Periodismo: Silencio cómplice

Chile | Medios
Publicada:2018-08-24
Por Manuel Cabieses Donoso





Para quien no conozca la triste realidad que vive el periodismo latinoamericano debe resultar sorprendente el silencio de los medios sobre el atentado terrorista en Caracas. CNN en español interrumpió el 7 de agosto la transmisión del discurso del presidente Nicolás Maduro cuando este comenzó a mostrar videos, grabaciones telefónicas, fotos, confesiones, nombres de los detenidos y prófugos, etc. CNN daba así la pauta a la conducta que observan los medios del continente. El Mercurio de Chile, que habitualmente derrocha espacio para atacar a Venezuela, publicó un parrafito de una columna. Los medios que hasta ayer exigían evidencias sobre el atentado al que aún califican de “presunto”, ignoraron las revelaciones de Maduro. Sin embargo, la investigación que adelanta la Fiscalía Nacional de Venezuela está descubriendo elementos para un “plato fuerte” de un periodismo que se respete a si mismo. Es un bocado apetitoso incluso para la literatura y el cine. Sin embargo ha caído en un silencio que resulta vergonzante para la profesión del periodismo.

Los terroristas apresados y a disposición de los tribunales implican a gobiernos, partidos políticos y conspiradores de todo pelaje. Las autoridades han pedido al gobierno norteamericano la extradición de Osman Delgado Tabosky, financista y “piloto” -desde Miami- de los drones cargados con C4, un explosivo plástico que los ejércitos usan en demoliciones de fortificaciones. Se han iniciado también gestiones para extraditar a implicados que se refugian en Colombia, en cuyo territorio se preparó el atentado con colaboración del ex presidente Santos, Premio Nobel de la Paz (¡sic!).

Lo ocurrido solo tiene precedente en Venezuela en el atentado con un coche bomba contra el presidente Rómulo Betancourt en junio de 1960. Lo efectuaron sicarios del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo. En ese atentado el presidente Betancourt resultó con graves quemaduras en las manos y el rostro, y murió el jefe de la Casa Militar.

Esta vez no solo se intentó asesinar al presidente de la República sino a todas las autoridades civiles y militares que lo acompañaban en la tribuna presidencial; a los embajadores, agregados militares y familiares de los soldados de la Guardia Nacional Bolivariana, y a espectadores del desfile militar. De haber tenido éxito, el atentado habría desatado una conmoción social y política cuyas dimensiones son inimaginables.




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