Suecia - Estocolmo


Opinión

Quebec, elecciones y un poco de grasa

 
Por: Tito Alvarado
Canadao/estocolmo 2007
 
                             

Mi amigo Leandro Arratia, dirigente comunista, asesinado por la dictadura, decía, cuando alguien no era de la estatura que el proceso requería, que era como la grasa de caballo. Confieso que la expresión me gustaba, pero nunca he sabido por experiencia como sabe la grasa de caballo. En momentos de la manipulación ampliada, se nos dice a cada instante que la grasa es dañina para la salud, por lo mismo he de argumentar que si la grasa no es buena, peor ha de ser la grasa de caballo.

En todo caso, untarse las manos con grasa es una experiencia desagradable, más aún si la grasa es esa de pegajoso olor, que se usa para ciertos menesteres de mecánico. Bueno es recordar que no todo es malo ni todo es bueno a cien por ciento. Hay ciertos mecanismos que para funcionar bien requieren un poco de grasa o aceite. En el caso que pretende ser el objeto de este artículo, queda demostrado, por los resultados, que es urgente por un lado aplicar un poco de grasa y por otro huir de la grasa de caballo, o mejor dicho, alejarse de los grasa de caballo, que en ciertos paisitos son ministros, diputados o “autoridades”, doctorados en prestigiosas Universidades e incapaces de producir un hecho feliz para los de abajo.

Quebec es una nación al interior de otra. Esta es la realidad, por más que algunos quieran presentar al país como uno solo, indivisible u otros quieran verlo como dos identidades irreconciliables. El país se llama Canadá, Quebec es una provincia de este país, provincia que habla un idioma distinto y está compuesto mayoritariamente por personas descendientes de los colonos franceses. El resto, otras doce provincias, habla inglés.

En esta realidad, traída y llevada por los políticos que usufructúan de un deseo, una necesidad de sentirse y ser distinto, de hablar su propio idioma, de tener una identidad diferente, hubo elecciones al parlamento, que aquí llaman Asamblea Nacional (en el sentido de nación, no de estado). Canadá es un estado federal con la particularidad de que a lo que en otros lados llaman estados, aquí llaman provincias, estas provincias-estados, cuentan con su propio parlamento y, por supuesto, todos los gastos y boatos que eso significa. Es casi como tirar perlas a los cerdos.

En la pasada elección (un día lunes ya en el olvido) hubo tres partidos grandes, que se disputaban lo poco disputable del país que no es, dos partidos pequeños y varios partidos microscópicos. Se da el caso de que aquí la gente acostumbra votar por la persona del líder del partido y no por ideas o programas. Está práctica inside en que ningún partido grande tenga un programa o una línea a seguir, en cada elección elaboran con mucho bombo unas propuestas, que luego olvidan. Los tres partido grandes, con algunos toques distintivos, son lo mismo. En el decir de mi hermano Manuel, uno más neoliberal que otro, uno más defensor del sistema que otro. Los separa el líder de turno y que en el asunto del futuro de Quebec uno lo ve unido a Canadá , el otro asociado a Canadá y el tercero separado de Canadá.

En este juego nadie dice las palabras malditas, nadie ha pronunciado jamás la palabra independencia, unos dicen soberanía otros hablan que aquellos quieren la separación. Nadie plantea un proyecto de futuro, simplemente se quedan en estar a favor o en contra de la nunca dicha independencia.

Estos tres partidos se disputaron en todos los distritos el único puesto disponible. Esta “democracia” de bolsillo se da el lujo de ser uninominal. El que obtiene mayoría simple de votos se queda con la diputación. Ahora estos tres partidos distintos y un solo neoliberalismo han obtenido: uno 48 diputados, el otro 41 y el tercero 36. Los dos partidos chicos un 3,9% y el otro un 3,7% de votos, es decir en términos concretos, ningún diputado. Los partidos microscópicos ni siquiera figuran en los cómputos.

Lo que sabe a grasa, aunque sea por el olor, es que nunca se haya hablado del voto proporcional, en los debates televisivos, los líderes de los partidos chicos no son invitados, las campañas electorales tienen mucho de circo y algo de venta de mercancías. No son las grandes ideas de cada partido lo que atrae votos, son los expertos en mercadeo, con ayuda de las encuestan, quienes definen tanto lo que se dice, ya sea enunciando, respondiendo, corrigiéndose o atacando, como lo que se hace. Esto significa que mucho de los resultados depende de los equipos de especialistas y de como los respectivos “líderes” hacen el trabajo de vender la falsa idea de que en una elección se elige.

Me pregunto, como es que estos personajes, sin luz propia, sin ideas nuevas, sin oratoria lograron llegar al sitial donde están. La verdad es que esto es un misterio, que bien vale una cerveza helada en el desierto

Me decepcionan las elecciones en este, mi nuevo rincón de mundo, unos políticos como la grasa de caballo, una democracia como la grasa de caballo, unos resultados como la grasa de caballo. ¿Qué decir , que la vez sea inteligente y alumbre el momento oscuro que se nos anuncia? Darse el lujo de contar con tres partidos de derecha, no puede ser sino una desgracia en tres versiones. ¿Cuando aprenderán los pueblos que nada se puede esperar del sistema?

En esta realidad, todo sueño de justicia social está al otro lado del sol y para colmo quienes han asumido la tarea de ser la alternativa a tanto partido de derecha, no aciertan a ver de frente su realidad y trabajar de manera distinta por los cambios. Me atrevo a pensar que hay algo cultural en la forma de hacer política, cultura que ha sido formada con los aportes de todos, pero con la impronta de las clases dominates.

A manera de consuelo digo que nada ajeno a la dictadura del fenecido puede ser peor, salvo que antes el fascismo era un asunto de brutos aplicando su tratamiento brutal. Ahora es un asunto de amanerados personajes aplicando recetas de doctores, y la gente, en otra parte. Es un fascismo capaz de sonreír mientras te llevan al matadero. Sólo me queda implorar al altísimo para que a estos pasteles de aquí no se les ocurra copiar a los pasteles que engendraron el Transantiago.



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