Suecia - Estocolmo


Opinión

Una derrota en dos frentes

 
Por: Tito Alvarado
Canadao/estocolmo 2007
 
                             


Un día ya pasado me encontré con la novedad de que mi presencia era requerida en dos lugares al mismo tiempo. Por fortuna, no fue necesario partirme en dos y enviar a cada reunión una parte. Estuve en cuerpo en una y acompañé en alma a quienes me reemplazaron en la otra.

Tenía la secreta esperanza de que alguna de nuestras ideas pasaran en cada frente. Fatalidades del destino podrán decir los entendidos en esoterismos, pergenios diría yo. Los conjurados del poder en una quisieron ingeniárselas para tratarme como un perfecto desconocido. Pobres tipos, son los oscuros dirigentes que basan su poder en el desprecio del otro. Ellos no saben que en el anonimato reside mi fuerza. En Concreto, en ese lugar la lucha era y será por la autonomía del sindicato. En la otra es por hacer llegar a un congreso, realizado en Chile, nuestros puntos de vista. Sucedió que quienes debían ser nuestros hermanos, nos trataron como a enemigos. Y quizá lo seamos, si ellos están ya con pies y huesos y trapos sucios en la socialdemocracia o en franco camino de la renuncia, en aras del realismo de que de otra forma no se puede.

Estamos viviendo los descuentos de todas las utopias, el tramo final de la vida en que o la salvamos para todos o la perdemos para siempre. Pero en su pequeño gran discurso estos amantes del aparato no saben que todo futuro depende de nuestros actos actuales.

Decía un príncipe martirizado por la conciencia que algo olía mal en Dinamarca. Si estuviera entre nosotros con seguridad el olor a podrido no lo dejaría vivir en paz. Los papeles se han trastocado, en un principio los dirigentes están para organizar la lucha, de tanto estar allí , de tanto escuchar sus propias palabras y de tanto vivir y sufrir el discurso dominante han comenzado a creer que ellos son los que tienen la verdad absoluta, salvo que la verdad siempre va por otro camino.

Defienden los primeros, dirigentes de la federación, su poder y el suculento sueldo que lo acompaña y nosotros los que ponemos el lomo para ganarnos el pan, quedamos en la vereda con las puertas cerradas. Solamente que estos infalibles no saben de sueños mayores, de porfías hasta derribar la puerta si fuera necesario, tampoco saben que no somos comprables y tenemos la suficiente energía para ser infatigables; defienden los segundos una miserable pequeñez, vestida de arrogancia, para ellos hay unos más iguales que otros, entre los cuales ya no se puede encontrar obreros. Sin embargo cometimos la audacia, acompañada del suficiente valor, de hacer llegar nuestros puntos de vista.

Cosas veredes dicen que le dijo el caballero de la triste figura a su escudero tirado al jamón. Cosas estamos viendo. Se confirma el dicho del Che, hay disparar hacia adelante y hacia el lado si es necesario. Las pequeñas metas de los seres humanos pequeños son siempre poner piedras en el camino de los que vienen, hacer pesada la carga de los de abajo y ellos siempre encaramados en su ego, en su verdad, en su tarima.

Es la pobre gente que hace todo lo contrario de lo que dicen.

De estas dos derrotas hemos aprendido que por el camino de ellos nunca llegaremos a nada bueno para la clase. Lo que ya es una gran lección que nos obliga a recurrir al recurso de la imaginación. No para construir en e aire castillos de arena sino para encontrar la salida. Hoy, más que nunca la lucha es por un espacio propio, por la vida y contra el sistema que todo lo corroe. En todos los frentes nos encontramos con los oscuros dirigentes, que no estando a la altura de los tiempos que corren se aferran, como garrapatas, al lugar que ocupan.

En cada momento que pueden recurren a la auto alabanza, al auto convencimiento de que vamos por buen camino. Pero quienes no tenemos nada que esperar de ellos sino de nuestra propia fuerza, de nuestra propia imaginación, nos queda la porfía y la capacidad para insistir. Ellos tienen los límites de su pequeña altura, nosotros tenemos la audacia de saber donde queremos ir y hacia allá vamos.

No es con pequeñas zanahorias que vamos a conquistar el cielo, como decíamos ayer, salvo que ahora la lucha es frontal y a plazo fijo. Treinta años pasan rápido y ahora, frente al dilema de vida o muerte a que nos ha conducido el capitalismo, no tenemos otra opción que la lucha a muerte contra el sistema, lucha que tenemos el deber de ganar.

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Tito Alvarado
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