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El arte autodestructivo crea nuestra obsesión por la destrucción


Londres | Cultura
Publicada:2018-07-09
Por Agencias


El arte autodestructivo recrea la obsesión por la destrucción, proceso al que los individuos y las masas están abocados.





El 1 de marzo de 2017 la estrella de Gustav Metzger se fundió con la niebla de Londres. Tenía noventa años cuando, en septiembre de 2016, el MUSAC de León inauguró una retrospectiva de su obra a la que no pudo asistir por su delicado estado de salud. Había acuñado el término Arte autodestructivo para definir un tipo de performance-ritual opuesto al arte de afirmación erótica, feminista y conceptual de autoras como Carole Schneemann, Trisha Brown o Yvonne Rainer, y que tenía como objetivo mitificar la acción artística mediante formas nuevas. Precursor de los movimientos medioambientales y antinucleares, Metzger fue un autor inquieto y furioso, un pesimista social que sólo encontraba placer en el combate contra la oscura Edad Tecnológica. Sus obras anticiparon una mélange dramática entre el activismo y la desaparición humana, consecuencia quizás de su condición de superviviente del horror nazi.

Gustav Metzger había nacido en Nuremberg dentro de una familia de judíos polacos: “Veía pasar justo delante de mi casa las marchas nazis. Y no hay ninguna duda de que una de las razones por las que me convertí en artista es que viví esa extraordinaria y poderosa representación del arte visual, en el diseño, la arquitectura y las experiencias con la luz”. A los doce años y gracias a su buena estrella, se escabulló de una muerte segura en los campos de concentración. Se expatrió en Inglaterra y allí vivió prácticamente toda su vida. Inspirado por los escritos de Leon Trotski y Wilhelm Reich, y atraído por el carismático pop inglés de Eduardo Paolozzi y Richard Hamilton, se entregó por completo a la lucha política contra el capitalismo, la comercialización del arte y la demolición y gentrificación de los centros urbanos.

Jimi-Hendrix le pone fuego a su guitarra en el Festival de Monterey en 1967Algunos sólo ven en los cuerpos mutilados de estos artistas, destrucción, perversión, decadencia o salvajismo sobre templos sagrados que no les pertenecen, que son sólo temporales habitáculos del alma; otros, con la misma fuerza de fe, vemos arte, poética, confrontación y reflexión, pues el arte, como muchas otras manifestaciones del hombre, sean metafísicas o no, es un acto de ello.

   Gustav Metzger (Núremberg, Alemania, 1926) fue rescatado de un campo de concentración en 1939 como parte de la operación Kindertransport; desde ese entonces, ha dedicado su vida y su proyecto artístico a promover el pensamiento crítico y provocar un cambio social que evite que un evento como el Holocausto vuelva a suceder. Para Metzger, la clave está en prevenir que el hombre explote su capacidad de destrucción del entorno natural al propiciar “un camino que vaya de la ética hacia la estética”.

   Así entonces, es que vemos a Metzger, obligado por las circunstancias, experimentar de primera mano la devastación provocada por las ideas y desviaciones de unos pocos sobre unos más con menos criterio para discernir entre lo justo y lo despiadado, formando en él una conciencia ética que lo llevó a tener de por vida un ideal en contra de las vejaciones provocadas por creencias ciegas, mismas que han inundado los siglos de sangre y sufrimientos tan grandes que no hace falta enunciar, pues tristemente son parte de la historia y sólo se puede decir que en ellas creer ha desatado el horror.

El hombre de Regent Street es autodestructivo.
 Los cohetes y las armas nucleares son autodestructivas.
Arte Auto-Destructivo.
La caída de la caída de las bombas de hidrógeno cayendo.
Las ruinas, en cuanto pintorescas, no son interesantes.


