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Chile a 40 años del golpe: Anita Correales, de la Dirección clandestina del PS


Estocolmo | Chile 42 años
Publicada:2013-09-17
Por Estocolmo.se/Marta Inostroza

La dictadura, chilena, intensificaba su asedio y el 25 de junio de 1975, miembros de la DINA detienen a ocho de los máximos integrantes de la dirección clandestina. Así, los nombres de Carlos Lorca, Ricardo Lagos Salinas, Exequiel Ponce, Michelle Peña, Sara Donoso, Carolina Wiff, Rosa Solí­s y Mireya Rodriguez forman la nómina de los detenidos desaparecidos. Anita Correales es una de las sobrevivientes de esa Dirección Nacional. Debes vivir para contar nuestra historia fue lo que se le dijo cuando recibe la autorización para abandonar Chile.




Anita Correales/foto:estocolmo.se
Inmediatamente después del golpe militar del 11 de septiembre de 1973 y que el toque de queda fuera levantado varios miembros del Comité Central del Partido Socialista reestructuran la comisión polí­tica encabezada por Exequiel Ponce. La muerte en setiembre de Arnoldo Camú y luego a comienzos de 194 de Ví­ctor Zarega, más las detenciones de Gustavo Ruz, Fidelia Herrera y Alejandro Jiliberto, deja la responsabilidad de la Dirección Nacional del PS en la clandestinidad en manos de Carlos Lorca, Exequiel Ponce y Ricardo Lagos Salinas. Así­ pese a la persecución que la dictadura desató sobre el partido de Salvador Allende, el PS logró en un largo proceso crear una estructura nacional, con organizaciones regionales a lo largo de todo el país. Reconocido es el documento que saca la Dirección clandestina en marzo del 74, en el que se hace una profunda autocrítica al rol del PS durante la Unidad Popular, las causas de la derrota y los errores cometido, al tiempo que se establecían las formas para terminar la dictadura. El documento fue, y a pesar de los riesgos que significaba ello, profusamente difundido y se convirtió en la base oficial de la estructura que tomarí­a el partido.

El documento de marzo, sin embargo, generó una tensa situación con un importante sector en el exilio y con grupos minoritarios en el interior.

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Simultáneamente la dictadura intensificaba su asedio y el 25 de junio de 1975, miembros de la DINA detienen a ocho de los máximos integrantes de la dirección clandestina. Así­, los nombres de Carlos Lorca, Ricardo Lagos Salinas, Exequiel Ponce, Michelle Peña, Sara Donoso, Carolina Wiff, Rosa Solí­s y Mireya Rodriguez forman la nómina de los detenidos desaparecidos. Anita Correales es una de las sobrevivientes de esa Dirección Nacional.

Debes vivir para contar nuestra historia fue lo que se le dijo cuando recibe la autorización para abandonar Chile. Hoy lucha contra un cáncer que le afecta desde hace un tiempo, pero ello no impide para que mantenga activa su participación política. Recientemente, fue una de las oradoras en el acto de conmemoración del 11 de setiembre realizado en Sergel Torg. Su voz no fue débil para pedir justicia con los responsables de las desapariciones de sus compañeros de lucha, de los mismos con los que ella trabajó intensamente a pesar del terror impuesto por los militares, para seguir manteniendo en pie el Partido Socialista, continuar con el legado de Salvador Allende y recuperar la democracia.

- ¿Qué recuerdos tiene del dí­a del golpe?

- Ese fue un día muy triste. Me despertaron a las cinco de la mañana para avisarme que habí­a movimiento en Valparaíso. Ese día tenía yo una tarea que cumplir y era que nosotros, al callar las radios que estaban funcionando, saldrí­amos de inmediato con una radio clandestina. Esto no se pudo cumplir porque la persona encargada no llego con la radio. Después de eso esperamos, estuvimos contactados aunque no sabí­amos que los compañeros, parte de la dirección, estaban en Indumet, donde hubo una clara oposición a los militares cuando llegaron a sacar a la gente. Entre los que defendieron Indumet había comunistas, miristas, mapucistas. Allí Miguel Enriquez estuvo luchando con los companeros y cuando tuvo y quiso salir y los compañeros socialistas le hicieron un cerco para poder sacarlo. El quiso salir para ir a juntarse con sus compañeros que estaban en las poblaciones. Allende habí­a dicho que defendiéramos los lugares de trabajo. Cuando bombardean La Moneda los compañeros quieren salir a rescatar a los que habí­an quedado en su interior. Primero se habí­a hecho un intento con Allende pero éste no quiso salir.

