ANA Adan
Profesora del Departamento de Psiquiatria
y Psicobiología Clínica
(UB)
Dormir bien es necesario para poder
llevar a cabo de forma adecuada las
demandas socioambientales durante el
día. El tiempo que hay que dedicar
a dormir no puede cuantificarse en horas,
ya que existe una gran variabilidad
entre individuos. Sin embargo, dormir
menos de cuatro horas diarias pone en
riesgo la capacidad de poder restaurar
el organismo completamente. Cumplir
años, en especial a partir de
los 50, es un factor que se asocia a
cambios del sueño que conllevan
que se duerma menos y en menor calidad.
Con el envejecimiento, las personas
tardan más en dormirse, aparecen
o se intensifican los desvelos nocturnos
y se adelanta la hora de levantarse.
Esto es paralelo a la disminución
en la velocidad o la eficiencia para
desarrollar ciertas actividades físicas
o cognitivas, pero las quejas relacionadas
con los problemas de sueño superan
con creces las de otros ámbitos
de funcionamiento. En la mayoría
de casos, el estudio clínico
descarta la presencia de un trastorno
del sueño y concluye que tanto
la cantidad como la calidad del mismo
se adecuan a la edad del individuo.
Nos encontramos ante una queja subjetiva,
que se concreta en las palabras "ya
no duermo como cuando era joven",
que hay que atender con una perspectiva
psicoterapéutica encaminada a
modificar la creencia de cuánto
o cómo hay que dormir en función
de la edad.
Si valoramos el ciclo sueño-vigilia,
constatamos que a los ancianos les cuesta
más estar despiertos de día
y mantenerse dormidos de noche, puesto
que su reloj biológico va perdiendo
la capacidad de controlar el tiempo.
Como máxima, hay que evitar desarrollar
un patrón de sueño polifásico,
con diversos episodios de sueño
durante el día y de vigilia durante
la noche. De día hay que organizar
actividades que obliguen a mantenerse
activo y entretenido; así se
acumulará cansancio para poder
dormir más rápidamente
y durante más tiempo por la noche.
Las siestas diurnas no son aconsejables,
ya que resta sueño nocturno,
a excepción de la del mediodía,
que debe limitarse a no más de
media hora.
TAMBIÉN es frecuente que a medida
que envejecemos se adelante el horario
del episodio de sueño y que nos
acostemos y nos levantemos más
pronto. Si el patrón es muy acusado
se diagnostica el síndrome de
fase avanzada del sueño, que
puede tratarse con cronoterapia. Poco
a poco se retrasa la hora de acostarse
hasta situarla en un rango horario socialmente
aceptable, planificando alguna actividad
estimulante al final del día
para evitar dormirse demasiado pronto.
Con uno o dos meses de tratamiento a
razón de unos 15 minutos a la
semana de modificación, puede
resolverse el problema.
De día, tanto si se sale a la
calle como si se está en un lugar
cerrado, es recomendable exponerse a
la luz ambiental. La luz es un potente
sincronizador rítmico para nuestro
organismo y estimula la producción
de sustancias químicas que controlan
tanto el ritmo de actividad-descanso
como el estado de ánimo. Nuestro
país disfruta de unas condiciones
lumínicas muy favorables que
hay que aprovechar, pero a veces los
ancianos tienen dificultad para captarlas.
La exposición a luz artificial
brillante durante media hora al día
(OSAL-LUM; www.yanche.com) mejora la
calidad del sueño y evita la
presencia de sintomatología neuropsiquiátrica
como apatía, depresión
o agitación y delirios. La luminoterapia
está prácticamente exenta
de efectos secundarios y se administra
por la tarde, además es un tratamiento
eficaz para el síndrome de fase
avanzada del sueño.
La utilización de fármacos
hipnóticos hay que hacerla con
mucho más cuidado en la gente
mayor y con dosis inferiores a las de
los adultos jóvenes. Bajo sus
efectos se duerme más, pero no
mejor, y a pesar de que son bastante
seguros, la medicación puede
producir efectos secundarios, como somnolencia
diurna o amnesia, y la aparición
de interacciones con otros tratamientos
farmacológicos. Los hipnóticos
más utilizados son las benzodiazepinas,
que también tienen una acción
relajante muscular que puede generar
una sensación de cansancio y
debilidad, y también reducir
la coordinación motriz. Además,
dormir bajo sus efectos puede agravar
la presencia de paradas respiratorias
nocturnas o apneas, un trastorno bastante
frecuente en la gente mayor y que dificulta
la recuperación de la respiración.
FINALMENTE, las benzodiazepinas hacen
que nos durmamos antes y tengamos un
episodio de sueño más
continuado o con menos desvelos nocturnos,
pero también reducen el tiempo
dedicado a dormir con el sueño
más profundo o paradójico,
durante el que se consolidan y se almacenan
las experiencias diurnas; es decir,
hay que dormir en este estado para preservar
la actividad cognitiva y la capacidad
memorística. En todos los procesos
de demencia se constata una reducción
patológica del tiempo de sueño
paradójico, que a pesar de no
ser la causa de la patología,
sí contribuye a la presencia
y magnitud de los déficits cognitivos
y conductuales.
Producción de Neuronas
(Europa Press) La falta de sueño
podría detener la producción
de nuevas neuronas en el cerebro adulto
a través de un aumento en la
producción de hormonas del estrés,
según un estudio realizado en
ratas por investigadores de la Universidad
de Princeton (Estados Unidos). Las conclusiones
del estudio se publican en la edición
digital de la revista 'Proceedings of
the National Academy of Sciences' (PNAS)
La carencia de sueño inhibe
la producción de nuevas células
cerebrales en el hipocampo, una región
del cerebro que participa en la formación
de nuevos recuerdos, lo que sugiere
que el sueño juega un importante
papel en el aprendizaje y la memoria.