El arte autodestructivo recrea la obsesión por la destrucción, proceso al que los individuos y las masas están abocados.
 El arte autodestructivo demuestra el poder del hombre tanto para acelerar y como para organizar los procesos destructivos de la naturaleza.
 El arte autodestructivo refleja el perfeccionismo compulsivo de la fabricación de armas, puliéndolo hasta la destrucción.
 El arte autodestructivo es la transformación de la tecnología en arte público. La inmensa capacidad productiva, el caos del capitalismo y del comunismo soviético, la coexistencia de sobreproducción y hambre; el constante incremento en el almacenamiento de armamento nuclear, más que suficiente para destruir las sociedades tecnológicas; el efecto desintegrador de la maquinaria y de la vida en personas que ocupan áreas sobreurbanizadas…
El arte autodestructivo es un arte que contiene en su interior un agente que automáticamente conduce a su destrucción en un plazo de tiempo que no ha de exceder los veinte años. En cambio, otras formas de arte autodestructivo precisan de manipulación. Hay formas de arte autodestructivo en las que el artista tiene un control férreo sobre la naturaleza y el plazo del proceso desintegrador, y hay otras formas en las que el artista apenas tiene control sobre ellos.
 Los materiales y las técnicas empleados en la creación de arte autodestructivo incluyen: ácido, adhesivos, balística, lienzo, ceniza, combustión, compresión, cemento, corrosión, cibernética, caída, elasticidad, electricidad, electrólisis, retroalimentación, vidrio, calor, energía humana, hielo, propulsión a chorro, luz, carga, producción en cadena, metal, películas, fuerzas naturales, energía nuclear, pintura, papel, fotografía, escayola, plástico, presión, radiación, arena, energía solar, sonido, vapor, resistencia, terracota, vibración, agua, soldadura, cable, madera.
El arte autodestructivo es un ataque contra los valores capitalistas en su camino hacia la aniquilación nuclear.

   DEBEMOS CONVERTIRNOS EN IDEALISTAS O MORIR, es una aspiración evocada como título en la primera exposición de Gustav Metzger en México (Museo Jumex, 18 de julio-25 de octubre 2015), un país que hoy vive envuelto en incredulidad, falta de fe y de ideales, siendo por ello una exposición acertada y pertinente de acuerdo al contexto político y cultural del hoy y aquí.

Gustav Metzger y su hermano Max fueron lo que hoy llamamos niños refugiados no acompañados. No es difícil ver de dónde vino el impulso de percibir la destrucción como un elemento central de nuestra civilización.

Ya entonces los futuristas italianos y rusos afirmaron, los que querían "glorificar la guerra - única higiene del mundo" y demoler los museos y academias. Si dejamos a Gustav Metzger por un momento, uno puede ver fácilmente que el arte y la literatura a lo largo del siglo XX, y aún, tienen una corriente oculta en torno a la destrucción. Existe como un elemento de los cubistas interrumpiendo el mundo de piezas caleidoscópicas, es fundamental para los experimentos nihilistas dadaístas en Zurich y Berlín.

La destrucción corta como un corte a través del ojo de la película surrealista  de Dalí y Buñuel "Un perro andaluz" en 1929, y la idea de romper, para que a continuación, construir de nuevo se hace evidente en el Montaje de Dziga Vertov  "Hombre con una cámara de película" de Rusia desde el mismo año. Estas obras y movimientos se caracterizan por una especie de optimismo nihilista: el mundo está a punto de reiniciarse, y luego es solo un retraso. Sobre sus ruinas, construimos un futuro, fresco y acelerado, sin espacio para la vida de difuntos.

Cuando el mundo se destruye: Gustav Metzger y el arte autodestructivo

¿Por qué Pete Townshend venció a The Who destruyendo sus guitarras? La respuesta es Gustav Metzger, el padre del arte autodestructivo que murió en 2017. Pontus Kyander dibuja un retrato de este artista, que también es un activista.

Todo aquel interesado en la historia de la música del rock ha visto las imágenes. Pete Townshend, la figura frontal del Who que dibuja la guitarra en el suelo, y luego estrella la guitarra en uno de los altavoces gigantes en el escenario. La guitarra rebota, se niega a romperse, pero finalmente se agrietó después de un par de veces. Mientras tanto, el baterista Keith Moon tamborilea la trompeta. Está furioso, está furioso, está gritando desde el sistema de sonido.

