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Libertad para quién? para quiénes?

Suecia | Opinión
Publicada:2016-06-27
Por Enrique Duran

LIBERTAD PARA QUIÉN? PARA QUIÉNES? ( A propósito – o despropósito – de conversaciones y reuniones que se realizan en torno a una Nueva Constitución para Chile. ) ***** El concepto ”libertad” designa la facultad que le permite al ser humano decidir, llevar a cabo una determinada acción o no. El ser humano elige, decide sobre sus actos y ésto lo hace libre.



LIBERTAD PARA QUIÉN? PARA QUIÉNES? ( A propósito – o despropósito – de conversaciones y reuniones que se realizan en torno a una Nueva Constitución para Chile. ) ***** El concepto ”libertad” designa la facultad que le permite al ser humano decidir, llevar a cabo una determinada acción o no. El ser humano elige, decide sobre sus actos y ésto lo hace libre. Pero, al mismo tiempo, responsable por todo lo que hace. No existe libertad sin responsabilidad. Y ésto es así, porque el hombre no es un ente aislado, separado. El ser humano es un ser social. Depende de los otros para poder realizar su libertad. Es la contradicción entre existir y ser. Para resumir, se puede decir que libertad es la capacidad del ser humano de decidir su destino. Es la capacidad y la posibilidad de elección ante actos, decisiones y qué hacer con su vida. Esto se opone, naturalmente, a conceptos tales como esclavitud. Sujección. Opresión. Y podemos agregar, la “venta de trabajo”, que la mayoría de los seres humanos tienen que hacer obligadamente para subsistir.

Y es en este sentido que el concepto de Marx sigue siendo vigente. Es decir, las relaciones sociales, el modo de producción en que este ser humano nace y está inserto es lo que determina, modifica o anula el grado de libertad que posee realmente. Para decirlo en otras palabras : ¿Es libre el niño mexicano o bengalí o mapuche que nace sin alcance a la propiedad de su tierra porque se la han robado?

Sigue siendo interesante el planteamiento de Proudhon, pensador socialista y anarquista: “La propiedad es un robo”. Es decir, la propiedad privada de la tierra, de los medios de producción limita y ahoga la libertad de todos aquellos a quienes les han sido expropia-dos, precisamente, la tierra y los medios de producción. Esa gente, es decir, la gran mayoría de los habitantes del planeta, tendrán que vivir ofreciéndose como Mercancía. Y lo que ofrecen es su capacidad, su fuerza de trabajo en el Mercado laboral. Su libertad es alienada, robada, expropiada, dado que lo que producen no les pertenece. Pertenece al patrón, el que se ha apropiado de los medios de producción y de la tierra, al esclavista, a la Esso, a la Volvo, a la Shell, a la United Fruit, o a los señores que han robado las tierras al pueblo mapuche. Por eso, es absurdo hablar de libertad en un sistema capitalista. La libertad es para los que se han apropiado de los Medios de Producción durante siglos en la historia de la humanidad. El viejo dilema metafísico, que nos viene de Platón y Aristóteles, el ser, la esencia del ser humano, es libre y responsable, se anula. No vale, cuando la Libertad es expropiada y alienada.

Por eso, es absurdo hablar de “libertad” en un sistema capitalista. No tienes influencias, ni posibilidades de influír o de elegir ante los grandes señores propietarios que “tienen la sartén por el mango.” Ellos mandan y deciden. Al resto de la humanidad sólo le queda la opción de obedecer o rebelarse. Y eso de rebelarse es ya “harina de otro costal”.

Quedaría vigente lo que en nuestros sistemas “democráticos” llamamos la “libertad política”. Es un punto que podemos y que es necesario conversar, discutir. Dado que todo Partido político, en la sociedad actual, construye su estructura administrativa y de poder con, o como, un filtro excluyente. El sistema no lo inventó Stalin. Eso de “todo el Poder a los Soviets” parece una ironía cruel cuando, inmediatamente después, se plantea que es el Partido, o su Comisión Política, quién, de verdad, tiene el Poder. El sistema apareció ya mucho antes del Imperio Romano. Los romanos lo perfeccionaron. Y fue progresando, agudizándose en medio de las graves y terribles contradicciones de la Alta Edad Media. El Poder, ese Poder, necesita ser excluyente y total. El Poder que intenta cambios de estructura, de nueva sociedad. Las discusiones entre las distintas fracciones en los Soviets eran interminables y, al parecer, no conducían a ninguna parte. Y la nueva sociedad soviética estaba las puertas de una guerra civil y atacada, además, por las potencias europeas que temblaban ante la posiblidad de una revolución socialista en sus países. Era una situación caótica en las Asambleas de los Soviets y a Lenin no le quedaba otro camino que poner “orden”. Además, el Poder Soviético necesitaba de una estructura administrativa, lo que hoy conocemos como Burocracia. No eran los trabajadores los que sabían y dominaban los vericuetos del orden burocrático. Y así hubo que acudir a los especialistas del régimen zarista. ¿Había otra solución?. Siempre se ha necesitado una burocracia, un poder administrativo, sujeto al sistema dominante.

En la Alta Edad Media el sistema feudal hizo crisis, a partir de las guerras de la Cruzadas. El paso adelante fueron los Reyes Absolutistas que liquidaron, através de guerras y pillajes, el poder atomizado de los Señores Feudales.

Otra vez Proudhon: “ La propiedad es un robo”. Y si no, pensemos en la Conquista española, portuguesa o inglesa en nuestro continente americano. Nos robaron la tierra y convirtieron a nuestros antepasados en esclavos, servidores de los conquistadores , “colonizados” , sujetos a una servidumbre y explotación inhumana.

