Suecia | Cultura

Domitila, una mujer de las minas


Por Víctor Montoya*
Publicada:2012-03-08

A doa Domi, como la llamaban cariosamente los vecinos, la conoca desde siempre, desde cuando viva en el distrito minero de Siglo XX y venda salteas en una canasta de mimbre, a poco de elaborarlas con la ayuda de sus pequeas hijas, quienes mondaban las papas y arvejas antes de marcharse a la escuela. Por entonces no era ya palliri*, sino dirigente del Comit de Amas de Casa. Corran los aos 70 y el pas atravesaba por una de las etapas ms sombras de su historia.



Domitila Chungara Vctor Montoya (der.), en una marcha de protesta en Estocolmo, julio de 1980
En algunas ocasiones coincidimos en las manifestaciones de protesta contra la dictadura militar de Hugo Banzer Surez y en las apotesicas concentraciones en la Plaza del Minero, donde est el monumento de Federico Escbar Zapata, el busto de Csar Lora y el edificio del Sindicato Mixto de Trabajadores Mineros de Siglo XX, desde cuyo balcn pronuncibamos discursos antiimperialistas; ella en representacin de las amas de casa y el que firma esta crnica en representacin de los estudiantes de secundaria de la provincia Bustillos y como presidente del Colegio 1ro. de Mayo.

Tambin recuerdo a su anciano padre, benemrito de la Guerra del Chaco y progenitor de seis hijas en su primer matrimonio. Don Ezequiel, jubilado de la empresa minera y preocupado siempre por la manutencin del hogar, se dedicaba a recorrer por las calles de Llallagua, ofreciendo ropas de casa en casa. Lo interesante del caso es que, adems de vender prendas de vestir, llevaba la palabra evangelizadora de Cristo hasta los hogares ms humildes. Lo conoc un da que vino a ofrecernos pantalones guararapes. Mi madre lo hizo pasar al living y, luego de probarme algunos, compramos uno al contado y otro al fiado. Cuando le dije que el botapi de uno de los pantalones me quedaba demasiado largo, l se brind a subirlo en un santiamn con sus divinas manos de sastre. Ese mismo da, ni bien se hubo marchado, con la amabilidad y el respecto que lo caracterizaban, le coment a mi madre que don Ezequiel tena la misma barbita que el viejo Trotsky. Mi madre esboz una sonrisa y asinti con la cabeza.

En 1975, cuando doa Domi viaj invitada a la Tribuna del Ao Internacional de la Mujer, organizada por las Naciones Unidas y realizada en Mxico, se supo la noticia de que su voz y figura destacaron en el magno evento, donde, en franca oposicin a las reivindicaciones de las lesbianas, prostitutas y feministas de Occidente, explic que la lucha de la mujer no era contra el hombre y que su liberacin no sera posible al margen de la liberacin socioeconmica, poltica y cultural de un pueblo. Doa Domi estaba convencida de que la lucha por la liberacin consista en cambiar el sistema capitalista por otro, donde los hombres y las mujeres tengan los mismos derechos a la vida, la educacin y el trabajo. Dej claro que la lucha por conquistar la libertad y la justicia social no era una lucha entre sexos, entre el macho y la hembra, sino una lucha de la pareja contra un sistema socioeconmico que oprime indistintamente al hombre y a la mujer.