Era contagiosa, y en los Estados Unidos Jimi Hendrix le pone fuego a su guitarra en el Festival de Monterey en 1967. Por no hablar de todas las imitaciones que en una oleada serían demolidas por otros músicos ambiciosos.

¿Era todo simplemente un truco, o algo que salió de control? Más tarde, Townsend dijo que la idea la obtiene en la conferencias del artista Gustav Metzger acerca de un "Arte Auto Destructivo." Al igual que muchos otros jóvenes en Londres Townsend había estudiado en una escuela de arte, y The Who, pensó como un autodestruktivt, banda de autodestrucción.

Las ruinas, en cuanto pintorescas, no son interesantes

El Arte Auto-Destructivo recrea la obsesión por la destrucción, proceso al que los individuos y las masas están abocados. Lo afirma Gustav Metzger en su manifiesto de 1960. El hombre tiene el poder de acelerar y organizar los procesos destructivos de la naturaleza, y esta nueva corriente artística nace para demostrarlo. “El arte autodestructivo refleja el perfeccionismo compulsivo de la fabricación de armas, puliéndolo hasta la destrucción”. Somos capaces de hacer grandes cosas, pero también podemos acabar con ellas, traer el caos y provocar guerras. Y parece que lo primero a menudo acaba desembocando en lo segundo.

Una de las obras más conocidas de Metzger consistió en lanzar ácido sobre hojas de nylon en pleno centro de Londres, que se desintegraron en cuestión de veinte minutos. “Lo importante de quemar un agujero en esa hoja”, dijo Metzger más tarde, “fue que abrió una nueva vista hacia la catedral de St. Paul a través del Támesis”. El arte autodestructivo nunca fue simplemente destructivo, sino que “destruyes un lienzo y creas formas”.

En 1966, Metzger y el poeta John Sharkey organizaron el ‘Destruction in Art Symposium’ (DIAS) en Londres, donde artistas, poetas y científicos internacionales se reunieron para hablar de la destrucción en el arte y en la sociedad. Durante los días del simposio, el artista conceptual John Latham prendió fuego a una pila de libros enfrente del British Museum, como parte de sus ‘Skoob Tower Ceremonies’ (‘Skoob’ hace referencia a books escrito al revés). Con sus ceremonias, Latham quería lanzar un mensaje contundente y radical: los libros son el aparato del conocimiento aprendido y las opiniones inculcadas, del que era profundamente crítico. Para él, los libros representan el conocimiento sostenido de una forma congelada e irreflexiva, que sofoca la intuición.

Esa necesidad del hombre de ir siempre más allá es lo que llevaría la tecnología a gobernar nuestro mundo. Según decía Metzger en su manifiesto, “el arte autodestructivo es la transformación de la tecnología en arte público”. Se estaba creando una sociedad con una inmensa capacidad productiva en la que la sobreproducción y el hambre coexisten; donde el constante incremento en el almacenamiento de armamento nuclear es más que suficiente para destruirse a sí misma; donde las áreas sobreurbanizadas tienen un efecto desintegrador en la vida de las personas. Por eso, Metzger empleaba la tecnología para crear sus piezas de Arte Auto-Destructivo, “un arte que contiene en su interior un agente que automáticamente conduce a su destrucción en un plazo de tiempo que no ha de exceder los veinte años”. Para el artista, un reflejo de nuestra sociedad, condenada a la extinción.

“Mis temores sobre los hombres y las máquinas comenzaron con los nazis”, explicaba Metzger. “Cuando vi la marcha de los nazis, vi a personas que parecían máquinas y el poder del estado nazi”. Por eso, “el arte autodestructivo tiene que ver con el rechazo al poder” y con una forma de activismo social. Gustav Metzger falleció el 1 de marzo del 2017 a los 90 años, dejando un legado complejo, que partía del pesimismo pero por el que nunca dejó de luchar. Él creía poder cambiar el rumbo de las cosas exponiendo sus ideas, convencido de que “debemos convertirnos en idealistas o morir”.

Fuente: theguardian
Washington Times
USCB, retrieved 31 August 2006



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