Suecia | Literatura

La prosa enigmtica de John Cullar


Por Víctor Montoya*
Publicada:2011-09-12

Como en toda obra destinada a ser leda con atencin y sentido crtico, El cuarto enigmtico y otras narraciones revela a un autor que, a pesar de su juventud y modestia, se perfila como un escritor serio y comprometido con la palabra escrita, ya que sus relatos no son simples garabatos narrativos ni el lector malgasta su tiempo una vez que ingresa en el laberinto de los textos escritos con pasin y talento.


En el primer relato, ambientado en el edificio de un Instituto abandonado, nos permite entrar en un cuarto penumbroso y fro, donde tres amigos experimentan hechos inexplicables y enigmticos, y en el que un libro abierto sobre una mesa, con una sola frase escrita en sus pginas, parece tener todas las explicaciones de un crimen recientemente ejecutado. Se trata de un suceso recreado al ms puro estilo de Edgar Allan Poe y, desde un principio, se puede afirmar que la prosa de John Cullar, quien sabe tejer hbilmente los elementos de la realidad y la fantasa, nos hace vibrar con situaciones rodeadas por un halo de misterio y nos entrega una poderosa dosis de terror y espanto.

En Jorge Breen en la mira, el protagonista suea con su propio asesinato, mientras duerme en uno de los bancos del cine, al mismo tiempo que en la pelcula se comete un crimen pasional. Aqu, lejos de toda consideracin lgica, el autor deja constancia de que el racionalismo es superado por la ficcin del mundo onrico. No en vano Jorge Breen vive con la sensacin de que su realidad depende de otra, y sta de otra, y as sucesivamente hasta el infinito. Los tiempos narrativos se sobreponen y se repiten las escenas como en la funcin rotativa de una pelcula, con un personaje asediado y asesinado varias veces.

En el tercer relato, Delirio, parece prolongarse la historia de Jorge Breen. Todo comienza cuando el protagonista, al salir de una megadiscoteca, encuentra en su camino a una bella mujer, quien, desilusionada por el repentino abandono de su novio, le pide pasar la noche en su apartamento. Estando all, l aprovecha para invitarle unas copas de ron y, seducido por la voluptuosidad de sus senos y sus muslos, devorarla a besos mientras escuchan una cancin de Laura Pausini. En este relato, cuyo tema recrea una falsa ilusin provocada por los efectos del alcohol, se explaya una prosa desinhibida y contempornea, salpicada de sensualidad, picarda y erotismo.


John Cullar (Hunuco, Per, 1979). Poeta y narrador. Licenciado en Lengua y Literatura, egresado de la Universidad Nacional Hermilio Valdizn. Ha sido encargado de edicin de las revistas Kactus & Parnaso (2003-2004)y Parnaso (2005-2006). Obtuvo el segundo premio de poesa en los II Juegos Florales Valdizanos, en 2000, y el primer premio en el II Premio de Cuento Ciudad de Hunuco, en 2001. Es autor de Narrativa joven en Hunuco (2005), Lexicn (2007) y Sin antdoto (2008). Tiene textos dispersos en publicaciones nacionales y extranjeras. Tambin ha publicado en medios electrnicos: Revista VOCES, Casa de Poesa ISLA NEGRA, Yo escribo, Revista del Pensamiento y la Cultura DIEZ DEDOS, Revista Literaria KATHARSIS, Revista Intercultural del mundo hispanohablante MNIBUS, Revista Trimestral de Literatura EL HABLADOR y en la Revista de narrativa contempornea en castellano NARRATIVAS.


En algunas narraciones se rastrea el tema de un amor no correspondido y las cavilaciones propias de los enamorados de mujeres imposibles, como en Destiempo y en Desolacin, donde el protagonista adolescente, inconforme e insatisfecho, siente que su vida existencial est proyectadas en las letras de una cancin: Slo huele a tristeza, huele a soledad;/en mis ojos perdidos, slo hay humedad, aunque no deja de abrigar las esperanzas de que si se pierde un amor, es posible encontrar otro a la vuelta de la esquina, al menos si se practica el lema: quien busca, encuentra, y quien insiste, consigue.

En una seleccin de relatos, como en este caso, existen algunas narraciones que destacan ms que otras, ya sea por el tratamiento del tema o por la destreza narrativa del autor, quien, en su condicin de intelectual de clase media, ensaya una literatura urbana que, de un modo consciente o inconsciente, usa los mismos recursos a los que nos tienen acostumbrados Mario Vargas Llosa y Alfredo Bryce Echenique. En tal virtud, no es casual que nos cuente las razones y sinrazones de los hijitos de pap, de los muchachos que integran las tribus urbanas y se aduean de la ciudad en medio del mundanal ruido, el incesante ajetreo de la gente, los servicios de las camaleonas y la msica estridente de las discotecas a media luz.