Por otro lado, disputndose los micrfonos con sus adversarias, dijo que en una sociedad dividida en clases no slo haba una diferencia entre la burguesa y el proletariado, sino tambin una diferencia entre las mismas mujeres; entre una acadmica y una empleada domstica, entre la mujer de un magnate y la mujer de un minero, entre una que tiene todo y otra que no tiene nada. As fue como las sonadas intervenciones de doa Domi, en su condicin de esposa de trabajador minero, madre de siete hijos y dirigente del Comit de Amas de Casa, produjeron un fuerte impacto entre las feministas ms recalcitrantes, debido a que sus palabras transmitan la sabidura popular y todo lo que aprendi tanto en los sindicatos mineros como en las escuelas de la vida. No en vano la educadora y periodista brasilea Moema Viezzer, deslumbrada por el poder de la palabra oral de una mujer simple, que saba simplificar las teoras ms complejas en torno a la lucha de clases y la emancipacin femenina, decidi seguirla hasta el campamento minero de Siglo XX, con el firme propsito de continuar escribiendo el libro Si me permiten hablar... Testimonio de Domitila, una mujer de las minas de Bolivia, que, a poco de ser publicado en Mxico y traducido a varios idiomas, se convirti en la obra ms leda entre las feministas del ms diverso pelaje.

Los trabajadores mineros, en sus triunfos y en sus derrotas, contaban siempre con el apoyo incondicional de sus mujeres e hijos, quienes actuaron como sus aliados naturales de clase desde los albores del sindicalismo boliviano. Por eso mismo, volv a coincidir con doa Domi en el Congreso Nacional Minero de Corocoro, inaugurado el 1 de mayo de 1976; ocasin en la que plante la necesidad de organizar una Federacin Nacional de Amas de Casa, afiliada a la Central Obrera Boliviana (COB), mientras los trabajadores clamaban por sus justas demandas, exigiendo al gobierno el respeto del fuero sindical y la amnista general.

Semanas ms tarde, derrotada la huelga minera en junio de 1976, y ocupada militarmente la poblacin de Llallagua y Siglo XX, la encontr en el interior de la mina, donde los dirigentes nos refugiamos de la sauda persecucin que desat el gobierno. Doa Domi estaba en el ltimo mes de embarazo y su vientre pareca un enorme puo de coraje. Sin embargo, por razones de salud, se decidi sacarla a un lugar seguro para que diera a luz en mejores condiciones. Despus se supo que tuvo dos mellizos; una naci viva y el otro naci muerto, probablemente, afectado por los gases malignos de la mina, pues cuando lo sacaron de su vientre, el nio estaba casi en estado de descomposicin.

A principios de enero de 1978, cuando ya me encontraba exiliado en Suecia, su nombre volvi a saltar a prensa una vez que se incorpor a la huelga de hambre iniciada por cuatro mujeres mineras y sus catorce hijos en el Arzobispado de la ciudad de La Paz. La huelga, que estall el 28 de diciembre de 1977, tena el objetivo de exigir al gobierno la democratizacin del pas, la reposicin en sus trabajos de los obreros despedidos, el retiro de las tropas del ejrcito de los centros mineros y la amnista irrestricta para los dirigentes polticos y sindicales. Se trataba de una lucha heroica y sin precedentes, ya que nadie se imaginaba que una huelga emprendida por Aurora de Lora, Nelly de Paniagua, Anglica de Flores y Luzmila de Pimentel pudiese tumbar a una dictadura militar, que estaba decidida a mantenerse en el poder por mucho tiempo. Pasaron los das y los acontecimientos histricos cambiaron de rumbo: las cuatro mujeres -respaldadas por los curas, obreros, estudiantes y campesinos que fueron sumndose a la huelga de hambre en diferentes puntos de la sede de gobierno, ms las olas de protesta que crecieron como la espuma en el territorio nacional- doblaron la mano dura del general Hugo Banzer Surez, quien cedi en sus posiciones y decidi convocar a elecciones generales para el 9 de julio de 1978. De este modo, una vez ms, doa Domi y las valerosas mujeres mineras demostraron al mundo que una chispa en el polvorn puede provocar una enorme explosin social y que no existen dictaduras que puedan contra la voluntad popular.

