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Mi amigo Leandro Arratia, dirigente
comunista, asesinado por la dictadura,
decía, cuando alguien no
era de la estatura que el proceso
requería, que era como
la grasa de caballo. Confieso
que la expresión me gustaba,
pero nunca he sabido por experiencia
como sabe la grasa de caballo.
En momentos de la manipulación
ampliada, se nos dice a cada instante
que la grasa es dañina
para la salud, por lo mismo he
de argumentar que si la grasa
no es buena, peor ha de ser la
grasa de caballo.
En todo caso, untarse las manos
con grasa es una experiencia desagradable,
más aún si la grasa
es esa de pegajoso olor, que se
usa para ciertos menesteres de
mecánico. Bueno es recordar
que no todo es malo ni todo es
bueno a cien por ciento. Hay ciertos
mecanismos que para funcionar
bien requieren un poco de grasa
o aceite. En el caso que pretende
ser el objeto de este artículo,
queda demostrado, por los resultados,
que es urgente por un lado aplicar
un poco de grasa y por otro huir
de la grasa de caballo, o mejor
dicho, alejarse de los grasa de
caballo, que en ciertos paisitos
son ministros, diputados o “autoridades”,
doctorados en prestigiosas Universidades
e incapaces de producir un hecho
feliz para los de abajo.
Quebec es una nación al
interior de otra. Esta es la realidad,
por más que algunos quieran
presentar al país como
uno solo, indivisible u otros
quieran verlo como dos identidades
irreconciliables. El país
se llama Canadá, Quebec
es una provincia de este país,
provincia que habla un idioma
distinto y está compuesto
mayoritariamente por personas
descendientes de los colonos franceses.
El resto, otras doce provincias,
habla inglés.
En esta realidad, traída
y llevada por los políticos
que usufructúan de un deseo,
una necesidad de sentirse y ser
distinto, de hablar su propio
idioma, de tener una identidad
diferente, hubo elecciones al
parlamento, que aquí llaman
Asamblea Nacional (en el sentido
de nación, no de estado).
Canadá es un estado federal
con la particularidad de que a
lo que en otros lados llaman estados,
aquí llaman provincias,
estas provincias-estados, cuentan
con su propio parlamento y, por
supuesto, todos los gastos y boatos
que eso significa. Es casi como
tirar perlas a los cerdos.
En la pasada elección
(un día lunes ya en el
olvido) hubo tres partidos grandes,
que se disputaban lo poco disputable
del país que no es, dos
partidos pequeños y varios
partidos microscópicos.
Se da el caso de que aquí
la gente acostumbra votar por
la persona del líder del
partido y no por ideas o programas.
Está práctica inside
en que ningún partido grande
tenga un programa o una línea
a seguir, en cada elección
elaboran con mucho bombo unas
propuestas, que luego olvidan.
Los tres partido grandes, con
algunos toques distintivos, son
lo mismo. En el decir de mi hermano
Manuel, uno más neoliberal
que otro, uno más defensor
del sistema que otro. Los separa
el líder de turno y que
en el asunto del futuro de Quebec
uno lo ve unido a Canadá
, el otro asociado a Canadá
y el tercero separado de Canadá.
En este juego nadie dice las
palabras malditas, nadie ha pronunciado
jamás la palabra independencia,
unos dicen soberanía otros
hablan que aquellos quieren la
separación. Nadie plantea
un proyecto de futuro, simplemente
se quedan en estar a favor o en
contra de la nunca dicha independencia.
Estos tres partidos se disputaron
en todos los distritos el único
puesto disponible. Esta “democracia”
de bolsillo se da el lujo de ser
uninominal. El que obtiene mayoría
simple de votos se queda con la
diputación. Ahora estos
tres partidos distintos y un solo
neoliberalismo han obtenido: uno
48 diputados, el otro 41 y el
tercero 36. Los dos partidos chicos
un 3,9% y el otro un 3,7% de votos,
es decir en términos concretos,
ningún diputado. Los partidos
microscópicos ni siquiera
figuran en los cómputos.
Lo que sabe a grasa, aunque sea
por el olor, es que nunca se haya
hablado del voto proporcional,
en los debates televisivos, los
líderes de los partidos
chicos no son invitados, las campañas
electorales tienen mucho de circo
y algo de venta de mercancías.
No son las grandes ideas de cada
partido lo que atrae votos, son
los expertos en mercadeo, con
ayuda de las encuestan, quienes
definen tanto lo que se dice,
ya sea enunciando, respondiendo,
corrigiéndose o atacando,
como lo que se hace. Esto significa
que mucho de los resultados depende
de los equipos de especialistas
y de como los respectivos “líderes”
hacen el trabajo de vender la
falsa idea de que en una elección
se elige.
Me pregunto, como es que estos
personajes, sin luz propia, sin
ideas nuevas, sin oratoria lograron
llegar al sitial donde están.
La verdad es que esto es un misterio,
que bien vale una cerveza helada
en el desierto
Me decepcionan las elecciones
en este, mi nuevo rincón
de mundo, unos políticos
como la grasa de caballo, una
democracia como la grasa de caballo,
unos resultados como la grasa
de caballo. ¿Qué
decir , que la vez sea inteligente
y alumbre el momento oscuro que
se nos anuncia? Darse el lujo
de contar con tres partidos de
derecha, no puede ser sino una
desgracia en tres versiones. ¿Cuando
aprenderán los pueblos
que nada se puede esperar del
sistema?
En esta realidad, todo sueño
de justicia social está
al otro lado del sol y para colmo
quienes han asumido la tarea de
ser la alternativa a tanto partido
de derecha, no aciertan a ver
de frente su realidad y trabajar
de manera distinta por los cambios.
Me atrevo a pensar que hay algo
cultural en la forma de hacer
política, cultura que ha
sido formada con los aportes de
todos, pero con la impronta de
las clases dominates.
A manera de consuelo digo que
nada ajeno a la dictadura del
fenecido puede ser peor, salvo
que antes el fascismo era un asunto
de brutos aplicando su tratamiento
brutal. Ahora es un asunto de
amanerados personajes aplicando
recetas de doctores, y la gente,
en otra parte. Es un fascismo
capaz de sonreír mientras
te llevan al matadero. Sólo
me queda implorar al altísimo
para que a estos pasteles de aquí
no se les ocurra copiar a los
pasteles que engendraron el Transantiago.
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