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Guerra de Yom Kipur

Oriente Medio | Conflicto-Arabe-Israeli
Publicada:2018-06-29
Por Agencias

La Guerra de Octubre o del Ramadán,(6 de octubre de 1973) como prefieren llamarla los árabes, se inició con el ataque sorpresa de Siria y Egipto a Israel.



Foto: EnlaceJudio. Golda Meir y Moshe Dayan / Gobierno de Israel


La guerra de Yom Kipur, guerra del Ramadán o guerra de Octubre

Conflicto bélico librado por la coalición de países árabes liderados por Egipto y Siria contra Israel desde el 6 al 25 de octubre de 1973

El 22 de octubre un alto el fuego negociado por las Naciones Unidas se deshizo rápidamente, con cada lado culpando al otro por el incumplimiento. Para el 24 de octubre, los israelíes habían mejorado sus posiciones considerablemente y completado su cerco del tercer ejército egipcio y la ciudad de Suez. Este acontecimiento condujo a tensiones entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Como resultado, un segundo alto el fuego se impuso de manera cooperativa el 25 de octubre para poner fin a la guerra.

El presidente egipcio Gamal Abdel Nasser murió en septiembre de 1970 y fue sucedido por Anwar Sadat. En 1971, Sadat, en respuesta a una iniciativa de la ONU, actuando como intermediario Gunnar Jarring, declaró que si Israel se comprometía a «la retirada de sus fuerzas armadas del Sinaí y la Franja de Gaza», al «logro de una solución justa para el problema de los refugiados», a «la retirada de las fuerzas armadas israelíes de todos los territorios ocupados desde el 5 de junio de 1967», y a la aplicación de otras disposiciones de la Resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU como solicitó Jarring, Egipto entonces «estará listo para entrar en un acuerdo de paz con Israel». Israel respondió que no se retiraría a las líneas anteriores al 5 de junio.


En las primeras horas del conflicto, Golda llegó a dar la destrucción de Israel por segura. La biógrafa Elinor Burkett rememora una conversación de la primera ministra con su marido. “Rompió a llorar. ‘[El ministro de Defensa Moshe] Dayan está hablando de rendirnos’, susurró. ‘Debees arreglarlo, esta noche... Debes ir a casa de algunos amigos... Uno de ellos es médico. Haré que te den pastillas, para que me pueda matar, antes que caer en las manos de esos árabes”. (El Pais-David Alandete | 14 de septiembre de 2013)


Sadat esperaba que al infligir una derrota incluso limitada sobre los israelíes, la situación actual podría alterarse. Hafez al-Asad, el líder de Siria, tenía un punto de vista diferente. Él tenía poco interés en la negociación y sintió que la reconquista de los Altos del Golán sería una opción puramente militar. Después de la guerra de los Seis Días, Assad había puesto en marcha un rearme militar masivo y la esperanza de hacer que Siria fuera el poder militar dominante de los estados árabes. Con la ayuda de Egipto, Assad consideró que su nuevo ejército podría ganar de manera convincente contra Israel y asegurar así el papel de Siria en la región. Assad sólo veía que las negociaciones comenzaran una vez que los Altos del Golán hubieran sido reconquistados por la fuerza, lo que induciría a Israel a renunciar a la Ribera Occidental y Gaza, y hacer otras concesiones.

Altos del Golán, mediodía del 6 de octubre de 1973. El zumbido de los motores de los cazabombarderos MIG-17 sirios rompía, sin previo aviso, el silencio sepulcral que suele reinar en el Estado judío durante la solemne fiesta de Yom Kippur. Las calles y carreteras, como ocurre cada año en el día más sagrado del calendario hebreo, estaban completamente desiertas, las emisiones de radio y televisión interrumpidas, y el país paralizado. Nadie imaginaba que estaba a punto de comenzar la última gran guerra entre Israel y un frente de países árabes.

La Guerra de Octubre o del Ramadán, como prefieren llamarla los árabes, se inició con el ataque sorpresa de Siria y Egipto a Israel, cuyo objetivo era aprovechar la celebración religiosa en la que las guarniciones fronterizas cuentan solo con la mitad de las tropas, para recuperar los territorios perdidos en 1967. Una acción relámpago que finalmente se alargó más de dos semanas sin ningún resultado, y en la que murieron 13.500 soldados: 2.500 israelíes, 3.500 sirios y 7.500 egipcios.

«Fue una sorpresa para todos nosotros. Los periódicos hablaban de movimientos en la frontera del norte por parte de Siria, pero aquellas maniobras de entrenamiento eran habituales. No había ningún indicio de que estuvieran preparando un ataque», cuenta Guido Ruda, que se encontraba ayunando en un kibutz cerca de una base militar en el norte cuando escuchó caer las primeras bombas.