Aos ms tarde, ya en Estocolmo, nos reencontramos y abrazamos. Todo sucedi tras el sangriento golpe de Estado protagonizado por Luis Garca Meza y Luis Arce Gmez en julio de 1980, justo cuando ella participaba en una Conferencia de Mujeres en Copenhague. Sabamos que el sangriento golpe, que dej un reguero de muertos y heridos, estaba financiado por los narco-dlares y que en los operativos actuaron los paramilitares reclutados por el nazi y Carnicero de Lyn Klaus Barbie. Se organiz un mitin en Kungstrdgrden (El Jardn del Rey), desde donde partimos juntos, entre banderas y pancartas, en una marcha de protesta que gan las principales calles de Estocolmo.

En Suecia, al margen del derecho a la reunificacin familiar que le permiti reunirse con sus hijos, constat que las mujeres latinoamericanas se rebelaron contra su pasado de servidumbre y sumisin, amparadas por las leyes que defendan sus derechos ms elementales, en igualdad de condiciones con el hombre. Estaba, acaso sin saberlo, en una nacin que haba superado las desigualdades de gnero y derribado los pilares de la sociedad patriarcal. La emancipacin de la mujer pas del sueo a la realidad y el decantado feminismo de los aos 60, a diferencia del chauvinismo machista, se transform en una de las fuerzas decisivas en el seno de izquierda sueca, que combinaba la lectura de los clsicos del marxismo con las obras de Alexandra Kollontai, Simone de Beauvoir, Alva Myrdal y otras luchadoras que posean una inteligencia capaz de desarmar a cualquiera.

Doa Domi comprendi rpidamente que las suecas, a pesar del consumismo y la falta de calor humano, haban conquistado ya varios de sus derechos desde principios del siglo XX. En 1919 se les concedi el derecho a voto y aos despus el derecho al divorcio, en 1938 se legaliz el uso de los anticonceptivos, en 1939 se promulg una ley que prescriba que las mujeres no podan perder su trabajo debido al embarazo, parto o matrimonio. En 1947 se tuvo a la primera mujer en el gobierno y en 1974 se estableci la normativa de que ambos padres tenan derecho a un total de 390 das para cuidar a sus hijos, recibiendo el 80 % del salario. Ms todava, en 1975 se legaliz el derecho al aborto sin costo para todas las mujeres y en los aos 80 entr en vigor la primera ley contra la discriminacin por razones de gnero en el sistema educativo y en el mbito laboral, adems de que la mujer ya no tena la necesidad de elegir entre su familia y la carrera profesional, gracias a un amplio sistema de seguro social y asistencia infantil.
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As fue como doa Domi, sin perder las perspectivas de que otro mundo era posible, aprendi la leccin de que si en este pas pudieron conquistase las reivindicaciones femeninas pasito a paso, por qu no iba a ser posible lograr lo mismo en otros pases, donde las mujeres desean convertir sus pesadillas en sueos y sus sueos en realidad?

Con esta pregunta y su nueva experiencia de vida, que le permiti vislumbrar que tanto las mujeres como los hombres pueden gozan de los mismos los derechos y las mismas responsabilidades, empez a planificar su retorno a Bolivia tras la recuperacin de la democracia. Dej a sus hijos en Suecia y acudi al llamado de la Pachamama, para seguir luchando por un futuro ms digno que el presente. Eso s, esta vez ms convencida de que para lograr la liberacin de la mujer no slo haca falta cambiar las infraestructuras socioeconmicas de un pas, sino tambin las normativas de la convivencia ciudadana y la mentalidad de la gente.

Y, aunque en el pasado fue perseguida, encarcelada y torturada, doa Domi se neg a callar y volvi a pedir la palabra para seguir hablando contra las injusticias sociales, con la misma conviccin y el mismo coraje de siempre, ya que su testimonio personal es, por antonomasia, una gran leccin de vida y de lucha. Si no me lo creen, los invito a leer: Si me permiten hablar, de Moema Viezzer; y Aqu tambin, Domitila, de David Acebey; dos libros que sintetizan lo mejor de doa Domi, una indomable mujer de las minas.

* Palliri: Trabajadora que, a golpes de martillo, tritura y escoge el mineral de las rocas.





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