No faltan las historias que transcurren entre hermanos celosos y madres preocupadas por buscar un buen partido para sus hijas en un mbito en el cual la ascendencia social y el poder econmico del pretendiente son decisivos a la hora de aceptar un compromiso formal en el seno de una familia con pretensiones de la alta sociedad, con servidumbre y chofer particular incluidos; una realidad que se refleja en Tienes que echarle la negra a un tipo llamado Frank, donde el personaje principal, un hijito de pap, tiene la vida servida en bandeja de plata y un futuro esplendoroso, al que todos son convocados, pero en el que pocos son los elegidos. Mas no por esto, segn el hilo argumental, los ricos estn libres de las tragedias familiares, as sea slo en un sueo premonitorio, como sucede en este relato, en el que los hermanos menores del protagonista mueren ahogados en el mar; algo que se repite, de una manera paradjica y premonitoria, en el caso de su amigo Martn Rosse, muerto con un disparo en la frente.

Como en cualquier ciudad peruana, a altas horas de la noche, en las calles y bares pululan los borrachos propensos a las agresiones verbales y los asesinatos con arma blanca. Esto se describe, con precisin verbal y escenas de videoclip, en El desquite, cuyo protagonista, Claudio Selso, es acosado y asesinado por un hombre de apariencia misteriosa.

Por otro lado, llama la atencin el hecho de que el relator/protagonista casi siempre reflexiona sobre los temas que lo aquejan mientras est en la cama, se supone que boca arriba y con la mirada perdida en el cielorraso. As ocurre, por ejemplo, en Una vez ms, tras la llegada de un forastero que despierta su curiosidad y cuyos pasos sigue hasta descubrir que se trata de un hombre decidido a quitarse la vida en el precipicio de la montaa; una accin impactante que, aos ms tarde, experimenta en carne propia el relator/protagonista, dejndose caer en el mismo abismo como un suicida potencial. Es digno destacar que en este relato se pone a prueba la intencin experimental del autor, quien repite cuatro veces un mismo prrafo, con modificaciones claves al final de cada uno.

En Ellos me estn esperando, ltimo relato del libro, desfilan una serie de personajes secundarios que parecen no tener otro propsito que el de pasar el fin de semana en un cine o reunidos en un night club entre mujeres de prendas mnimas y bebidas tropicales. Aqu destaca El profe, un individuo resentido con la colectividad y con poca autoestima personal que, en su plan de borrachera y entre las muchachas del cabar, funge ser el paradigma de quienes suean con un estatus social y econmico que los dignifique de por vida.

No es menos interesante el caso de Apolonio Meder, ms conocido como Apolo entre sus amigos; un muchacho que se uni a la noble causa de los guerrilleros, pero que, en realidad, resulto ser un sopln de los militares. Si bien es cierto que este sujeto, con un pasado como mercenario, logra salvar su pellejo y huir hasta la capital, es cierto tambin que no logra reintegrarse a la vida social ni laboral, hasta que termina por entrar en contacto con el hampa, y, consiguientemente, con los elementos que, debido a su actitud desalmada y sin escrpulos, pertenecen a los fondos ms bajos de la sociedad, donde campean los parricidas, violadores, atracadores y asesinos a sangre fra.

En Ellos me estn esperando, el relator/protagonista nos va describiendo, paso a paso, la crnica de una muerte anunciada en medio de una galera de personajes siniestras que forman parte del texto y el contexto, y mientras l, ngel Curtis, ya acostado y cubierto por la sbana, reproduce en su mente la frase: ellos te estn esperando, siempre lo han hecho, pero hoy es diferente, debido a que ellos, los malandrines que son sus compinches en los actos delictivos, estn dispuestos a despacharle a ese lugar del cual nadie retorna con vida. Y as ocurre, en el desenlace, el asesinato anunciado es consumado, poco antes de que la esposa de ngel Curtis descubra el cadver ensangrentado y una nota sobre su pecho: La sangre cubre lo que el dinero no puede.

Este volumen gil y ameno, de un modo general, est compuesto por una galera de jvenes atrapados por la melancola y la desilusin, que divagan entre las cuatro paredes de un cuarto, siempre meditabundos y contraviniendo toda lgica y razn, como seres enajenados que vagan por un laberinto de preguntas sin respuestas y por calles que ms parecen pobladas por fantasmas que por seres con vidas y realidades cotidianas. No obstante, aunque en varias de las narraciones las ilusiones y los ensueos adolescentes se rompen como vasijas de barro antes de ingresar en la antesala de la vida adulta, queda claro que el amor y el desamor son dos de los pilares sobre los cuales estn estructuradas las breves prosas de John Cullar, quien, con la fuerza de la imaginacin y el oficio escritural, no dejar de sorprendernos en un futuro inmediato con obras que dejarn su huella en el marco de la literatura peruana contempornea. Por ahora, y sin mayores prembulos, nos quedamos a gusto con los diez relatos de El cuarto enigmtico y otras narraciones, un libro que merece ser ledo con los cinco sentidos.















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