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   Opinión

Chile:
Tranquilidad para el que está muerto

Tito Alvarado
Estocolmo.se

Hoy he resuelto estar en el bando contrario, no es que haya cambiado de bando ni que me esté vendiendo por nada ni por todo el oro del mundo. Sucede que me cansa tanto escándalo por unos dólares más que se ha robado el viejito. Sostengo que en todo acto de ellos hay algo de culpa de nosotros. No hablo de culpa en el sentido cristiano ni el sentido de los arrepentidos. Mi sentido de culpa es de responsabilidad nuestra, por no actuar a tiempo, por no ver cual sería el zarpazo de ellos, por creer en lo que no se debe creer, por no ser capaces de oponerle a la fuerza de ellos una fuerza mayor.

Sucede que al pobre viejo, ya a las puertas de la tumba, a las acusaciones probadas de violaciones a los derechos humanos, usurpación de funciones, cosa de la que nadie habla, se le suman ahora los delitos comunes de robo y estafa. Sucede que el señor sin piedad está pronto a pasar a la historia, no tanto por la acumulación de crímenes de lesa humanidad: Fusilamientos sumarios, asesinatos, torturas, desaparecimientos, etc. sino por venir a descubrirse que es un vulgar delincuente menor. ¿Qué son 8 o 15 millones de dólares? Cuando el tipejo con un poco más de luz entre ceja y ceja pudo haber robado mucho más y sin dejar huellas?

Pero no es de las fechorías del viejo con apellido de lo que quiero hablar sino de la vergüenza que siento.

¿Qué son las instituciones, supuestamente formadas para la defensa del país, que ha formado hombres (en realidad poco hombres) qué en esencia son simples cobardes, pues buscan todos los medios para evadir responsabilidades, qué entregaron el país a la rapiña del imperio y otras transnacionales, qué se levantaron en armas contra la democracia y contra quienes les dan el sustento?

Desde el pensamiento neoliberal podrán levantarse algunas voces para acusarnos de que estamos hablando cosas del pasado. Me adelanto a decirles que mientras no aparezcan los desaparecidos, mientras no haya plena justicia, mientras no se aclaren todos los aspectos oscuros de este pasado reciente, estos temas seguirán siendo temas del presente, pues nos trastocan la forma de expresar el ser y estar, nos afectan el bolsillo, los temas de discusión, la forma de hablar, nos hermanan o nos separan.

Me parece de que ya es hora de hacerle a él, a su gobierno, a quienes le apoyaron y a las instituciones que miraron para otro lado un juicio moral, el juicio de sus actos vistos desde todos los ángulos en que se expresara la funesta acción de su aparato. Las personas pueden darse el lujo de tener mala memoria, el país no, pues estos actos execrables pueden volver a repetirse, máxime cuando los tíos de la suprema, con claros síntomas de Alzheimer, desdicen sus propias acciones y dichos y dan por cerrado el caso del asesinato del General Prats. Todos saben de donde salió la orden y por tanto todos sabemos quien fue el asesino. Estos señores de argucia y naftalina prefieren ejercer su oficio cotidiano: mirar para otro lado.

Hay personas entendidas en letras y leyes, acusan al señor de marras de ser un traidor. Lo cual a mi juicio es más un regalo que una verdad. La palabraja resiste tres acepciones y solamente una es ligeramente aplicable. Es la acepción cuyo significado nos remite a atacar a traición, es decir sin advertir al atacado. Salvo que estos señores de uniforme han estudiado todos los escenarios posibles para atacar por sorpresa a sus imaginarios enemigos. Pero bueno, aunque estos argumentos valgan todo el oro del Perú, entiendo que nadie le dará valor pues estamos disfrutando la zanahoria de sus tropelías menores, unos pocos dólares más, repartidos en 125 cuentas en bancos del imperio.

Quede tranquilo don h. a mi por lo menos ya no me preocupan sus actos pasados, que ya está condenado por la historia: aquellos que usted asesinó, encarceló, torturó, relegó, desapareció, tiró al mar, exilio, negó su existencia, quitó su nacionalidad, siguen vivos y por cualquier camino lograrán abrir las grandes Alamedas por donde pase el hombre libre.

Quede tranquilo que de esos crímenes imperdonables e inolvidables, por lo menos yo, ya no me ocuparé, ahora es tiempo de enjuiciar los daños morales, los que la dictadura, apoyada en las fuerzas armadas, causara al patrimonio económico, moral y cultural de Chile. Quede tranquilo, qué en este Chile de la inseguridad, tres cosas hay seguras: Sus amigos de ayer hoy le darán la espalda, lo cual puede leerse como que el innombrable sigue vivo, pero, por mas que la suprema pompa fúnebre lo perdone, está indudablemente muerto; los culpables de ayer negaran hoy sus hechos, complicidades y abusos, cosa que es conducta típica de cobardes; el país se recupera del olvido impuesto y comienza a trazar su propio camino.


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