Tito Alvarado
Estocolmo.se
Cada religión, cada pueblo, cada cultura, cada época tiene su manera de ver y asumir la sexualidad con una forma general, sus particularidades, adelantos, desviaciones y salidas de serie. Lo que puede ser aceptable para unos no lo es para otros.
La globalización en marcha trastoca todo y a la vez produce un querer refugiarse en valores de antaño. Algunos llaman a esto fundamentalismo. El fundamentalista es denostado, ocultando que tras la crítica hay otro valor, no siempre mejor que el criticado. Es la fuerza avasalladora del más fuerte que nos presenta como valor sus no valores o su visión del mundo. En definitiva es otra forma de fundamentalismo en el que la víctima es presentada ya no como culpable sino como obsoleto, negando con este nuevo fundamentalismo la carga de valores, de historia, de cultura acumulada por quien es centro de la crítica y vasallaje del globalismo.
En La Biblia encontramos pasajes condenatorios de prácticas sexuales, consideradas como abominación. Se nos presentan dos ciudades como impuras y fueron castigadas con su destrucción total. Otra lectura de los mismos pasajes nos permite ver que el problema ha existido desde tiempos remotos, al decir esto queremos dejar claro que no estamos tomando la Biblia como un documento de valor histórico, pero es indudable que emite juicios morales de los valores de unos, contra los valores de otros y estos no pueden ser sacados del aire sino de la convivencia humana.
No por que se hayan borrado dos ciudades con todos sus habitante, no por ser cuestionable la fuente, incluso no por no ser auténtico el hecho, es menos cierto que hay una manera distinta de asumir la sexualidad y esta tiene mucho que ver con la religión, la cultura, la época.
Como no pretendemos hacer un estudio a través de la historia de este tema, lo resumiremos dando una mirada parcial a un presente determinado. En la simple apariencia lo sexual se nos presenta por medio de dos sexos distintos: hombre y mujer, que según sea el caso se le asigna socialmente un papel distinto. Justo es decir que este papel asignado tiene más que ver con una relación de poder, que se da en la sociedad, que con que ambos sexos deban, perentoriamente, asumir papeles distintos.
También es cierto que una cosa es la apariencia física de las personas y los valores que profesan, la cultura a la que pertenecen y la forma en que expresan su sexualidad. En resumidas cuentas no siempre se es libre de profesar lo sexual acorde con su ser profundo. Sin entrar en detalles mayores que nos alejarían de lo que pretendemos demostrar el asunto se remite a que las apariencias no siempre son coincidentes con la realidad.
Ocurre que en un ayer pretérito, el sexo era un medio para la reproducción, hoy cuando la reproducción no es tan necesaria, el sexo como práctica ha pasado a cumplir mayoritariamente un papel de forma de placer.
Lo que ayer era ya no es, lo que en apariencia parece no lo es en profundidad. Sin embargo lo que para unos es condenable para otros no lo es, lo cual nos remite a que, por diversas razones, todavía muchos oculten su real inclinación. Se produce una auto represión, producto de la no aceptación que la sociedad entrega como formación social.
Tenemos el caso de que algunos ocultan su auténtica sexualidad y otros la asumen con orgullo. Sin embargo o quizá por esta misma dualidad cada sector tiende a convivir con sus iguales. Tomemos el caso de quien en apariencia es hombre, pero sin tener los atributos externos de una mujer, es y actúa como tal. ¿Qué lo distingue de los otros hombres? La respuesta va desde poco casi nada hasta ciertos detalles de lo que en esta cultura, sociedad, religión y época entendemos por lo femenino: delicadeza en sus maneras, esmero en la presentación personal, voz menos grave, miedos o fobias, fijaciones por el orden, la limpieza, etc. En una palabra: pulcritud. ¿Y qué sino pulcritud distingue a los militares que no están en actos de guerra?
Si lo vemos por los resultados de quienes estando en papeles de poder asumen con furia la represión, actúan a espaldas de la sociedad y en contra de ella. Siempre pulcros en sus maneras, primero dan un golpe, asumiendo un papel de machos, luego viene el drama de confrontar la verdad, se escudan en el absoluto desconocimiento de sus responsabilidades y hasta con notorias muestras de cobardía. ¿Son los que no asumen su real sexualidad y se escudan en papeles asignados al sexo que no son?
Lo que si está claro es que las apariencias engañan. Hace más de quinientos años, un guerreo le dice a otro mientras huían salvando sus vidas, pero perdiendo sus tesoros: “No llores como mujer lo que no supiste defender como hombre ” En esta frase vemos los claros papeles asignados: la mujer llora, el hombre lucha. Esto se repite hoy como si hubiera pasado un minuto. Los militares luchan, cuando tienen el respaldo de sus armas y su poder destructivo. Cuando son sorprendidos su conducta va de negarlo todo, de decir no sabía nada, de hacerse el loco y hasta de llorar antes del tiro de gracia que les da su propia mano.
Decía el Maestro Ríoseco, un filosofo popular que tuve la suerte de conocer en Angol, “que todos, alguna vez en su vida demuestran lo que realmente son” este es el caso, de quienes se ven enfrentados a juicios: ayer valientes soldados, hoy mujeres llorando. Son los pulcros ocultos tras el uniforme, pretendiendo ocultar su sexualidad no asumida.
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