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Punto Final y Operación Tia Víctoria


Bolivia | Inteligencia Artificial
Publicada:2017-10-07
Por Agencias

Cuando el documento aparecía en Cuba, Fidel Castro dijo que algún día se conocería cómo les había llegado, episodio que solo conocían unos bolivianos, un grupo de chilenos.



Un grupo de chilenos fue clave en que el Diario del Che en Bolivia llegara a manos de Cuba. El peculiar rol de un alto funcionario de la dictadura boliviana.

Hugo Guzmán. Periodista. ¿Cómo llegó a manos de Cuba el texto original del Diario del Che en Bolivia? El secreto se mantuvo unos 20 años. Hasta la publicación del libro “Operación Tía Victoria”, del periodista Hernán Uribe, en octubre de 1987, donde se relata una historia conspirativa que permitió que el texto real escrito día a día por el comandante Ernesto Guevara llegara a la isla y fuese publicado en todo el mundo.

Cuando el documento aparecía en Cuba, Fidel Castro dijo que algún día se conocería cómo les había llegado, episodio que solo conocían unos bolivianos, un grupo de chilenos y algunos dirigentes cubanos, los que guardaron la confidencialidad mucho tiempo. De hecho, hasta hoy, en Chile muchos ignoran que fueron ciudadanos de este país los que jugaron un rol clave en que la copia del escrito de Ernesto Guevara se pudiera conocer.

Esto, junto con la importancia política e histórica del suceso, impidió que algunos funcionarios y oficiales de la dictadura boliviana, así como agentes estadounidenses, pudieran comercializar el diario escrito por el jefe guerrillero, recibiendo un millonario pago. También la operación de este grupo de chilenos, junto a unos bolivianos, imposibilitó, como era la intención de miembros de la Central de Inteligencia Americana (CIA), que se distorsionara y alterara el texto del Che.

El inicio de la operación

El episodio es preciso. Por razones que se atribuyen a su hartazgo por la intervención del Gobierno de Estados Unidos, la CIA y militares estadounidenses en su país, el ministro del Interior de Bolivia, Antonio Arguedas, decidió hacer llegar a Cuba el Diario del Che. Tenía una copia fotográfica del escrito, una de las pocas en manos de la CIA y del gobierno boliviano. Arguedas era un importante hombre en la dictadura del general René Barrientos y en todas las acciones contra la guerrilla boliviana e internacionalista. El alto funcionario, corriendo un riesgo, recurrió al periodista y abogado boliviano, Víctor Zannier, ya que éste tenía vínculos con chilenos que, a su vez, tenían relaciones con los cubanos. Así, el profesional viajó a Chile con la copia del diario escondida en un disco de folclor, y la entregó en territorio chileno.

El grupo que recibió el volumen y que se encargaría de enviarlo a Cuba, estaba integrado por los periodistas Mario Díaz, Hernán Uribe, Manuel Cabieses y Carlos Jorquera, ligados a la revista Punto Final y a la agencia de noticias Prensa Latina; y los abogados Jaime Faivovich (quien sería Intendente de Santiago durante el Gobierno de Salvador Allende) y Alejandro Pérez.

En un inicio tuvieron aprehensiones sobre la fidelidad del documento y realizaron varias gestiones para establecer, en lo mínimo, la veracidad del texto y confianza en Arguedas y Zannier. Finalmente se convencieron de que estaba en sus manos el Diario del Che. Era un hecho de enorme transcendencia, de impacto público, pero todos ellos mantuvieron la discreción.

El viaje del diario hacia la isla

Se decidió que el periodista Mario Díaz viajara, vía México, a la isla, llevando el valioso material. Era una misión peligrosa y de cuidado. Según cuentan Cabieses y Uribe, el microfilme viajó simulado en un regalo. Se puso en marcha la Operación Tía Victoria, denominación surgida de la frase “Hasta la victoria siempre” que, por cierto, usaba mucho Ernesto Guevara.

El contacto principal en Cuba fue el comandante Manuel Piñeiro, quien fuera jefe de Inteligencia y luego jefe del Departamento América del Comité Central del Partido Comunista cubano. Recibido el ejemplar, se hicieron las verificaciones caligráficas y de otro tipo, hasta que los cubanos tuvieron la certeza de que se trataba de lo escrito por el Che.

En la isla reinó una mezcla de tranquilidad y alegría, al saberse poseedores del texto y ser los primeros en editarlo, con el doble objetivo de que el pueblo cubano y los pueblos del mundo conocieran lo narrado por el comandante guerrillero, y que Estados Unidos, la dictadura boliviana u otros elementos pudieran publicar una versión apócrifa del documento.

En el país caribeño se imprimió un millón de ejemplares y la revista chilena Punto Final, a instancia de los cubanos, pudo ser el medio extranjero en publicar textos del diario.

En el libro dedicado a revelar el suceso, Hernán Uribe sentenció: “Nuestra Operación Tía Victoria constituyó una sonada derrota de los aparatos de espionaje estadounidenses. Su corolario es importante: la CIA puede ser burlada, a despecho de sus enormes recursos”.

Para Manuel Cabieses, con la acción para recuperar y publicar el texto de Ernesto Guevara, “el Che después de muerto ganó su última batalla: la batalla por la verdad”. En el prólogo del libro citado, el periodista indicó, en relación a la guerrilla en Bolivia, que “esa historia habría quedado trunca si no se hubiese conocido el verdadero Diario del Che en Bolivia”.




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