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Robamos secretos: Una lección magistral de propaganda


Londres | Policial
Publicada:2013-08-04
Por Agencias

Robamos secretos: Una lección magistral de propaganda
El asesinato de Julian Assange.
Acabo de ver Robamos secretos, el documental de Alex Gibney sobre WikiLeaks y Julian Assange. Si algo he aprendido es la diferencia entre la calumnia y la difamación. Gibney es demasiado listo para la calumnia y, por ello, su propaganda resulta más eficaz aún.






Jonathan Cook
CounterPunch

Traducido del ingl�s para Rebeli�n por Sinfo Fern�ndez.

Acabo de ver �Robamos secretos�, el documental de Alex Gibney sobre WikiLeaks y Julian Assange. Si algo �til he aprendido es la diferencia entre la calumnia y la difamaci�n. Gibney es demasiado listo para la calumnia y, por ello, su propaganda resulta m�s eficaz a�n.

El argumento de la pel�cula es que Assange es un ego�sta nato y que, aunque su proyecto inicial era noble, Wikileaks acab� no s�lo alimentando su vanidad sino tambi�n acentuando en �l las mismas cualidades �secretismo, capacidad de manipulaci�n, deshonestidad y ansia de poder- que tanto desprecia en las fuerzas globales a las que se enfrenta.

Esto podr�a haber dado lugar a una tesis intrigante y posiblemente veros�mil si Gibney se hubiera acercado al tema de discusi�n de forma m�s honesta y justa. Pero hay dos grandes defectos que desacreditan toda la iniciativa.

El primero es que tergiversa gravemente los hechos del caso sueco contra Assange de violaci�n y acoso sexual hasta el punto de de tener que poner en tela de juicio sus motivaciones para hacer la pel�cula.

Para apuntalar su argumento central acerca de la debilidad moral de Assange, necesita presentar un caso convincente de que esos defectos no solo pueden apreciarse en el trabajo p�blico de Assange sino tambi�n en su vida privada.

As� pues, llega a ofrecernos un relato extremadamente parcial de lo que sucedi� en Suecia, sobre todo a trav�s de los ojos de A, una de sus dos acusadoras, a la que se entrevista de forma incre�blemente enga�osa.

Gibney evita referirse a aspectos importantes del caso que habr�an provocado dudas en la mente de la audiencia acerca de A y su testimonio. Por ejemplo, no menciona que A, durante una cena, acept� las ofertas hechas por sus amigos en nombre de Assange para que el l�der de Wikileaks se hospedara en su casa despu�s de que se hubiera producido el ataque sexual del que ella le acus�.

La pel�cula hace caso omiso tambi�n de la estrecha relaci�n previa entre A y el interrogador de la polic�a y su posible conexi�n con el hecho de que la otra demandante, S, se neg� a firmar su declaraci�n policial, lo que sugiere que no cre�a que ah� estuviera recogido su punto de vista sobre lo sucedido.

Pero la prueba m�s condenatoria contra Gibney es su fijaci�n con un cond�n roto que A present� a la polic�a, aceptando de forma incuestionable su significado como prueba del asalto. La pel�cula muestra repetidamente una imagen en blanco y negro del da�ado profil�ctico.

Gibney se permite incluso elaborar una teor�a alrededor del cond�n por la que establece un importante defecto en la personalidad de Assange. Seg�n este punto de vista, Assange, prisionero de su mundo digital, quer�a engendrar beb�s de carne y hueso para dar a su vida un significado m�s concreto y permanente.

El problema es que los investigadores han admitido que no se encontr� ADN de Assange en el cond�n. De hecho, tampoco se encontr� el ADN de A en �l. El cond�n, lejos de convertir a A en una testigo m�s cre�ble, sugiere que puede haber falsificado pruebas para reforzar un caso tan d�bil que los primeros fiscales a los que se someti� el caso lo desestimaron.

No es posible en modo alguno que Gibney no conociera esas preocupaciones, muy divulgadas, sobre el cond�n. Por tanto, la pregunta que cabe hacerse es �por qu� decidi� enga�ar a la audiencia?

Sin A, el caso de la pel�cula contra Assange refiere �nicamente su lucha a trav�s de Wikileaks para publicar los secretos de los santuarios m�s secretos del estado de seguridad. Pero es ah� donde se pone de manifiesto el segundo fallo m�s importante de la pel�cula.

