayuda no podía ser más precaria por que no tenía nada para tratar, como médico, a nadie. Era un espectáculo muy penoso, porque estaban muy golpeados ”.

Cuando Omar Venturelli llegó a la cárcel después de pasar su fase de incomunicación y torturas, le dijeron los otros presos que había allí otro Venturelli. Ambos habían oído antes hablar, cada cual, a varias personas, de su otro respectivo Venturelli, pero no se conocían personalmente y sabían que no provenían de la misma familia. Como estaban en libre plática pudieron hablar largamente, conversando sobre los maltratos a que habían sido sometidos. A Omar le preguntaban por José y a éste, por Omar Venturelli.

“Todo indicaba – declaró – que estaban obsesionados con Omar Venturelli, a quien caracterizaban como a un cura guerrillero, un traidor a su clase y a la iglesia ”.(30) Y muchas veces les dijeron, a él y a otros prisioneros, que “A ése(31) le va a llegar”(32) Refiriéndose a su caso personal, dijo: “A mí me colgaban la acusación de ser el encargado de recibir las armas transportadas por los submarinos rusos...” [risas en la Sala] “lo que era una acusación ridícula porque allí no es cosa de llegar, subirse en un bote y ponerse a remar para ir a buscar armas de un submarino: el Océano Pacífico no es el Mar Mediterráneo... ”(33) El testigo aseguró luego que Omar Venturelli se encontraba en una condición física correspondiente a la de una persona que ha sido víctima de tortura brutal, y que le confidenció que las amenazas de muerte se las había formulado Podlech personalmente. Interrogado después sobre el tiempo en que estuvo junto a Omar Venturelli, explica que estuvo dos días con él, que incluso compartió con él el jergón de dormir en la cárcel, que le vio con lesiones producidas por torturas, como las típicas quemaduras por corriente eléctrica, con equimosis (hematomas) en la cara, en el pecho, en la espalda y probablemente con una fractura incompleta del húmero que le producía un dolor muy intenso cuando intentaba mover el brazo. A la pregunta de si el estado en que le vio podía ser considerado como peligroso para la supervivencia, el testigo contestó que no, que le vio en una condición estable durante los dos días que compartió con él, pero que la tortura que había sufrido, de no haber sido asesinado, bien podría haber tenido después consecuencias graves, ya que a Omar Venturelli le habían aplicado el submarino seco y los submarinos húmedos. El submarino seco consiste en introducir al torturado una bolsa de material plástico en la cabeza, cuya boca se ajusta herméticamente alrededor del cuello y que se saca recién cuando la víctima está muy sofocada. Y el submarino húmedo consiste en sumergir la cabeza de la persona torturada larga y repetidamente en agua mezclada con orina y materia fecal; cuando la víctima no puede resistir más la falta de aire aspira una cierta cantidad de esa inmundicia hacia los pulmones, lo cual puede causarle gravísimas infecciones pulmonares.


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Al terminar esta entrega quisiera dejar en claro que estos textos resumen aquéllo que yo mismo he visto y oído durante el proceso, como asimismo las informaciones que he recibido de personas que merecen toda mi confianza; es un escrito personal y por ende no es imparcial. No pretende exponer el criterio de ninguna organización ni tiene por qué – ni para qué – coincidir con lo que opinen a este respecto grupos políticos u otros sectores de personas. Tampoco pretende contener, al cien por cien, los datos que hayan podido acopiar las acusaciones, la defensa u otros que han estado presenciando las vistas. Las citas de las declaraciones de testigos no son textuales porque no emanan de una grabación de sus voces, sino de la transcripción taquigráfica de sus testimonios, escrita con el mayor cuidado y empeño por reproducir con la mayor exactitud posible lo que ellos dijeron.

En la próxima entrega, haré el cambio de enfoque prometido, pasando a comentar temáticamente lo que el proceso ha ido dando de sí.

