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Chile a 40 años del golpe: Marta Inostroza, El golpe impuso la censura y término con la libertad.


Estocolmo | Chile 42 años
Publicada:2013-09-28
Por Estocolmo.se/Marta Inostroza

La censura, la falta de libertad de prensa se instala con el golpe militar de 1973. Los periódicos y radios que pertenecí­an o eran simpatizantes del Gobierno de Salvador Allende son intervenidos y confiscados sus bienes. El resto de los medios debe someterse a una rigurosa censura por parte de los organismos del estado. El día 11 Allende se dirige al país, primero, a través de Radio Corporación que pertenecí­a al Partido Socialista y por lo tanto era de alguna manera la radio oficial del Gobierno, y luego a través de Radio Magallanes, de propiedad del Partido Comunista.



Marta Inostroza con Ricardo Lagos y entrevistando a Andrés Saldivar.
Fue en esta última que Salvador Allende pudo decir sus últimas palabras, palabras que han sido recogidas por la historia y que en estos días en que se recuerdan los 40 años del golpe, suenan con más fuerza que nunca. Marta Inostroza, trabajó hasta el último momento en Radio Corporación. Militante del MAPU, habí­a llegado a ella a comienzos del 71. En mayo de ese año se le encomienda la tarea de cubrir noticiosamente La Moneda. El 10 de septiembre hizo su último despacho, el 11 pasó a la clandestinidad y de allí al exilio, primero Perú y luego Suecia, adonde llega en 1978.

Quizás esta sea la última oportunidad que tenga para dirigirme a ustedes. La Fach ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación, así­ en este su último discurso Salvador Allende relató los ataques que estaban sufriendo las radios ligadas a su Gobierno. El asedio a las radioemisoras habí­a comenzado temprano en la mañana, atacando primeramente las plantas de transmisión para luego ocupar los lugares de emisión. Allende logra emitir, en la mañana del 11, los primeros comunicados a traves de Radio Corporación. Pero la intervención de fuerzas militares la dejan en silencio. Sin embargo, a través de un pequeño transmisor de FM, situado en la azotea del edificio de Morandé 25, en la entrada del pasaje Antonio Varas y al frente de La Moneda, el encargado polí­tico y senador Eric Schnake, logra hacer posteriores llamados a los trabajadores a ocupar sus centros de trabajo y hacer frente a los golpistas. A las pocas horas fueron descubiertos y con Eric Schnake al frente todos fueron detenidos. Más tarde Radio Corporación se convirtió en Radio Nacional, la voz oficial del regimen militar.

Marta Inostroza, periodista, habí­a llegado a la radio en los momentos más acuciantes, después de haber trabajado en la campaña comunicacional que logró la victoria de Guillermo Garreton, entonces secretario general del MAPU, en las elecciones a diputado por la provincia de Concepción. Hasta el momento del golpe trabajó en el departamento de prensa y estaba destinada a cubrir los acontecimientos noticiosos de La Moneda. Desde un teléfono directo ubicado en la sala de prensa, llamada La Copucha, Marta Inostroza transmitía en distintos horarios todo lo que sucedí­a en el Gobierno de Salvador Allende o formaba parte del grupo de periodista que acompañaba al presidente en visitas y recorridos fuera de la casa presidencial.