Gibney se muestra cuidadoso a la hora de poner sobre el tapete las cuestiones principales relativas a Assange y Wikileaks, por lo que es dif�cil acusarle de tergiversar la historia. No obstante, aparte de las acusaciones de violaci�n, su deshonestidad tiene que ver no con la ausencia de hechos y pruebas sino con d�nde pone el �nfasis.

La labor de un buen documentalista es sopesar el material de que dispone y despu�s presentar la historia todo lo honestamente que pueda. Cualquier otra cosa es, en el mejor de los casos, mera pol�mica si es que se pone del lado de los que son d�biles y han sido silenciados y, en el peor, propaganda, si se decanta del lado de quienes detentan el poder.

La pel�cula de Gibney trata a Assange como si �l y el gigante corporativo-militar de EEUU estuviera enzarzados en un simple juego del gato y el rat�n, dos jugadores tratando de ser el uno m�s astuto que el otro. Apenas se refiere a las inmensas fuerzas alineadas contra Assange y Wikileaks.

Solo aborda las acusaciones suecas para cuestionar el car�cter moral de Assange. No hace ning�n esfuerzo serio para poner de relieve los enormes recursos que el estado de seguridad estadounidense ha estado desplegando para moldear la opini�n p�blica, sobre todo a trav�s de los medios de comunicaci�n. Ignora la campa�a de odio contra Assange y el papel del asunto sueco a fin de echar m�s le�a al fuego.

Nada de todo esto resulta muy sorprendente. Si Gibney hubiera puesto de relieve los esfuerzos de Washington para demonizar a Assange, podr�a haber dado a entender a su audiencia el papel que juega Gibney apoyando esta matriz de desinformaci�n.

Es una l�stima, porque hubiera sido muy interesante exponer que alguien que adquiere el poder de vigilancia y seguridad del imperio moderno, como es el caso de EEUU, tiene que proyectar a alg�n nivel sus fallos morales.

�C�mo es posible seguir siendo transparente, abierto, honesto �incluso cuerdo- cuando cada dispositivo electr�nico que posees est� probablemente intervenido, cuando cada movimiento que haces queda registrado, cuando tus seres queridos est�n bajo amenaza, cuando las mejores mentes legales est�n tramando tu ca�da, cuando tus palabras son distorsionadas y relatadas por los medios para convertirte en un enemigo oficial?

Assange no est� solo en esta dif�cil situaci�n. Bradley Manning, la fuente de las revelaciones m�s importantes de Wikileaks, tuvo que mentir necesariamente a sus superiores en el ej�rcito y utiliz� subterfugios para conseguir los documentos secretos que nos revelaron los horrores desencadenados en nuestro nombre en Iraq y Afganist�n.

Desde que fue capturado, ha estado soportando torturas en la c�rcel y acaba de pasar por una farsa de juicio.

Otro de los grandes filtradores de la �poca, Edward Snowden, no fue m�s honesto con sus empleadores, los contratistas del estado vigilante de EEUU, mientras acumulaba m�s y m�s pruebas incriminatorias de las ilegales operaciones de espionaje emprendidas por la Agencia de Seguridad Nacional y otros. Ahora est� confinado en un aeropuerto ruso intentado escapar de un encarcelamiento permanente o de la muerte. Si logra tener �xito, como le ocurri� anteriormente al huir de Hong Kong, es posible que se deba al secretismo y al enga�o.

Este documental podr�a haber sido un estudio fascinante de los dilemas morales a que se enfrentan los informantes en la �poca del superestado vigilante. En cambio, Gibney ha escogido el camino m�s f�cil y ha hecho una pel�cula en la que se pone del lado del problema en lugar del de la soluci�n.

Jonathan Cook ha obtenido el Premio Especial de Periodismo Marta Gellhorn. Sus �ltimos libros son: Israel and the Clash of Civilisations: Iraq, Iran and the Plan to Remake the Middle East ( Pluto Press) y Disappearing Palestine: Israel�s Experiments in Human Despair ( Zed Books). Su nueva p�gina web es: www.jonathan-cook.net .

Fuente: http://www.counterpunch.org/2013/07/29/the-assassination-of-julian-assange/

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