Por eso, cuando columnistas de D.N., S.D. y otros medios de comunicación, en Suecia y en el continente europeo, hablan de Latinoamérica, de Cuba, de Venezuela, de Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua, no sé si reírme o llorar. No siempre, pero a menudo, la óptica del europeo es que el resto del planeta pertenece a Europa, con la excepción quizás de los Estados Unidos de Norteamerica, porque allí radica el Poder del Imperialismo económico, globalizador. Culturas, estructuras sociales, sistemas políticos se configuran y existen gracias a que existe Europa. Gracias a que los europeos han “civilizado” el planeta. Lo han integrado a una cultura y a una óptica específica:la europea. Se continúa confundiendo cultura, civilización con colonización. Y la Colonización presupone Conquista: o sea, robo, violencia, despojo.

El avance del sistema capitalista se mantiene dentro de la misma óptica, la misma norma: la globalización, el dominio absoluto del planeta por oligopolios económicos que mantienen y desarrollan la propiedad privada de sus accionistas mayoritarios. Gran parte del planeta se convierte en colonia de esos oligopolios que hacen alianzas entre sí para anular o destruír a empresarios más débiles. La libre competencia capitalista proclamada por las corrientes políticas llamadas liberales no pasa de ser una ilusión. La tendencia natural del capital, dentro del mercado, tiende a ser hegemónica. Y es en ese sentido que los análisis marxistas siguen teniendo una validez abrumadora. El Poder lo posee quién posee el Capital. Y por tanto, el Capital es el Poder. Y quién o quiénes poseen el Capital son dueños del planeta.

La libertad real, no la imaginaria que proclaman los sistemas llamados democráticos, no está al alcance, hoy día, de miles de millones de los habitantes del planeta. Nacemos, crecemos y vivimos en una infraestructura que condiciona nuestras vidas. Nos condena a vivir en una sociedad dividida en clases. Y actuámos en medio de una Superestructura que nos manipula y sutilmente, o como sea, trata de imprimirnos un modo de pensar, una ideología que nos impregna en todos los espacios de la sociedad. La ideología de la clase dominante. La clase dueña del poder en el modo de producción capitalista. Esto no es una afirmación pesimista. Es solamente una constatación. Es sólo advertir que el camino hacia la libertad, hacia el reemplazo, el cambio de la propiedad privada a la propiedad comunitaria es un camino largo y lleno de tropiezos y de obstáculos. Es una lucha que no empezó ayer. Empezó hace siglos. Ha ido adquiriendo el carácter de lucha de las clases trabajadores por su libertad desde hace ya más de 250 años.

Todas estas reflexiones aparecen dado que se han producido tantas conversaciones y opiniones de muchos compañeros a raíz de los encuentros que mantenemos en torno a “ ¿Qué Nueva Constitución queremos para Chile?” Porque el punto central y de partida es la lucha y la voluntad de obtener una Nueva Constitución que sea un fiel reflejo, una expresión auténtica de la voluntad, de lo que quiere realmente el pueblo de Chile. Sobre todo, sus clases trabajadoras. Es decir, Una Nueva Constitución obtenida y lograda a través de un Plebiscito. El Pueblo es el que propone y elige.

Por ahora, la propuesta es realizar Diálogos Ciudadanos. Estos Diálogos permitirán muchas propuestas e ideas para una Nueva Constitución. Y ésto, naturalmente, es positivo. Pero es aquí donde podemos ver uno de los grandes problemas que pueden deducirse del Documento que nos envía el Gobierno. Porque las propuestas y resultados de estos Diálogos Ciudadanos van a resumirse en un documento que se llamará Bases Ciudadanas. Este Documento será finalmente revisado por la Sra. Presidente de la República y será ella, o sus asesores, quienes redacten el Documento Final. La Propuesta de Nueva Constitución chilena que será presentada a la Cámara de Diputados y al Senado de la República. Serán los Señores Senadores y Diputados quénes decidan, enmienden y aprueben el Proyecto de Nueva Constitución. ¿Es ésto, entonces, de verdad un Plebiscito? El pueblo de Chile es consultado a través de los Diálogos Ciudadanos. Pero, no decide.

¿Puede decirse que es ésta una Nueva Constitución aprobada por el Pueblo de Chile? Son preguntas que me hago. Preguntas que, por ahora, no tienen respuestas.

Un compañero hacía la siguiente pregunta: “ ¿Quién va a creer que serán capaces de resolver una Nueva Constitución aquellos políticos que han vendido su alma al diablo, o sea al capital, aquellos que arreglan todo entre ellos, porque más allá de la diferencias de coaliciones, están hermanados por el modelo que les permite lucrar, corromperse y vivir como reyes, mientras la mayoría de los ciudadanos se las arregla a duras penas para llegar a fin de mes?” Es un pregunta dura, muy fuerte, pero que tiene arraigo en la terrible realidad política, económica y social que vive Chile. Es el Chile que nos dejó la Dictadura. La Constitución pinochetista es sólo un instrumento.

Pero, insisto. Esta lucha por una Nueva Constitución hay darla, aunque muchos compañeros piensen que que no vale la pena participar en un proceso como éste lucha hay que darla hasta el final. Y que quede constancia que el Pueblo participa, discute. Está crítico y rechaza definitiva y rotundamente la Constitución pinochetista. Es un paso adelante. No sabemos, aún, si grande o pequeño. Aunque la Nueva Constitución sea manoseada y aprobada por Senadores y Diputados, muchos de los cuales no nos merecen ningún respeto, sólo desprecio, dado que conocemos sus calañas de delincuentes políticos y sus fechorías.

Esta lucha hay que darla. De otro modo, somos nosotros los que perdemos el respeto por nosotros mismos, el derecho a llamarnos “un pueblo en lucha”.

Enrique Duran. Estocolmo, 27 de junio 2016

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