Suecia - Estocolmo
ESTOCOLMO
CHILE
AMÉRICA
TECNOLOGÍA
LIBRO DE VISITAS!

Guía de Teléfono - CH
 
Guía de teléfono - SW

La historia, la sociedad, la política y el medio ambiente de cada país
   Opinión

DEMOCRACIA O EL ARTE DEL OLVIDO


Tito Alvarado
Estocolmo/2005

Sucede que me canso de leer artículos con firmas de doctos autores y otros no tanto, pero que se las ingenian para parecerlo. Mi cansancio proviene ya sea del mal uso o del abuso que se hace de determinados vocablos. Francamente una estrambótica perdida de argumentaciones profundas o la simple y demasiado recurrida fórmula de hablar, en este caso concreto escribir, sobre cualquier tema sin preocuparse por que nuestro mejor amigo, el lector, nos entienda perfectamente. Sostengo que una buena comunicación comienza con un buen comunicador. Muchas de las desgracias del mundo moderno provienen de ésta falta de interés en el interlocutor, este casi desprecio, que nos hace presumir de que se nos entiende o que todos le asignan el mismo significado a las palabras que empleamos. Profundo error, cercano al horror, el hablar sin definir correctamente los términos que empleamos.

Me asiste el convencimiento de que gran parte de nuestra incapacidad (hablo a nombre de los pobres de la tierra) para llevar a buen término las esperanzas de una sociedad humanitaria, humana en lo más profundo de la palabra, consiste en no ver, de una parte; la realidad tal cual es o por lo menos acercarnos lo máximo que se pueda a ella, y de otra; el hecho funesto de que no siempre comunicamos exactamente aquello que queremos.

También constituye una falencia a remediar aquello de no tomar debidamente en cuenta que el ser social se mueve de acuerdo a intereses. Con demasiada frecuencia le asignamos valores mágicos a las palabras, sin darnos por enterado que éstas sirven para comunicar hechos, estados de ánimo, representaciones del mundo, valores, fantasías, etc y estos a su vez, en uno u otro grado, responden a intereses sociales, culturales y/o económicos.

Marx nos demostró y lo sigue demostrando que el hombre necesita satisfacer sus necesidades primarias: vestirse, comer, tener un techo donde guarecerse para luego dedicar su atención a otros asuntos. Se animaliza el hombre cuando todo su tiempo lo consume en estas tres preocupaciones básicas y en sentido inverso se espiritualiza cuando más satisfechas están y puede liberar energías para asegurar su crecimiento personal.

El periódico montreales "La Presse" en su edición del sábado 8 de marzo (1993), publicó un artículo cuyo título es "De la Perversité de la démocratie" (Acerca de la perversidad de la democracia) de Pierre Desjardins, profesor de filosofía. Junto a dos o tres estupideces (para decirlas no se requiere tener un doctorado) y varios párrafos que sobran, encontramos ciertas verdades esenciales, que lo acercan, sin pretenderlo él, al marxismo. Lo cual demuestra, pese a quien le pese, que lo esencial de los postulados de Carlos Marx tienen absoluta vigencia.

El autor del mencionado artículo asegura que la democracia se define como un cierto estado espiritual mediante el cual uno quiere de alguna forma dar un "alma" a todos los ciudadanos. Con esa definición él logra la ambigüedad absoluta, sucede que al hombre moderno, al hombre de la civilización occidental y cristiana la falta algo profundo que lo motive, que lo socialice, que lo humanice; podrá llamársele alma, conciencia social, alegría de vivir, valores morales, cultura, identidad o como sea, el resultado horroroso es que el hombre moderno o está solo frente al mundo, ajeno e inmodificable o está ajeno al mundo por vaciedad, por no tener algo de que asirse, algo hermoso que esgrimir como argumento que lo hermane con otros hombres, que lo humanice.

En otro párrafo leemos:

"resulta curioso y triste constatar que en nuestro sistema democrático el hombre puede pensar, pero en silencio para no perturbar o atemorizar a los demás. Pensar se ha vuelto un asunto de algunos expertos tecnócratas solamente y no un ejercicio del ciudadano ordinario."

Estamos de acuerdo, sólo que el análisis no es completo, pues se limita a indicarnos el efecto sin enunciar las causas. El ve la democracia como un sistema político al margen del modelo económico, como si lo importante fuera la apariencia y no la esencia.

Democracia no ha sido nunca lo que creemos que es, esa perfección de relaciones entre seres humanos civilizados que respetan la opinión del otro. La democracia es antes que nada y sobre todo, un mito, una palabra comodín, sirve para llenar discursos, pero en si no tiene un valor palpable por todos del mismo modo.

Democracia, dirán los más apegados a la letra, es la facultad de elegir y ser elegido, sin detenerse a pensar en: ¿qué posibilidades reales tiene un modesto ser humano de que eso suceda en un mundo dividido en unos más iguales que otros? Mi percepción categórica es que la democracia es una ilusión mental. El mundo avanza a que cada país, con algunas honrosas exepciones, tenga cada vez un mayor número de personas al margen de toda decisión, al margen del mínimo disfrute de los recursos generados por la sociedad, al margen incluso de la categoría de personas, dadas las condiciones de miseria en que viven, y al margen del peligroso ejercicio de pensar.

La única democracia posible es la igualdad de oportunidades, participación en la gestión del poder; toma de decisiones y control de las mismas, asunto de la máxima importancia que está por verse en los años a venir.


+
Del autor


Contacto: redaccion@estocolmo.se
© Copyright Estocolmo.se 2003, - Editor Responsable: ADFLA-DIG
Las opiniones contenidas en este sitio son de la exclusiva responsabilidad de sus autores.
Webbmaster