Una guerra no acabada
Tanto el presidente egipcio, Anwar el-Sadat, como el presidente sirio, Hafez al-Assad, se tomaban las derrotas en las guerras del Canal de Suez (1956) y de los Seis Días (1967), como batallas perdidas de un conflicto que no había acabado. En la última, Israel había conseguido conquistar la península del Sinaí, la franja de Gaza, Cisjordania, los Altos del Golán y, sobre todo, Jerusalén. Era la hora de recuperarlo de una vez, y para ello consiguieron el respaldo de varios países árabes, que enviaron efectivos al frente de batalla.

El Gobierno israelí, presidido por Golda Meir, la tercera mujer en el mundo en asumir este cargo, estaba tan convencido de su superioridad militar, que desoyó los informes de sus servicios de inteligencia. Cuando quisieron darse cuenta, Siria había lanzado ya su ofensiva contra los Altos del Golán, primero bombardeando las fortificaciones fronterizas israelíes y, después, iniciando un avance arrollador con 30.000 soldados y 1.260 carros de combate.

En la mañana del 6 de octubre, Golda reunió a sus ministros ante las informaciones sobre el inminente ataque. Mientras tanto, contingentes de otros países árabes acudieron a su llamamiento contra Israel. La sed de venganza de 1967 necesitaba ser resuelta.

A las 3 de la tarde, la radio pública israelí rompió el silencio en las ondas (debido a Kippur) con un boletín ya histórico: "El portavoz del Ejército informa que a las 14.00 de la tarde, fuerzas egipcias y sirias iniciaron un ataque en el Sinaí y los Altos del Golán...".

En concreto a las 13.47. Estalla la Guerra de Yom Kippur o la Guerra de Octubre. La última en la que Israel y los países árabes se enfrentan de forma abierta con tanques, aviones y carros blindados. La ofensiva árabe dinamitó la eufórica sensación de superioridad militar que se vivía en Israel, pero terminó con las tropas israelíes contraatacando en Egipto y Siria.

Egipto se encargó del Sinaí, desencadenando un verdadero infierno sobre la línea de Bar Lev, la cadena de fortificaciones construidas por Israel a lo largo de la costa este del canal de Suez, utilizando 150 cazabombarderos MIG-21, 800 tanques y cerca de 9.000 hombres. El ataque árabe fue de tal envergadura, que dos días después, el ministro de Exteriores israelí, Abba Eban, aprovechó para decir en la ONU que si hubieran estado asentados en las fronteras de 1948, su país habría desaparecido.

Desconcierto israelí
El desconcierto inicial israelí fue grande. Siria y Egipto consiguieron hacerse por momentos con sus objetivos, pero la capacidad de respuesta de ejército judío permitió que los reservistas acudieran rápidamente a sus puestos de combate, integrándose en la lucha mucho antes de lo sus enemigos tenían previsto. «Fue una lástima que perdiéramos tanto tiempo y no nos defendiéramos incluso antes, porque cuando nos llamaron, tuvimos que volver a la misma zona donde habíamos estado realizando maniobras», cuenta Werner Leopold, teniente israelí que fue enviado al frente sur. Si este sistema no hubiera funcionado, explica, los árabes se habrían alzado con la victoria en los primeros días de la guerra.

Sin embargo, el ejército israelí consiguió recuperar el terreno aprovechando las bajas enemigas. El 22 de octubre, los árabes se vieron obligados a aceptar el alto el fuego del Consejo de Seguridad de la ONU y a emprender negociaciones para alcanzar una paz justa y duradera, aunque la resolución no hiciera ninguna mención a la retirada de Israel a las fronteras anteriores a 1967.

En las memorias publicadas por Henry Kissinger en 1982, el ex secretario de Estado estadounidense afirmó que esta guerra estuvo a punto de provocar un conflicto armado entre la URSS y Estados Unidos. Desde entonces, por suerte, no ha vuelto a producirse ninguna gran guerra árabe-israelí en Oriente Próximo, aunque la tensión siempre esté presente.

Sadat y la "Victoria de Octubre"
Pese a los miles de muertos y a no recuperar el Sinaí por las armas, los egipcios se sentían vencedores y cada 6 de octubre celebran la victoria. Más allá de intentar borrar la huella de 1967, sorprendieron al gran enemigo para recuperar Sinaí años después de los combates. "Los árabes habíamos perdido tres guerras con Israel, por lo que éramos muy pesimistas e inseguros", recuerda el ex-ministro egipcio de Exteriores, Nabil Fahmy, en una entrevista a la documentalista norteamericana Yael Lavie. Tras el 67, los egipcios no dudaron en criticar a su Ejército y burlarse de sus oficiales. Algo que cambió radicalmente (hasta el día de hoy) gracias a ese 6 de octubre.