Yo espere todo el dí­a once. Al dí­a siguiente tampoco pudimos salir. El toque de queda recién se levanta el dí­a 13. Nosotros logramos salir y es entonces cuando los compañeros me contactan y me avisan que íbamos a constituir una dirección en la clandestinidad, cuyo principal tarea iba  a ser  trabajar para recuperar la democracia. Nosotros sabí­amos que el secretario general Carlos Altamirano estaba, como nosotros, en Chile. Lo mantuvimos tres meses escondido. Antes de Navidad, y muy a su pesar, se pudo sacar  por los Andes hacia Argentina.  Ya habí­amos perdido algunos compañeros y no tení­amos la infraestructura para seguir manteniendo-los.

- ¿Usted me decí­a que vivía cerca de La Moneda. Cómo fue el sentir el paso de los aviones de guerra y el bombardeo a La Moneda?

-Terrible. Sentir el paso de los aviones y luego el ruido ensordecedor de las bombas cayendo sobre su objetivo. Terrible, además, porque yo sabí­a que mis compañeros estaban allá­. Tenía además la preocupación de saber de Tati, la hija de Allende, con quien yo era, entonces, muy amiga y que estaba en la Moneda. Lo que yo no sabia era que ella habí­a logrado salir antes junto a Payita.

- ¿Qué se interrumpe con su vida luego del golpe?

- Todo. Toda mi vida se corta, mis, nuestros sueños se destruyen. Luego del golpe yo quedó embarazada. Así­ nació mi hija en la clandestinidad. Ojalá nunca a nadie más le pase una cosa igual. Era mi primera hija y sus primeros meses los tuvo que vivir en un asilo de niños que tenia el Ejercito de Salvación, en San Gregorio. Ella nació el 74. Los compañeros me preguntaron, entonces, si yo quería salir al exilio y yo les dije que no, les dije que teníamos que seguir trabajando para recuperar la democracia.

- ¿Cuáles cree usted que fueron las claves del éxito del golpe?

- Bueno, el golpe venía siendo planeado desde  mucho antes que Allende asumiera. El capitalismo, el imperialismo, no iba a permitir en América Latina una segunda Cuba, por lo tanto el golpe se comenzó a planificar tan pronto se supo de las posibilidades del triunfo de Salvador Allende. A ello se sumo la derecha económica que no estaba de acuerdo con lo que se estaba haciendo en el paí­s. Ellos son los causantes del desabastecimiento terrible que vivimos y que contribuyó a generar la ola de descontento. Hubo violencia organizada. Cuántas veces la derecha voló puentes, cuántos asaltos hizo echándole la culpa a la gente de izquierda. Sembraron el terror y lograron que muchas personas pensaran que el terror lo habí­a sembrado la UP. Pero el terror más siniestro fue el que sembró la derecha en Chile, el capitalismo y el imperialismo, Kissinger. Todos ellos planificaron el golpe y su anticipada preparación queda claramente demostrada cuando después se des-archivan los documentos de la CIA y se constata cómo el golpe habí­a sido ya planificado el 68. No fue ni el 70, fue el 68 cuando sabí­an que Salvador Allende podí­a llegar a ser Presidente.

- ¿A partir de su experiencia, qué es lo más importantes que rescata de ese tiempo?

- El sueño. El sueño del pueblo, de la clase trabajadora. Salvador Allende prometió las 40 medidas y ellas no fueron menores. Muchos gobiernos han pasado con la democracia, pero, ninguno, ninguno ha hecho lo que Allende hizo en tres años. Allende prometio la nacionalización del cobre y el cobre fue nacionalizado. Allende prometió el medio litro de leche y eso se dio el mismo dí­a que  asume el poder. Se prometio la Estatización de la banca y se hizo, el trabajo, las industrias intervenidas por sus trabajadores. Y eso le dolió mucho a la derecha. A lo mejor fue muy precipitado, a lo mejor, pero el pueblo necesitaba trabajar. Allende le dio al pueblo lo que se Merecí­a.

- ¿Cuales fueron las consecuencias inmediatas que tuvo el golpe para usted?

El no poder seguir viviendo una vida como la que podí­a haber vivido. Con el golpe, primero, quedé sin trabajo, era profesora de castellano. No pude seguir ejerciendo y tuve que pasar a la clandestinidad. Pasé a ser una persona anónima, empleando muchos nombres, porque no tenía identificación. Y después salir forzada de mi patria. Me aplicaron el decreto 504, no podí­a salir por la ví­a legal y cuando mis compañeros de la directiva se dan cuenta, el 75, que ya no tení­amos nada que hacer, me dice Carlos Lorca con Ricardo Lagos Salinas, alguien tiene que vivir para contar nuestra historia. A Ricarlo Lagos Salinas le habí­an asesinado a toda su familia. Su padre era el alcalde de Chillán, su hermano que estaba de visita en Chile fue asesinado en Chillan, la pareja de su padre también fue asesinada. Fui a buscarlo a la estación central el 15 de septiembre. Ricardo, habí­a viajado a Chillán, a ver si podí­a participar del duelo de sus padres. Yo le cuento que la Dirección dice que podí­a salir. Ricardo me contesta, no yo no voy a salir. Me quedare a pedir justicia Y eso es lo que digo yo hoy, justicia ahora, justicia, solamente justicia.

