Jóvenes de Puerto Rico, carne de cañón en el Ejército de EEUU
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Jóvenes de Puerto Rico, carne de cañón en el Ejército de EEUU


Por Agencias
Publicada:2019-07-25

El alistamiento de puertorriqueños en las Fuerzas Armadas estadounidenses lleva más de 100 años, como subrayó Sonia Santiago. Con la invasión a Puerto Rico en 1898, los estadounidenses establecieron una corte militar.


foto:CC0 / US Army/Leo Martinez
Puerto Rico no solo está sometido a EEUU por un duro control fiscal y a un estatus ambiguo respecto a su soberanía. Ante la falta de perspectivas laborales en la isla y sin mucha información a mano, varios jóvenes terminan convencidos por los reclutadores del Pentágono y se alistan. Esto ha dejado serias secuelas en miles de puertorriqueños.

Sonia Santiago Hernández es la fundadora de Madres contra la Guerra, un colectivo de mujeres que alza su voz contra esta práctica. Hace 15 años su hijo, estudiante de magisterio, pasó a formar fila de las Fuerzas Armadas estadounidenses, convencido por un reclutador. No le dijo nada a sus padres, dada la postura contraria a la presencia de EEUU en Puerto Rico que impera en la familia.

Corría el año 2003 y, tras la ocupación de Afganistán, Washington decidió arremeter ese año contra Irak, bajo la excusa jamás probada de que el Gobierno de Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva bajo su poder.

Como el hijo de Sonia, muchos estudiantes caen en las garras de estos funcionarios, que buscan engrosar las tropas del Pentágono. Los reclutadores tienen acceso a estos ámbitos. Ante la promesa de nuevos horizontes y posibilidades de crecimiento personal y profesional, muchos firman su contrato.

En un país donde prácticamente la mitad de la población depende de ayudas del Gobierno para la alimentación, con altas tasas de desempleo juvenil, y bajo rígidas medidas de austeridad impuestas por una Junta de Control Fiscal (que ata de pies y manos a la isla por su deuda de 70.000 millones de dólares), hay quienes aceptan este camino, sin ser conscientes de que "el alistamiento militar es una forma adicional del gancho que tiene EEUU sobre Puerto Rico", comentó la activista.

Tras su paso por Medio Oriente, el hijo de Sonia se volvió "una persona completamente incapacitada". La experiencia en el campo de batalla le dejó síntomas del síndrome de estrés postraumático, como insomnio, pesadillas, ansiedad y nerviosismo.

La fundadora de Madres contra la Guerra, psicóloga de profesión, subrayó que a raíz de su exposición a explosiones, muchas veces quienes vuelven con estos síntomas, "no tienen la capacidad cognoscitiva y emocional de poder estudiar y concentrarse". Otros terminan suicidándose.

Pero su hijo sufrió además "daño musculoesqueletal, osteoporosis y osteoartritis", producto de la inobservancia de los protocolos al momento de suministrar la vacuna contra el ántrax. Entre una y otra dosis, deben correr algunos meses. Sin embargo, denunció Sonia Santiago, una dispensa establecido por la Administración de Bill Clinton habilita a que se repitan las dosis al cabo de un par de semanas.

Otros sufren daño traumático cerebral una vez que el cerebro se sacude dentro del cráneo al presenciar una explosión. Son apenas algunas de las secuelas graves que deja la guerra en los veteranos, y los puertorriqueños no son excepción.

Por otra parte, al volver no tienen una infraestructura de apoyo al veterano de guerra insuficiente: hay un solo hospital que cubre en toda la cuenca del Caribe a todos los veteranos de todas las guerras, y "no tiene sala de trauma", por lo que quienes sufrieron un daño neurológico no tienen cómo tratarlo, indicó la activista.

Esto, sin contar el efecto de agentes químicos como el uranio reducido, "un metal pesado que se utiliza como punta de lanza para derretir el blindaje del enemigo". Expuestos a la sustancia, ingresa por los poros y se aspira, y provoca efectos neurológicos adversos.

En ocasiones, en base a testimonios de excombatientes, Sonia Santiago afirmó que las alarmas de ataque bioquímico en los campamentos se activan por la concentración de esta sustancia y otras en los uniformes de los efectivos.

Una historia centenaria
El alistamiento de puertorriqueños en las Fuerzas Armadas estadounidenses lleva más de 100 años, como subrayó Sonia Santiago. Con la invasión a Puerto Rico en 1898, los estadounidenses establecieron una corte militar para aquellos colonos y residentes que no acataban las órdenes del nuevo ocupante. Para entonces, los habitantes de la isla habían logrado una concesión de mayor autonomía de la corona española, de la cual dependía.

En 1917, con la presencia de EEUU en la isla ya vuelta un hecho, una ley del Capitolio "impone" la ciudadanía estadounidense a los puertorriqueños. Como recordó Sonia Santiago, esto conlleva el reclutamiento forzado de los jóvenes al cumplir los 18 años". Así, unos 18.000 boricuas debieron servir bajo pabellón estadounidense en la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

No fueron excepción los otros conflictos en los que rigió la conscripción. Durante la Segunda Guerra Mundial, se estima que fueron más de 60.000; en la Guerra de Corea, casi 70.000; en la Guerra de Vietnam, prácticamente 50.000. Hoy en día, según el censo de 2010, hay 2.000 veteranos sin techo en Puerto Rico. En la llamada "guerra contra el terrorismo", 124 puertorriqueños perdieron la vida.





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