¿Qué recuerdos tienes del dí­a del golpe?
Mis recuerdos parten del día anterior, el dí­a 10 de septiembre. En ese entonces estaba yo trabajando en Radio Corporación, la Radio del Partido Socialista y por ende la voz oficial del Gobierno Popular. Desde mayo del 73, había pasado a cubrir La Moneda. Eso significaba que estaba estacionada en lo que los periodistas llamábamos La Copucha, y mi misión era informar sobre todo lo que acontecí­a en la Presidencia. Acompañé a Salvador Allende en todos sus recorridos últimos y fui testigo cómo se luchaba con los enemigos externos e internos. La derecha trabajaba incansablemente para intensificar la campaña del terror, produciendo desabastecimiento, haciendo estallar bombas, bloqueando los caminos, alentando y financiando el paro de los camioneros. En fin, era un clima caótico y desperanzador. Simultáneamente Allende trataba de fortalecer su Gobierno, y es así que en uno de los últimos intentos llama a la Democracia Cristiana a ser parte de él. Sin embargo, la DC le da vuelta la espalda y más aún, apoya y favorece los proyectos golpistas. Tampoco Allende logra el apoyo de los países amigos. Recuerdo que el día lunes de esa semana del golpe, regresó Clodomiro Almeyda, en ese momento ministro de Relaciones Exteriores, de una gira por los países del este. Lo veo entrando por la puerta principal de La Moneda, con los hombros caídos y una mirada de desaliento. No había logrado ningún apoyo. En la radio, desde la fracasada intentona de golpe del 29 de junio, se viví­a en medio de especulaciones y llamados de oyentes que alertaban de movilizaciones en los recintos militares.
Era un compromiso real que se manifestaba en el trabajo hacia la comunidad y en la permanente preparación que uno tenía. Los fines de semana se dedicaban a la alfabetización, a la preparación personal, a mejorar lo que se estaba construyendo. Los tiempos libres eran para el partido.
Ese día 10 de septiembre desde horas tempranas de la tarde comenzamos a recibir llamadas similares. Yo me quedé hasta pasada la medianoche, y los informes que hablaban de movimientos de tropas se habí­an intensificado. El movil de la radio me fue a dejar a casa, y bromeando me despedí­ del chófer como si no nos fuésemos a ver más. Quién iba a pensar que así iba a suceder?. A la mañana siguiente me levanto un poco tarde y en toda la premura no escucho radio. Recién me entero que algo pasaba cuando llego a tomar la micro. Camino al centro de Santiago, vi cómo por la Panamericana Sur, y desde San Bernardo venía una columna de camiones y tanques de guerra. Mi primer intento fue llegar a la radio, que estaba ubicada justo al frente del costado de La Moneda por Morandé. La micro en que venía la detienen en Avenida Matta, y hasta allá­ llegó mi recorrido. Avancé cuanto pude hacia el centro de Santiago. Pronto me di cuenta que el llegar a la radio era una locura y desvío mis pasos hacia la sede del partido que quedaba al costado del Cerro Santa Lucí­a. Tampoco ello me fue posible. Finalmente terminé en casa de una colega, amiga y compañera de partido que vivía sólo a un par de cuadras de la sede Santa Lucía, cruzando la Alameda. Y allá me quedé, junto a otras compañeras y amigas que tampoco pudieron ingresar al partido. Juntas vivimos esas horas de horror, incomunicadas, sin saber qué hacer ni qué habí­a sucedido con nuestros amigos y compañeros. Con el corazón acongojado sentimos el paso raudo de los aviones de guerra y luego el ruido ensordecedor de las bombas cayendo sobre el palacio presidencial. Abrazadas, enmudecimos y las lágrimas se deslizaron por nuestras mejillas. En ese momento, sentimos que todo había concluí­do alli. Más tarde ello nos fue confirmado por los bandos oficiales que vimos en la televisión de una vencina anciana de mi amiga. Ella era pinochetista, es más, su hijo comandaba una de las unidades que atacó La Moneda. Era terrible callar ante ella y oir sus risas y comentarios. Pero, a nosotras nos motivaba más el deseo de saber lo que había sucedido que el escucharla.

Marta Inostroza entrevista a Andrés Saldivar, Santiago ChileAllí­ permanecí hasta que se levantó el toque de queda, dos días más tarde. Me fui en el primer bus que encontré a Concepción donde estaban mi hija y mi compañero y desde allí­ a la clandestinidad hasta que en enero del 74 salimos a Perú. En este paí­s permanecimos cerca de cinco años hasta que nos expulsan en julio del 78. Nuevamente el exilio, así­ llegué a Suecia.

¿Qué se interrumpe en tu vida con ese hecho?
Todo. Nada vuelve a ser igual. Se interrumpen mis sueños de luchar por una sociedad más justa y libre. Se interrumpe el trabajo compartido con tantos, la vida solidaria y entusiasta. Se interrumpe la enorme necesidad de aprender y ser parte de. Se interrumpe la normalidad de mi vida y paso en lo inmediato a ser una fugitiva, que despertaba en casas que no conocía o que no sabí­a adonde dormiría la noche siguiente. Se cortó la relación con mi familia y con mis amigos. Nada de lo que había tenido valor hasta ese momento existí­a más. Yo sabía que en Concepción se me tení­a como activista del MIR en la toma de terrenos y mi compañero tení­a dos juicios interpuesto por la Armada por calumnia y difamación. Por lo tanto nos sentíamos peligrosos para los demás.