"No hay duda de que Egipto ganó la guerra del 73. Las guerras no son un partido de baloncesto donde cuenta el marcador puntual. Lo que cuenta es el balance final. Sin esta guerra, las negociaciones no hubieran sido posibles", declara Fahmy. Según Sadat, la guerra convenció a los dirigentes israelíes de la necesidad de negociar por el Sinaí.

El papel de Golda Meir
"Nunca podré perdonarme", lamentó la jefa de Gobierno. Para los israelíes, la guerra de Yom Kippur sigue siendo una dolorosa herida. La victoria final en términos militares fue acompañada por una indignación social que llevó a la creación de una comisión de investigación. Enfado por sus 2.656 soldados muertos y la actitud negligente del liderazgo antes del estallido de la guerra.

Ante la Comisión Agranat, Meir explicó que no ordenó un ataque preventivo al temer la reacción internacional que hubiera puesto en peligro la ayuda militar de Estados Unidos. A partir del 13 de octubre, Washington lanzó un decisivo puente aéreo armamentístico.

"Todos en su parcela se equivocaron un poco. No creo que alguien pueda levantarse y decir que no se equivoca", señaló Meir según documentos desclasificados ahora. Reconoció que no movilizó a los reservistas antes del ataque árabe por temor a enfrentarse a la cúpula militar. "No podía enfrentarme con el jefe de la Inteligencia militar o el jefe del Ejército. Habrían pensado que soy tonta".

También se criticó a Meir por no saber leer los mensajes de Sadat a favor de una negociación. "Para ella, Sadat era el enemigo y alguien no fiable", afirma Yigal Kipnis, autor del libro Hacia la Guerra, que cita unas palabras del secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, a la Dama de Hierro de Jerusalén: "Yo no quiero culpar a nadie, pero durante 1973 la guerra se pudo haber evitado".

La Inteligencia israelí lo considera el fallo más grande de su historia. "Lo tenemos presente en cada decisión que tomamos", dice un oficial, 40 años después.

El enfrentamiento bélico aceleró la vía diplomática hasta Camp David (1979), en la que, a cambio del Sinaí, Egipto se convirtió en el primer país árabe en firmar la paz con Israel. En 1981, Anwar el-Sadat fue asesinado por un extremista islamista.

Moshe Dayan y la opción nuclear
El Wilson Center publica el testimonio de un ayudante del dirigente Israel Galili, en el que recuerda la reunión del Gobierno del 7 de octubre. Según él, el general Moshe Dayan, jefe del Estado Mayor del Ejército israelí, estaba tan angustiado y preocupado por la existencia de su país que propuso lo que nadie se había atrevido antes: la opción no convencional. Las informaciones del frente dibujaban un panorama desolador y Dayan pronosticó "la destrucción del Tercer Templo" en alusión al fin de Israel.

Cuando la reunión tocaba su fin, Dayan lanzó la bomba: "Pensé que, como la situación es muy mala y no tendremos tiempo y muchas opciones, conviene que preparemos la exposición de la opción nuclear". La idea (¿se refería a su uso o a la amenaza de hacerlo para frenar a Egipto y Siria?), fue rechazada de inmediato por Meir. "Olvídate de eso", le dijo al famoso general.

El petróleo, la última «bala»
Los regímenes árabes descubrieron un arma muy poderosa con la que poder presionar a Israel a través del bolsillo mundial: el petróleo.

Tras la guerra, los países árabes productores de petróleo decidieron emplear sus recursos energéticos para forzar la retirada de Israel de los territorios ocupados en 1967. Aprobaron un embargo contra varios países occidentales, entre ellos, Estados Unidos. En 80 días, el precio del barril se triplicó, desde los 3 hasta los 12 dólares.

En este clima, con el problema del petróleo de fondo, Kissinger se propuso debilitar los intereses soviéticos en la región y crear un clima adecuado para instaurar una «pax americana». La Casa Blanca estaba dispuesta a presionar a Israel para que se retirase de la península del Sinaí, si Egipto se comprometía a alejarse del campo de batalla y de la órbita de la URSS. Finalmente, Israel aceptó marcharse de los territorios ganados en la Guerra de Yom Kippur y se comprometió a iniciar negociaciones en torno al Sinaí. Egipto, por su parte, renunciaba a emplear la fuerza.


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