Ha
variado la sociedad de hoy su enfoque
de la sexualidad y del orgasmo femeninos?
¿O se trata quizá de un
cambio superficial que atañe sólo
a actitudes y terminologías? ¿Ejerce
la sociedad presión sobre las mujeres
para que aún tengan que fingir
orgasmos durante el coito, cuando no existe
la más mínima necesidad
para ello?
Hemos de repensar en su totalidad la esencia
de la relación entre hombre y mujer
en el centro de la familia. Es decir,
hemos de inventar una relación
sexual nueva y mejorada que vigorice a
las personas. Esto no implica que Occidente
deba abanderar la libertad sexual y la
revolución sexual desde un ángulo
misógino y exagerado. Tampoco significa
que el fundamentalismo religioso tenga
que apadrinar en soledad la pureza sexual,
y erigirse en bastión contra la
decadencia occidental. La tradición
democrática de Occidente representa
la igualdad de los derechos de la mujer
y de todas las personas, también
en el sexo.
Sin embargo, hay mucha gente que margina
el tema del sexo, y no lo incluye en la
redefinición global de los ideales
de la sociedad. Pero ventilar bien esta
zona de pensamiento nebuloso conducirá
a una mayor alegría, tanto del
hombre como de la mujer. Y muchos se dirán:
"¡Pero si el sexo no se puede
cambiar! ¡Lo diseñó
la naturaleza para asegurar la reproducción
de la especie, y todo el mundo lo sabe!
De tal manera que el orgasmo masculino
durante el coito tiene que ser el eje
central. ¡Qué pena que la
naturaleza fallara un poco en el diseño
del cuerpo femenino!".
Si este concepto tan simplificado de sexo
fuera cierto, ¿cómo es que
la naturaleza lanza a la mujer al acto
sexual envolviéndola de tanto placer?
¿Por qué le da al cuerpo
femenino unas sensaciones tan fuertes
de excitación sexual, por no citar
la posibilidad de alcanzar orgasmos durante
la masturbación?
EXISTE desde hace siglos una enorme incomprensión
de la sexualidad femenina, una incomprensión
que ha dañado muchas relaciones,
y ha hecho creer a la gente que la guerra
de los sexos es inevitable, cuando eso
no es cierto. El primer Informe Hite sobre
la sexualidad femenina rompió con
muchos siglos de incomprensión,
en el transcurso de los cuales se predicó
"la dificultad de la mujer para llegar
al orgasmo --lo que es cierto sólo
durante el coito, pero no durante la masturbación--,
demostrando con palabras de las mismas
mujeres que ellas eran capaces de alcanzarlo
con facilidad cuando se estimulaban".
También demostró que la
masturbación no incluye la autopenetración
para la mayoría de mujeres, sino
que casi siempre consiste en la estimulación
exterior continuada de la zona púbica
del monte de Venus. Mostró científicamente
que la posición de las piernas
y el uso de sus músculos son importantes
para el orgasmo femenino, llegando a la
conclusión de que no son las mujeres
las que tienen un problema con el sexo;
es la sociedad la que ha bloqueado el
pleno intercambio sexual entre hombre
y mujer; es decir, que la que tiene un
problema es la sociedad, no la mujer.
La mitología actual sobre un supuesto
punto G ha conquistado el territorio tan
caduco del orgasmo vaginal, conduciéndonos
a la creencia equivocada de que las parejas
pueden continuar con la misma vieja idea
de sexo, que asegura que las mujeres alcanzan
el orgasmo por medio de la misma estimulación
que los hombres, esto es, la estimulación
vaginal, aunque hay trabajos estadísticos
que demuestran que las mujeres no lo logran
generalmente de esta forma. Sin embargo,
pueden fácilmente alcanzar el orgasmo
por la estimulación que se aplican
a si mismas en la masturbación.
Claramente, urge replantearse las cosas
para conseguir que esa crucial relación
esencial funcione mejor. La reaparición
de esas viejas ideas disfrazadas de concepciones
modernas significa que, desafortunadamente,
el sexo aún no ha cambiado realmente.
La gente tiene mucha información
falsa --y confusión-- sobre quién
es y qué espera, algo que la lleva
a sensaciones de ineptitud personal y
de dolor, unas sensaciones que pocos pueden
realmente aceptar o comentar en detalle,
porque la vergüenza y el oprobio
aún van ligados a "no saber
cómo" o (lo que es peor) a
"no disfrutar del tipo de sexo adecuado".
En público, un hombre puede decir:
"¡Yo ya sé cómo
tener a mi mujer contenta!". Y ella
puede esbozar una sonrisa de complicidad,
lo cual no significa que ninguno de los
dos sepa a ciencia cierta lo que le pasa
al otro o a él mismo.
Lo que hace falta es un rediseño
de la interacción sexual entre
la gente. Mis trabajos muestran con claridad
que hay que reconsiderar y transformar
el paradigma sexual.
Traducción de Toni Tobella.
*Profesora de Sexología Clínica
de la Universidad Maimónides de
EEUU y autora de El informe Hite.
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