¿Cual crees que fue la clave del éxito del golpe?
- Muchos factores. Pero sin duda el más importante la alianza de la derecha con el imperialismo. Los militares fueron el instrumento usado para proteger los intereses económicos tanto del capital nacional como de las transnacionales. Esto fue lo que permitió el financiamiento de la campaña del terror que hizo que gran parte de la población, sobre todo las capas medias y altas, se pusieran en un primer momento al lado de los golpistas. Por el otro estuvieron nuestras propias debilidades y falencias. Habí­a mucho entusiasmo, compromiso y entrega, pero nos faltó, creo yo, muchas más cabezas pensantes. Se sumaba a ello las disputas internas dentro de la Unidad Popular. Partidos, como el Mapu, por ejemplo, estaban distraídos en sus propias luchas internas de poder antes de estar plenamente comprometidos con el proceso. Y no menos importante fue también la falta de apoyo de los países hermanos, que no creyeron en este único proyecto de construir una sociedad socialista por la vía democrática.


Marta Inostroza con Ricardo lagos, Santiago Chile¿A partir de tu experiencia cuales son las cosas más importantes que rescatas de ese tiempo?
- El nivel de compromiso que uno tení­a con lo que estaba sucediendo en el paí­s. Era un compromiso real que se manifestaba en el trabajo hacia la comunidad y en la permanente preparación que uno tenía. Los fines de semana se dedicaban a la alfabetización, a la preparación personal, a mejorar lo que se estaba construyendo. Los tiempos libres eran para el partido. Yo pertenecí­a al Grupo de Acción Popular (Gap) de periodistas del MAPU, por lo tanto nuestra tarea central era asesorar a la dirección del partido en todo lo que era la comunicación, organización y planificación de eventos, campañas políticas. Pero creo que lo más importante era el sueño compartido por toda una sociedad. Una no estaba sola sino que se sentí­a parte de un todo, junto a otros, construyendo por un futuro en común. La alegría, la esperanza que existí­a entre los más necesitados. Llegar a un campamento, llegar a una población era encontrarse con el calor humano y con la fuerza decidida de hombres y mujeres de luchar por el futuro común. Eso nunca más lo he vuelto a sentir.

¿Qué consecuencias inmediatas tuvo el golpe para ti?
- Primero la clandestinidad y luego el exilio. El exilio lo vivÃí en Perú. Fueron tiempos difí­ciles donde seguí­amos sin entender lo que habí­a sucedido y sin saber cuánto tiempo durarí­a este destierro obligado. Es cierto que habí­a un lenguaje común y que de alguna manera me incorporé a la vida cotidiana del país. Trabajé como periodista en distintos medios, con muchas dificultades porque los chilenos no erámos bien vistos por el grueso de la población. Sí­ existí­a la solidaridad entre sectores más politizados que sabían perfectamente el por qué habíamos llegado hasta allá. Pero, sabí­amos que habí­a el deseo de librarse de todos los chilenos en vísperas de que se cumpliese el centenario de la Batalla del Pací­fico. Se nos veía desde la seguridad interna del país como potenciales enemigos. A mí­ primero se me despidió con decreto presidencial del Diario La Crónica, que en ese momento pertenecí­a al sistema de comunicaciones del Gobierno. Luego ya no pude trabajar con mi nombre en ninguno de los diarios que habí­an sido expropiados durante el gobierno de Juan Velasco Alvarado. Este general, que en 1968 tras un golpe de Estado había llegado al poder, implantó en el paí­s una serie de reformas nacionalistas. Entre ellas, la expropiacion de todos los diarios que fueron entregados a las fuerzas vivas del paí­s. Por ejemplo, El Comercio, el diario tradicional y conservador como El Mercurio en Chile, fue entregado a los sectores de Educación. Pero, en 1975 otro general, Francisco Morales Bermúdez que asumió luego de la precipitada caí­a del gobierno de Velasco se dedicó a desmantelar todas las reformas y se entregó totalmente a los requerimientos del FMI. Fue entonces cuando comenzó el asedio a los chilenos que habí­a buscado refugio en este vecino paí­s. Para mí­ culminó cuando en junio del 1978 recibí­ una orden de expulsión, bajo la amenaza que si no la cumplía dentro del plazo de 30 días, sería dejada en la frontera con Chile. Hasta ese entonces habí­amos vivido (yo y mi familia) en una constante inseguridad. No sólo no me fue posible trabajar en ningún diario con mi propio nombre sino que además no me podía desplazar libremente porque siempre sentí­a sobre mí­ el control de la policí­a. Fue así­, y gracias a la ayuda de la Organización Mundial de Iglesias que llegué a Suecia a fines de ese mismo mes de junio. Ese fue mi primer exilio en Perú, lleno de incertidumbres, miedos y angustias. Sin embargo rescato el cariño inmenso de la familia y de los nuevos solidarios amigos que me mostraron un país distinto al de la represión o la actitud antichilena. Me enseñaron una cultura infinita, llena de matices, colores y sabores. Y fue también en Perú donde inicié mis primeros lazos con Suecia de la mano de los voluntarios suecos que trabajaban en distintos proyectos de cooperación. En la Iglesia sueca disfruté por primera vez de los bollos de canela o de las albóndigas de carne. Fue esta relación la que posibilitó mi llegada a Suecia. Ya este segundo exilio fue distinto. A pesar que aún viví­a bajo la eterna pregunta del cuándo volver, mi cí­rculo de amistades suecas y mis compañeros de partido hicieron que toda mi entrada a este nuevo país fuera tranquilo y lleno de experiencias ricas. A los dos años de haber llegado comencé a trabajar en Sveriges Radio, en lo que era mi profesión. Viajé por Europa, Latinoamerica y Africa, entrevistando y encontrandome con lí­deres mundial, me transformé en un canal de información para la colonia hispanohablante. En esta seguridad y tranquililidad pude desarrollarme y crecer como ser humano. No puedo decir que ha sido positivo, porque ningún exilio lo es en tanto se obliga a cortar de raí­ces con el entorno, con la familia, con lo que es uno. Pero, en mi caso el exilio ha hecho de mi una persona más tolerante, más respetuosa y más rica, en termino de haber sumado a mi cultura decenas de otras culturas con la que me ha tocado convivir.

