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Despues de Paris: El incierto futuro generaliza el miedo

Europa | Actualidad
Publicada:2015-11-17
Por Marta Inostroza

El viernes pasado el mundo quedó horrorizado ante los ataques simúltaneos sucedidos en distintos puntos de Paris. La tranquila tarde de los parisinos se vio abruptamente interrumpida por las bombas y tiroteos que sucedieron casi simultáneamente en las afueras del estadio donde se disputaba un partido amistoso entre Francia y Alemania



El viernes pasado el mundo quedó horrorizado ante los ataques simúltaneos sucedidos en distintos puntos de Paris. La tranquila tarde de los parisinos se vio abruptamente interrumpida por las bombas y tiroteos que sucedieron casi simultáneamente en las afueras del estadio donde se disputaba e disputaba un partido amistoso entre Francia y Alemania, en restaurantes y en una sala de conciertos, Bataclan, donde justo esa tarde actuaba un grupo de rock metálico. En este último lugar murieron más de 100 personas y otras tantas quedaron gravemente heridas. Todas ellas abatidas por el fuego de ametralletas disparadas sin compasión por los fanáticos miembros del Estado Islámico.

Lo acontecido en la noche más negra del 13 de noviembre, en el corazón mismo de la capital francesa no es un hecho aislado del islamismo extremo en contra de los “herejes del mundo occidental, que violan los preceptos más elementales del Coran y Ala”,  sino que tras de ello se esconde un pasado de larga data. Un pasado que hay que tomar en cuenta para entender cómo se llega a este estado de desquiciamiento colectivo y qué consecuencias colaterales tendrá para el clima actual en occidente, enrarecido, en parte, por la presencia de miles de perseguidos que provienen de la region de donde el terror tiene su germen.

Estas dos reflexiones son importantes para entender el grado de responsabilidad que occidente tiene en lo que el mundo se ha convertido hoy. Sé que cuando se trata de vidas humanas no es bueno entrar en comparaciones. Pero los miles de muertos que se suman en Siria, Irak,el Líbano, Palestina, solo por citar algunos de los puntos más álgidos de los conflictos hoy, son desde hace tiempo mirados sólo desde la lejanía sin que la comunidad internacional se haga cargo para evitar tanta muerte, tanto destierro innecesario.

Pero hay una cuestión que no se puede dejar pasar y es la responsabilidad de Estados Unidos (no de su pueblo) en la germinación del extremismo islamico. O ya se olvido que Osama Bin Laden fue entrenado por la CIA, durante los tiempos de la ocupación sovietica de Afganistán. Pero no fue solo Bin Laden, fueron otros jóvenes árabes que constituyeron más tarde los grupos llamados  “freedom fighters” los mujaidines que combatían a las tropas soviéticas. Toda una estrategia encubierta y amparada desde la Casa Blanca. Pero los alumnos de rebelaron y se volvieron en contra de sus profesores. Surge desde allí la franja más radical del islamismo, los talibanes y Alqaheda. Estados Unidos y el mundo se remece con el atentado   a las torres generales. Bin Laden y los suyos asumen su autoría. Es cuando el entonces presidente, George Busch tuvo los argumentos necesarios para invadir a Iran supuestamente en busca del heroe de ayer que se había convertido en el peor enemigo.Pero no sólo era la cacería de Bin Laden lo que interesaba. Junto a las fuerzas militares norteamericanas llegaron los ricos empresarios del petroleo que pasaron a ocupar la administración de los pozos que antes habían sido del gobierno de Sadam Hussein. Bin Laden muere, años más tarde en una encerrona en Pakistán, pero ya la semilla estaba sembrada. Al tiempo después las tropas estadounidenses se retiran del territorio iraki dejando tras si a un país desmembrado, empobrecido y lo que es peor sin recursos para defenderse del creciente ejercito islámico.