Pero la naturaleza de esta pérdida
de producción de células
cerebrales no está clara.
Los científicos tuvieron en
cuenta que la falta de sueño
está considerada un fuerte estresor
y examinaron el papel de la hormona
del estrés corticosterona en
los efectos de la deprivación
del sueño en la producción
de células cerebrales.
Los investigadores descubrieron que
la carencia de sueño durante
72 horas en ratas elevó los niveles
de corticosterona y provocó una
reducción significativa del número
de nuevas células cerebrales
producidas por una región particular
del hipocampo. Cuando los niveles de
corticosterona de los animales se mantuvieron
en un nivel constante, la reducción
en la proliferación celular se
suprimió.
Los resultados sugieren que los niveles
elevados de hormonas de estrés
derivados de la carencia de sueño
podrían explicar la reducción
en la producción celular del
cerebro adulto.
Los niños que
duermen más son menos propensos
al sobrepeso, según estudio
Una hora más de sueño
reduce entre un 36 a un 30 por ciento
la probabilidad de que los niños
entre 3 y 12 años desarrollen
sobrepeso
Redacción, Madrid (11-2-2007).-
Los niños que duermen más
tienden a pesar menos que aquellos que
dedican menos horas al sueño
y tienen además una menor propensión
al sobrepeso en los siguientes cinco
años, según un estudio
de la Universidad Northwestern (Estados
Unidos) que se publica en la revista
Child Development.
En el estudio participaron 2.281 niños
que tenían entre 3 y 12 años
al inicio de la investigación
y entre 8 y 17 cuando se recopiló
la información de seguimiento.
El sueño infantil se midió
según el número total
de horas dormidas, la hora a la que
se iban a la cama y cuándo se
despertaban.
Los niños que dormían
más tenían un menor índice
de masa corporal (IMC) y eran menos
propensos al sobrepeso en los siguientes
cinco años que los niños
que dormían menos, incluso cuando
se tuvieron en cuenta aspectos como
su IMC y su sobrepeso, los ingresos
familiares o la etnia de los niños.
Los investigadores también descubrieron
que dormir una hora más reducía
de un 36 a un 30 por ciento la probabilidad
de los niños más pequeños
de tener sobrepeso, mientras que en
el caso de los más mayores esta
reducción iba del 34 al 30 por
ciento.
Los investigadores explican que a pesar
de que los niveles recomendados de sueño
para los niños de entre 5 y 12
años son de 10 a 11 horas cada
noche y para los adolescentes de 8 a
9 horas, los resultados del estudio
mostraron que durante la semana los
niños de 7 años dormían
menos de 10 horas diarias. A los 14
años, las horas de sueño
habían descendido hasta las 8,5
horas.
Los chicos que
duermen poco se vuelven gordos
Por Nanci Hellmich USA Today
Según un estudio, los chicos
que no duermen lo suficente tienen más
posibilidades de tener sobrepeso que
aquellos que durmieron bien
Esto agrega a un creciente cuerpo de
evidencia que el sueño es importante
para el control del peso. Otra investigación
reveló que la privación
del sueño aumenta niveles de
la hormona del hambre y baja los de
la hormona que hace sentir saciedad
a las personas. Y cerca de un tercio
de los niños de los Estados Unidos
tiene sobrepeso o es obeso, según
información oficial.
Investigadores de la Northwestern University
de Evanston, Illinois, revisaron cifras
oficiales de más de 1.400 chicos
de entre 3 y 12 años y siguieron
datos de los mismos chicos durante los
cinco años posteriores. Los padres
completaron diarios con las horas en
que se acostaban y levantaban los chicos.
El peso y la altura de los niños
también fue medida, en dos ocasiones.
La National Sleep Foundation recomienda
que los preescolares duerman entre 11
y 13 horas cada noche. Los chicos de
5 a 12 años se supone que duerman
entre 10 a 11 horas por noche, y los
adolescentes, nueve.
Hallazgos en el diario Child Development
* Muchos chicos no duermen lo suficiente
en las noches de días hábiles:
los de 10 años dormían
un promedio de 9,5 horas por noche;
los de 14, 8,5 horas, y los de 17, 8
horas.
* Alrededor de un 36% de los chicos
de entre 3 a 8 que dormían un
promedio de 10 horas -demasiado poco
para los pequeños y apenas suficiente
para los más grandes- tenían
sobrepeso.
* Sólo 30% de los chicos en
esa edad que dormían 11 horas
por noche tenían sobrepeso.
En conclusión, aquellos que
tenían una hora menos de sueño
que sus pares tendían a tener
un promedio de 2,27 kilos más,
dijo Emily Snell, estudiante graduada
en desarrollo humano y políticas
sociales en Northwestern. "Muchos
chicos tienen que levantarse a las seis
o las siete para ir a la guardería
o a la escuela, y los padres los tienen
que mandar a la cama a las ocho para
que duerman 10 o más horas",
añadió.
Una buena noche de sueño puede
ayudarlos a recuperar un peso saludable
tanto como mejorarles el humor y la
performance escolar, dijo además.
El investigador del sueño de
la Universidad de Chicago Eve Van Cauter
dice que es posible que estos niños
tengan más hambre por los cambios
en el apetito y las hormonas de la saciedad.
"Es también posible que
cuando los chicos están realmente
fatigados tengan menos ganas de salir
afuera a jugar o a engancharse en algún
deporte, y así se vuelven más
propensos a encorvarse enfrente del
televisor".