¿Qué reflexiones haces a los 40 años del golpe militar?
- Dificil es entender a Chile con sus dos rostros. Uno el rostro del éxito, que muestra cifras azules en muchos aspectos, que hacen que el mundo nos vea como el ejemplo latinoamericano a seguir. El Chile de los malls para todos los gustos y clases sociales, de los barrios sofisticados como Sanhattan, centro de la inversión y que habla del poder económico. En fin, es el Chile que uno disfruta cuando va de visita y que se refleja en postales y fotos para enviar a los amigos y conocidos. Pero, está el otro Chile, aquel que no se muestra mucho, salvo para hablar de los actos delictivos. Es el Chile de los ciudanos ahogados en deudas, en la desesperación y en el miedo ante el futuro. Familias que hipotecan viviendas para saldar deudas cuando un ser querido se enferma o para que un hijo, el primero de la familia, vaya a la universidad, termine una carrera y después no tenga trabajo. En lo primero la persona fallece y la familia se queda con deudas de millones, en lo segundo tambien quedan deudas millonarias, de un hijo que tiene que hacer cualquier cosa para ganarse la vida. Ese es el Chile de la segregación, del elitismo de los ciudadanos de primera y segunda clase. Y a estas alturas me pregunto cómo no fue posible durante los 20 años de gobierno de la Concertación poder hacer cambios que alteraran esta situación, de hacer que la educación no siga siendo un bien de lucro, sino un derecho legíimo de todos?. Cómo no fue posible cambiar la salud publica y hacerla más humana y mejor? Pienso, por ultimo, cómo no ha sido posible hasta ahora saber la verdad de lo que sucedió?, Por qué los que violaron sistemáticamente los derechos humanos, están libres o en recintos penitenciarios que más parecen hoteles cinco estrellas que cárceles? Cuándo las victimas y familiares de detenidos y desaparecidos tendrán la justicia que se merecen?. Son muchas las reflexiones que uno se hace en estos días por quierer tener un paí­s más justo e igualitario.

¿En Chile se hablaba “de los que se fueron y de los que se quedaron o del exilio dorado en el caso de los que se quedaron en Suecia. Qué piensas de ello.
- Yo creo que a nivel paí­s no ha habido una reflexión sobre el exilio, una reflexión profunda que haga entender lo que significó en conjunto y para cada uno de los afectados el tener que,violenta y obligadamente con su país y que hizo de gran parte de nosotros seres desarraigados, divididos y cersenados en su legí­timo derecho de vivir en la tierra en que nació. En los cá­rculos que yo me muevo nunca nadie me lo dijo abiertamente, pero siempre estuvo ello presente, en momentos, cuando se conversaba la situación interna de Chile, se me negaba autoridad a opinar, como quitando el derecho a poder decir algo sobre el paí­s. O el hablar de ustedes, los viven allí, para también establecer diferencias. Pero, al fin uno aprende a vivir con ello, porque siento que es parte de este Chile que aun sigue estando dividido.

¿Durante estas cuatro décadas cuál es la pregunta que te has hecho y que no tiene respuesta.
- Verdaderamente son dos. Una, la que me lleva siempre a preguntarme qué es lo que habrí­a pasado si yo nunca hubiese salido? Y la segunda, cómo una dictadura pudo haber tenido tanto éxito de seguir estando tan fuertemente presente a pesar de haber transcurrido 23 años que ya no está?

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