(Continuará)


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1.- Testigo señor Pablo Berchenko, Tercera audiencia del juicio contra Podlech. Roma, 09/12/2009
2.- Testigo señor Lautaro Calfuquir. Tercera audiencia del juicio contra Podlech. Roma, 09/12/2009
3.- Omar Venturelli nació en 1942, seis años antes de que entrara en vigor la actual constitución de la Reppublica Italiana (1948). Por consiguiente, su asignación a la ciudadanía italiana se regía en aquel momento por la Ley 555 de 1912 que establecía transmisión por la línea paterna, susceptible de agotarse pasada la tercera generación.
4.- Como oíamos por primera vez ese apellido, no nos quedó claro si era Jofré o Cofré. De hecho hay ...ofrés con “C” y ...ofrés con “J”.
5.- ¿Qué monos pintaba? (chil.): Manera chilena de preguntar qué hacía una persona en su lugar de trabajo, cómo justificaba su presencia en la oficina de marras.
6.- Palo blanco (chil.) : testaferro.
7.- Recordará el lector que también Pinochet fue adscrito a la demencia “subcortical” a poco de regresar de las Islas Picantes, con el propósito de justificar como fuera su deseo de preservarle de la acción de la justicia de su país.
8.- Suche (chil.): empleado de baja categoría, ordenanza
9.- Cuando los apóstoles, que le habían visto nuevamente vivo, le contaron a Tomás, el mellizo que Jesucristo habíase aparecido en el cenáculo y les había saludado con un “Paz a vosotros”, éste se negó a creerles. Pero al siguiente día volvió Jesús a visitarles y dirigiéndose a Tomás le dijo “Trae tu dedo; aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y ¡no seas incrédulo, sino creyente!” Biblia, NT, Jn 20 (19-31)
10.- “Abogado de Podlech dice que en realidad se enjuicia un período de la historia” - El Mercurio 13/02/2010
11.- “Abogado de Podlech dice que en realidad se enjuicia un período de la historia” - El Mercurio 13/02/2010
12.- Como había sugerido el testigo señor Gavilán.
13.- Testigo señor Herman Carrasco Paul. Novena audiencia del juicio contra Podlech. Roma, 18/06/2010
14.- Testigo señor Herman Carrasco Paul, op.cit.
15.- Testigo señor Herman Carrasco Paul, op.cit.
16.- Testigo señor Herman Carrasco Paul, op.cit.
17.- Paco (chil.) En España, Paco es un simple apelativo. Un modo de llamar a quienes se llaman Francisco. En Chile es el apelativo – por cierto, exento de simpatía – que se usa para mentar a los “carabineros”, que constituyen la policía uniformada.
18.- En esta aplicación, la palabra chilena güeón es un adjetivo y significa imbécil.
19.- Capar : Extirpar o inutilizar los órganos genitales. Diccionario de la Lengua Española. Real Academia Española, XXI Edición, Madrid 1992
20.- Testigo señor Mario Carril Huenumán. Cuarta audiencia del juicio contra Podlech. Roma, 11/01/2010.
21.- Informador: así llamaban en aquél tiempo a los soplones.
22.- Interrogado sobre el particular por el Juez Vicepresidente, el testigo precisó que el informador hizo esa confidencia presionado por su mujer, la cual conocía a la madre de la víctima y no pudo soportar verla tan desesperada.
23.- Testigo Dra. Ruth Kries Saavedra. Cuarta Audiencia del juicio contra Podlech. Roma 12/01/2010.
24.- Testigo Dra. Ruth Kries Saavedra, op.cit.
25.- Testigo Dra. Ruth Kries Saavedra, op.cit.
26.- Testigo Dra. Ruth Kries Saavedra. Cuarta audiencia del juicio contra Podlech. Roma, 12/01/2010.
27.- El Plan Zeta fue la patraña que se inventó la junta militar en 1973 como justificante para matar a miles de chilenos. Se dijo que el gobierno de la Unidad Popular había urdido un plan con el propósito de dar muerte a los altos mandos del ejército y a los más destacados políticos de derechas.
28.- Testigo Dra. Ruth Kries Saavedra, op.cit.
29.- Testigo Dr. José Venturelli Barón. Cuarta audiencia del juicio contra Podlech. Roma, 12/01/2010.
30.- Testigo Dr. José Venturelli Barón. Cuarta audiencia del juicio contra Podlech. Roma, 12/01/2010.
31.- A Omar Venturelli.
32.- El significado de esta amenazante chilenada (derivada, por acortamiento, de la expresiones coloquiales le va a llegar al pigüelo, le va a llegar al perno o de la todavía más vulgar le va a llegar a las huevas, que equivalen a decir que el aludido le llegará, muy pronto, la hora de morir) hubo que explicárselo a la intérprete de lengua española para que luego ella, a su vez, se lo explicase al tribunal.
33.- Testigo Dr. José Venturelli Barón. Cuarta Audiencia del juicio contra Podlech. Roma, 12/01/2010.





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