- ¿El exilio?

- El exilio la verdad, ha sido muy doloroso. Yo no me puedo quejar, porque he podido trabajar, dos hijos nacieron en Suecia. Nacieron en libertad, pero no es mi paí­s. Y queramos-lo o no, todos hemos sufrido discriminación. Nuestros hijos han sido discriminados porque no son suecos y nunca lo podrán ser. El dí­a que me autorizaron volver a Chile, yo salí­ en las ultimas listas de los que podí­an regresar, volví. Volví­ con mis hijos y me quede desde el 90 hasta hace muy poco en Chile con el único interés de luchar por saber la verdad y pedir justicia. No hay perdón si no hay justicia primero. No podemos perdonar si no sabemos quienes fueron los asesinos de nuestros compañeros. El 7 de abril de este año fui a declarar y declaré porque, hace 22 años yo habí­a puesto una querella contra Pinochet y recién me citaron. Fui a declarar pidiendo justicia. Saber lo que sucediá con nuestros compañeros, aquellos que, fueron asesinados y lanzados al mar. Pero quiénes fueron?. El ministro de la Corte dice que hay algunos procesados, pero, cuáles son?  Contreras?...Si ya tiene más de 300 años de cárcel y yo me pregunto, dónde están los civiles que participaron y que sabemos que hoy son diputados de RN o de la UDI. Ellos están identificados, se han entregado los nombres y nada se hace.

- ¿Nos puede decir cuales son sus reflexiones al cumplirse 40 años desde el golpe militar?

- Mi reflexión es que nunca más podrá suceder una cosa igual en Chile por las nuevas generaciones. El nunca más y el luchar para mejorar la democracia, pedir y exigir justicia. Eso es lo que se necesita para poder vivir en paz. Mientras no haya justicia no habrá olvido ni tampoco perdón y tampoco habrá la paz que necesitamos.

- ¿En Chile se habla de los que se fueron y los que se quedaron o del exilio dorado en el caso de los que se quedaron en Suecia. ¿Qué piensa de ello?

- Cuando volví­ el año 90 una compañera me dijo, bueno los que se fueron, porque nosotros nos quedamos. Yo le pregunté…y a qué se quedaron? Porque yo recuerdo en los años de mi clandestinidad golpeé muchas puertas y muchas puertas fueron cerradas. Por qué cayeron nuestros compañeros?, porque no tení­amos una infraestructura, no tení­amos donde vivir. Yo viví­ en la Legua, viví­ en San Gregorio. La gente más humilde me dio alojamiento y cuido de mi hija. Mi hija fue a un hogar y no hubo ninguna de estas personas que se quedaron que se ofreciera a cuidar a mi hija. De qué están hablando?. El exilio dorado?...Cuál es el exilio dorado? cuántos jóvenes han muerto fuera de Chile, cuántos jóvenes fueron y serán discriminados...de que exilio dorado se está hablando.

- ¿Durante estos 40 años cuál es la pregunta que se ha hecho y que aún no tiene respuesta?

- por qué, por qué sucedió esto. Por qué los que pudieron haber llegado a un acuerdo y voy a recordar una cosa: Recuerdo que Allende después del 29 de junio tuvo una comida con el cardenal Raúl Silva. A esa comida se habí­a invitado a miembros del parlamento, entre ellos al ex presidente Patricio Alwyn con el propósito de llegar a un acuerdo para evitar que el golpe militar sucediera. Se sabí­a claramente que después de la intentona golpista del 27 de julio, el golpe venia y que no era una travesura. Salvador Allende llamo a dos connotados democristianos a ser parte del Gobierno, y los dos aceptaron pero, la dirección del partido no les dio la autorización. Ellos fueron Fernando Castillo Velasco y Domingo Santa Marí­a. El dí­a después de la comida llamé a La Moneda porque tení­a que entregar un recado a la hija de Allende y ella me cuenta que está muy triste porque no habí­a habido acuerdo. Allende buscó todos los acuerdos posibles y todo le fue negado. Por lo tanto, pienso que aquella gente que se negó a cooperar y así­ evitar el golpe, debiera hacerse ahora un examen de conciencia, porque ellos son muy cristianos.

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