LA ATRACCIÓN FATAL DE SIRIA
Pero Estados Unidos no abandona totalmente la región, que entre paréntesis ha sido una zona de conflicto desde el nacimiento de la civilización. Su ubicación geográfica estratégica, punto de unión de occidente y oriente,  por un lado y por el otro su incalculable riqueza de petroleo y gas natural, la señalan como el lugar que muchos desean tener bajo su control. Por eso que cuando el gobierno de Bashar Al-Asad (gobierno que cuenta con apoyo de Rusia, Iran y China) comienza a repeler con violencia a la oposición integrada por distintos grupos sunitas (que componen más del 70% de la población) Estados Unidos y sus aliados (Francia, Gran Bretaña, Turquia y Arabia Saudí) deciden entregar su ayuda a los rebeldes. Pero no contaron que también estaban los hermanos musulmanes, o mejor dicho los yihadistas o islamistas radicales que rapidamente ganan terreno y toman control sobre ciudades claves sirias.Y de ello bien enterado estaba Estados Unidos, que, entonces, prefirió no solo mirar para el lado sino en forma deliberada permitir que ello sucediese. De esta manera se colocaba en jaque al gobierno de Al-Asad. Algo similar a lo que años antes habían probado en Afganistan, con la diferencia que ya el fanatismo estaba engendrado y ello no hizo más que permitir el crecimiento y fortalecimiento del Estado Islámico.  Así el pueblo sirio queda encerrado entre la represión del regimen del Gobierno y el terror islámico. Es cuando se comienza a producir el éxodo de decenas de miles de personas, hombres, mujeres, niños, ancianos que hoy se agolpan en las fronteras de los países de occidente.

Nada, nada justifica los atentados en París,o la pérdida de tantas vidas inocentes y alejadas del juego sucio de la política internacional, pero se debe exigir que los países y sus conducciones políticas que, por malas decisiones. han sido parte de la génesis de lo que se vive hoy. asuman la responsabilidad que les cabe y se logre el consenso político necesario, para unidos detener el avance de los pertenecientes al Estado Islámico.Ello antes que se tengan que lamentar nuevas tragedias como la ocurrida en Paris, o el pueblo sirio siga siendo obligado a abandonar su país para salvaguardar su vida.

LO QUE VIENE AHORA
Esto es el antes, pero el después puede resultar aún mas complicado. No cabe la menor duda que los atentados entregan argumentos en bandeja a los grupos de extrema derecha para su expansión. Ya se comienza a decir que entre los refugiados sirios, que por decenas de miles de agolpan en las fronteras de Europa, vienen camuflados los terroristas. El incendio de un local con refugiados sirios en Caláis, la misma noche de los atentados, es una clara muestra de quienes sufrirán las consecuencias. En la tranquila Suecia, en estas últimas semanas se han incendiado cerca de una veintena de locales que estaban siendo habilitados para recibir a los refugiados. Si a ello se suman los ataques físicos a los refugiados, la campaña orquestada de la extrema derecha para hacer que el pueblo sueco vaya a una consulta popular para parar la llegada de refugiados, genera una creciente preocupación de lo que sucederá ahora.

De otro lado, las acciones militares emprendidas casi en forma inmediata por Francia en contra de las posiciones de los yihadistas en la parte suroriental de Siria (en las que se desconoce la cantidad de civiles que han muerto) poco ayudan en la lucha en contra de los fanáticos islámicos. Más aún, con ello, por un lado se genera el riesgo de que se instale la idea de que el enemigo es el mundo árabe, independientemente sean sunitas o chiitas lo que puede conducir a una peligrosa polarización del conflicto.  Por el otro una intensificación  de la ofensiva militar simplemente como represalia y sin un plan definido tras de ella, hará aumentar el numero de jovenes dispuestos a inmolarse para transformarse en heroes. Es la manera de muchos de ellos de encontrar un objetivo de vida fuera de los suburbios, los ghetos a los que han sido condenados por los países europeos que acogieron en algún momento a sus padres. Jovenes de segunda y tercera generación, desempleados, marginados, sin educación sumidos en problemas de identidad, ven en el Califato la venganza a su estado y la dignidad que exigen. Poco se sabe que se estima que el 50% de los nuevos reclutados provienen del extranjero, entre ellos de Suecia.

Por eso que no hay que perder el norte. Condenar los atentados, el terrorismo, las muertes inútiles sucedan donde sucedan. Abrir el diálogo político, aunar fuerzas para atacar al terrorismo y sus propulsores, se escondan donde se escondan, generar un concenso entre las naciones que ayuden a poner termino a los conflictos que oscurecen el horizonte y que son caldo de cultivo de los extremistas. Pero al mismo tiempo hay que fortalecer la solidaridad, la generosidad y el apoyo a los pueblos que hoy estan sometidos, agredidos y atemorizados, ocurra ello donde sea. 


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