Publicada:2012-04-10

Los Viajes de Florian Manoliu

Mundo | DD.HH
Por Magdalena Arqueros Valer

Los espadachines, fueron hombres a favor de las causas integras, justas, salvar, amparar a personas en peligro, protegerlas del ultraje. Magníficos espadachines de la razón, del valor a la vida y a la existencia, tuvieron nombres de diplomáticos, hombres de negocios, de diversas nacionalidades, entre ellos, la nobleza del diplomático rumano Florian Emmanuel Teodosio Manoliu.



Por todos Florian Manoliu (segunda Guerra Mundial, zona Austro-Hungría). En sus manos, el mérito de liberar más de 4.000 vidas de judíos húngaros del Holocausto. Una persona ágil, en los movimientos y pensamientos. Amigo de los hermanos George y Josef Mandel-Mantello. Sus viajes fueron verdaderas acciones de peligro, tener al filo de la navaja, su propia vida.

No logrando saber, en que momento podía ser descubierto por la Ge.sta.po. Su astucia y ansia de poder salvar existencias estaba y prevalecía en su mente. Había estudiado derecho en Rumanía. Más tarde en París recibió su segundo título universitario en Economía. Lo que le dio la posibilidad, de ser nombrado, Consejero Económico de la Embajada de Rumanía en Suiza (1943-1944).

Tiempos en que se fortaleció su gran amistad con George y Josef Mandel-Mantello, además de José Arturo Castellanos, Carl Lutz, Joachim Dainau y tantos otros importantes. Etapa en que suiza era un fogón de desplazamientos en favor de las vidas judías, apoyar a los hermanos hebraicos. Toda esta situación secreta pero flotante en el ambiente humanitario, los unió en una heroica, justa y sabia causa, la de salvar vidas judías del exterminio, nazista.

Sus viajes eran rápidos, no programados en el tiempo, tampoco el momento se lo permitía, debido a la cautela que debían tener para llegar a lograr su objetivo final.

Uno de los viajes más significativos (Bistrice), quizás el más complejo y arriesgado, fue cuando debía consignar personalmente los documentos de la bondad (pasaporte y certificados de ciudadanía salvadoreña)a Iréne, esposa de Mandel-Mantello, al padre de ella, y demás parientes, especialmente distribuirlos a la mayor cantidad posible de judíos.

Los caminos eran difíciles, terriblemente peligrosos, la Ge.sta.po, acechaba, revisando todo y a todos. Por lo que esté viaje lo realizó como pudo en tren, automóvil y a pie, lo importante era la seguridad de poder llegar al lugar, y asignar los documentos de la bondad a los destinatarios. Una cosa especial y curiosa es que Florian usó siempre su nombre y apellido de nacimiento (solo fue traducido, por lo difícil de pronunciar la lengua rumana).

Cuando llegó a la ciudad de Bistrita (Bistrice), Transilvania, la situación era desastrosa, era ya zona judenrein, libre de judíos, solo encontró el padre de Iréne, Ignaz (Yitzchok) Berger, los demás habían sido ya deportados. Así, se desplazó por diversas regiones buscando y entregando los certificados. Una labor ardua, complicada, pero grata para su espíritu y calidad de ser humano.

Al proseguir a Budapest (vía Viena, Berlín y Bucarest) por consejo de Carl Lutz, encontró a Miklósz Krausz (Mosher), refugiado en el consulado suizo, el cual le entregó un informe de 6 páginas referente a la deportación de los judíos húngaros a Auschwitz. Krausz, le dio una copia a Manoliu, quién no hablaba bien húngaro, Mosher Krausz no sabía francés o rumano, lo que hizo difícil la comunicación oral, por lo que se prefirió escribir. Además de esta información, se incorporaron 32 páginas al documento, relatos de dos judíos eslovacos escapados de Auschwitz (Abril de 1944), ellos fueron Walter Rosenberg (nombre de batalla Rudolf Vrba) y Alfred Wetzler. Lo que se denominó posteriormente como El protocolo de Auschwitz, este fue entregado personalmente de Florian Manoliu a Mandel- Mantello en junio, quién se preocupó de difundirlo a la prensa y al clero en suiza.

El periódico Times, fue el primero que escribió sobre el genocidio judío, permitido gracias a este documento.

Después de la segunda guerra mundial, Florian Manoliu, programó su último viaje, lejano del viejo continente, su rumbo sería, Sudamérica, Argentina. Un desplazamiento pensado para toda la vida, sin peligros. Residiendo, en Buenos Aires. Luego desde 1953 se trasladó definitivamente a la ciudad de Bahía Blanca, trabajando como profesor de Economía en la Universidad de está ciudad y siendo participé de la creación del centro de Raoul Wallenberg. Anónimo en sus hazañas de la segunda guerra mundial. Ninguna persona en este país sabia de sus proezas, de haber salvado del holocausto más de 4000 personas judías (ni siquiera sus amigos más cercanos). Solo fue reconocido como un personaje cuando llegó la mención de su historia en el libro de Kranzler.

En tierra Argentina quiso olvidar el pasado, el de una Europa humana y deshumana a la vez, dejando atrás los recuerdos difíciles, para buscar la tranquilidad en su propio interior.

Su vida en Bahía Blanca no fue de riquezas materiales, sino de intelectuales y humanas, cercanas al corazón, a la razón, de aprender de los jóvenes universitarios, la fuerza de lo simple, del espíritu casi angelical de este pueblo que lo acogió.

Florian Manoliu, permaneció casi anónimo con respecto a sus amigos José Arturo Castellanos y George Mandel Mantelo, pero no significa que su valor como jinete de la vida no sea de igual o de superior mención.

Será para muchos el más romántico de los personajes, cercano al peligro latente, de inmediato, podía ser capturado como colaborador, o como espía.

Los viajes de Florian enriquecen el pensamiento de los seres humanos, especialmente de los amantes de los más altos valores, como El valor a la vida y a la existencia.

La Argentina acogió, abrió la puerta, a un noble hombre, sin preguntarle nada, así como se abre la puerta a un amigo, a uno de tú tierra. Florian nació en Rumanía, pero al pisar la fértil, roja tierra de la hermosa Argentina, se enamoró de esta nación, sin sentirse jamás forastero.

Su último viaje se detuvo en Bahía Blanca, Argentina, con una mirada hacia al Atlántico...

(B. Aires 23 de Abril de 1977).
Los Espadachines y Jinetes de la vida
pasan por nuestros senderos,
pero Florian Manoliu,
espadachín y jinete de la vida,
y
de la salvación,
de la difusión del Protocolo de Auschwitz
no pasará, quedando en la memoria,
en la historia de todos los seres humanos,
su nombre continuará escrito en la Blanca Arena
de la bella ciudad Argentina (Bahía Blanca)...



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