Suecia | Columna de Cándido

JUHOLT, OLOF PALME Y EL TERRORISMO MEDIÁTICO


Por Cándido
Publicada:2012-01-25

Ningún análisis objetivo podría afirmar que la campaña realizada por los medios suecos contra el ahora expresidente del Partido Socialdemócrata, Håkan Juholt, fue la causa exclusiva de su renuncia al cargo, trescientos tres días después de haber sido elegido.


El Public Service deberá tener el sello de independencia y una integridad incuestionable. Su actividad será ejercida con independencia tanto del Estado como de los diferentes intereses económicos, políticos o de cualquier esfera de poder de la sociedad.(Del informe Permiso a SVT para emitir televisión, de fecha 21-12-2006)

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Ningún análisis objetivo podría afirmar que la campaña realizada por los medios suecos contra el ahora expresidente del Partido Socialdemócrata, Håkan Juholt, fue la causa exclusiva de su renuncia al cargo, trescientos tres días después de haber sido elegido.

Pero, si se exceptúa la que fuera montada hace ya casi veintiséis años contra otro líder histórico socialdemócrata, Olof Palme, no se recuerda en el país una operación mediática tan virulenta como carente de la ética y profesionalidad, tan frecuentemente enunciados como valores rectores en la autodenominada ”prensa democrática e independiente”.

Simultáneamente, un grupo nazi se instalaba cada sábado al mediodía en el lugar más concurrido del centro de Estocolmo para difundir propaganda contra Palme, en la misma línea que la de los medios ”democráticos” y ”responsables”.

Hasta qué punto esa campaña inspiró la(s) mano(s) asesina(s), es difícil saberlo, pero la posibilidad afirmativa es bastante verosímil. A Juholt le salió más leve. Por ahora, con la colaboración, directa o ambigua de algunos de sus propios compañeros de partido, contribuyó a su renuncia (destitución?) del cargo. Está por verse si también a su carrera política. Si no la abandona será un polemista temible para la derecha.

No son comparables ni los protagonistas, ni los motivos por los cuales ambos fueron víctimas de una implacable operación mediática de “acoso y derribo” Palme era un estadista de verdad, talvez el único político sueco que ha trascendido, por méritos propios, sin ayuda mediática, las fronteras de su país. Juholt , un parlamentario prácticamente desconocido, con una inusual capacidad retórica y de comunicación con la gente común. Que inició con “mal pie” su carrera como presidente del partido, tanto en el plano de su conducta personal, como en algunas instancias inherentes a su nuevo cargo. A diferencia de Palme, que pertenecía a la “clase alta”, Juholt es un típico Svensson ajeno a los círculos “finos”. Lo que en cierto modo lo hace más vulnerable. Especialmente para un periodismo que –salvo escasas y por tanto altamente honrosas excepciones- es servil ante los poderosos y soberbio frente a los que, aunque dignos, carecen de poder. Cualquiera que, con cierta dosis de masoquismo, debe reconocerse, haya observado con atención las entrevistas o simples diálogos periodísticos con el expresidente Juholt, no habrá pasado por alto ese “detalle”.

Palme no era un “antiamericano” como califica habitualmente la derecha a todo aquel que es crítico de los crímenes de los gobiernos de Estados Unidos, y la histórica imagen que lo muestra encabezando, una demostración junto al embajador de Vietnam en Estocolmo, o visitando a Fidel Castro en la Cuba socialista, lo define íntegramente. Y, sobre todo, era un pacifista que, junto con otras dos figuras históricas de la socialdemocracia europea, Willy Brandt y Bruno Kreisky, trabajó permanentemente por la distensión entre las dos superpotencias de la época, Estados Unidos y la URSS, enzarzadas peligrosamente en la llamada Guerra Fría. Lo que exacerbó la ofensiva mediática instrumentada por la derecha sueca presentándolo como un “traidor a la patria” que buscaba entregarla al “comunismo soviético”. Como ha ocurrido con los grandes crímenes políticos, el o los asesinos nunca fueron identificados.

La designación de Juholt, como presidente del Partido Socialdemócrata, y por tanto eventual rival del líder conservador y actual primer ministro Fredrik Reinfeldt, sorprendió y desagradó a los círculos de la derecha y especialmente a la élite económico-financiera nucleada en la denominada Näringslivet, que es el verdadero poder detrás de los gobiernos de Suecia. Uno de los principales instrumentos a través de los que ejerce ese poder son los medios de comunicación. Entre otros fundó y financia el Think tank Timbro, conectado a similares neocon de Estados Unidos, que tiene como misión principal difundir las “bondades” de la “libertad” del mercado, la “flexibilización laboral”, las privatizaciones y cuanto menos Estado mejor. Salvo cuando se trata de socializar las pérdidas, de bancos o empresas.

No le ha sido tarea difícil “colocar” a su gente en el Public Service, ( Radio y Televisión), lo que ha significado un auténtico “golpe de Estado” mediático ya que los ciudadanos pagan anualmente 2 076 coronas suecas para recibir, supuestamente, una información “independiente de intereses politicos o comerciales”.

Esto explica que desde hace tres meses, la campaña de desacreditación de Juhlot ha sido tema cotidiano de los noticiarios, desplazando parcial o totalmente otros más importantes, que no formaban parte de las “noticias felices”, como los desastres para las fuerzas de la OTAN en Afganistán o el surgimiento de niños de 10-11 años en Suecia asaltando a transeúntes, preferentemente del sexo femenino. Contando para ello, en algunos casos, con la colaboración de sus propios compañeros de partido, que parece no han advertido que los entrevistan no por su supuesta solvencia, sino precisamente por la ausencia de ella. Más que informadores los periodistas son portavoces de la patronal y el gobierno conservador.

Pero la desmesura y falta de estilo del comportamiento mediático ha resultado un bumeran. El pueblo sueco, acostumbrado a las buenas maneras , al juego limpio y a una honesta credulidad, de la que los pillos de diversas profesiones se aprovechan, ha expresado su airado rechazo a la campaña. Precisamente en estos días, esos mismos medios han silenciado un sondeo de opinión que muestra que, pese a la debacle socialdemócrata, el crecimiento de los Izquierda (ex-comunistas ) y Verdes ha reducido a sólo dos puntos la ventaja de la coalición gobernante. Mientras que el crecimiento de los Conservadores ha sido sobre todo a expensas de su socios menores de la Alianza gobernante, liberales, centristas y democristianos.

La crisis socialdemócrata y los previsibles cambios en el mapa político del país, se analizarán en próximo artículo.





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