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Un día ya pasado me encontré
con la novedad de que mi presencia
era requerida en dos lugares al
mismo tiempo. Por fortuna, no
fue necesario partirme en dos
y enviar a cada reunión
una parte. Estuve en cuerpo en
una y acompañé en
alma a quienes me reemplazaron
en la otra.
Tenía la secreta esperanza
de que alguna de nuestras ideas
pasaran en cada frente. Fatalidades
del destino podrán decir
los entendidos en esoterismos,
pergenios diría yo. Los
conjurados del poder en una quisieron
ingeniárselas para tratarme
como un perfecto desconocido.
Pobres tipos, son los oscuros
dirigentes que basan su poder
en el desprecio del otro. Ellos
no saben que en el anonimato reside
mi fuerza. En Concreto, en ese
lugar la lucha era y será
por la autonomía del sindicato.
En la otra es por hacer llegar
a un congreso, realizado en Chile,
nuestros puntos de vista. Sucedió
que quienes debían ser
nuestros hermanos, nos trataron
como a enemigos. Y quizá
lo seamos, si ellos están
ya con pies y huesos y trapos
sucios en la socialdemocracia
o en franco camino de la renuncia,
en aras del realismo de que de
otra forma no se puede.
Estamos viviendo los descuentos
de todas las utopias, el tramo
final de la vida en que o la salvamos
para todos o la perdemos para
siempre. Pero en su pequeño
gran discurso estos amantes del
aparato no saben que todo futuro
depende de nuestros actos actuales.
Decía un príncipe
martirizado por la conciencia
que algo olía mal en Dinamarca.
Si estuviera entre nosotros con
seguridad el olor a podrido no
lo dejaría vivir en paz.
Los papeles se han trastocado,
en un principio los dirigentes
están para organizar la
lucha, de tanto estar allí
, de tanto escuchar sus propias
palabras y de tanto vivir y sufrir
el discurso dominante han comenzado
a creer que ellos son los que
tienen la verdad absoluta, salvo
que la verdad siempre va por otro
camino.
Defienden los primeros, dirigentes
de la federación, su poder
y el suculento sueldo que lo acompaña
y nosotros los que ponemos el
lomo para ganarnos el pan, quedamos
en la vereda con las puertas cerradas.
Solamente que estos infalibles
no saben de sueños mayores,
de porfías hasta derribar
la puerta si fuera necesario,
tampoco saben que no somos comprables
y tenemos la suficiente energía
para ser infatigables; defienden
los segundos una miserable pequeñez,
vestida de arrogancia, para ellos
hay unos más iguales que
otros, entre los cuales ya no
se puede encontrar obreros. Sin
embargo cometimos la audacia,
acompañada del suficiente
valor, de hacer llegar nuestros
puntos de vista.
Cosas veredes dicen que le dijo
el caballero de la triste figura
a su escudero tirado al jamón.
Cosas estamos viendo. Se confirma
el dicho del Che, hay disparar
hacia adelante y hacia el lado
si es necesario. Las pequeñas
metas de los seres humanos pequeños
son siempre poner piedras en el
camino de los que vienen, hacer
pesada la carga de los de abajo
y ellos siempre encaramados en
su ego, en su verdad, en su tarima.
Es la pobre gente que hace todo
lo contrario de lo que dicen.
De estas dos derrotas hemos aprendido
que por el camino de ellos nunca
llegaremos a nada bueno para la
clase. Lo que ya es una gran lección
que nos obliga a recurrir al recurso
de la imaginación. No para
construir en e aire castillos
de arena sino para encontrar la
salida. Hoy, más que nunca
la lucha es por un espacio propio,
por la vida y contra el sistema
que todo lo corroe. En todos los
frentes nos encontramos con los
oscuros dirigentes, que no estando
a la altura de los tiempos que
corren se aferran, como garrapatas,
al lugar que ocupan.
En cada momento que pueden recurren
a la auto alabanza, al auto convencimiento
de que vamos por buen camino.
Pero quienes no tenemos nada que
esperar de ellos sino de nuestra
propia fuerza, de nuestra propia
imaginación, nos queda
la porfía y la capacidad
para insistir. Ellos tienen los
límites de su pequeña
altura, nosotros tenemos la audacia
de saber donde queremos ir y hacia
allá vamos.
No es con pequeñas zanahorias
que vamos a conquistar el cielo,
como decíamos ayer, salvo
que ahora la lucha es frontal
y a plazo fijo. Treinta años
pasan rápido y ahora, frente
al dilema de vida o muerte a que
nos ha conducido el capitalismo,
no tenemos otra opción
que la lucha a muerte contra el
sistema, lucha que tenemos el
deber de ganar.
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Tito Alvarado
pcsur@aei.ca
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