Estocolmo | Literatura

Jesucristo, el Nazareno


Por Víctor Montoya*
Publicada:2010-08-15

Estocolmo/2010
Bast mirar esta fotografa para comprender que los alfareros latinoamericanos venden tu imagen pintada con los mismos colores que representa su poblacin tras ms de quinientos aos de colonizacin y mestizaje.


Esta misma fotografa me despert la curiosidad de saber algo ms sobre tu vida. Claro est, cmo no me voy a sentir intrigado por las proezas de quien era capaz de caminar sobre la superficie del agua, sin hundirse ni mojarse, que amainaba las tempestades con un soplo, que converta el agua en vino y la tierra en pan, que saciaba la sed y el hambre de miles de personas con slo cinco panes y dos pescados, que curaba a los enfermos y resucitaba a los muertos.

Sin embargo, varias de mis preguntas han quedado sin respuestas. Nadie puede explicarme, por ejemplo, cmo te concibieron por obra y gracia del Espritu Santo en el vientre de Mara, una mujer que era virgen a pesar de tener marido y que sigui siendo virgen despus del parto. Es misteriosa tu encarnacin, por eso supongo que si eres el hijo de Dios, hecho hombre para redimir al gnero humano, no eres el hijo biolgico de Jos, el carpintero y legtimo marido de tu madre, sino slo su hijo adoptivo.

Tampoco se sabe la fecha exacta de tu nacimiento; unos dicen que fue durante el reinado de Augusto; otros, en cambio, aseveran que llegaste al mundo durante el gobierno de Herodes, el tirano de Judea y enamorado de Salom, su bellsima hijastra, quien, a cambio de entregarle las llaves de su amor, le pidi la cabeza decapitada de Juan Bautista, el profeta que vivi en el desierto, alimentndose con saltamontes y miel salvaje, y quien, metido en las aguas del ro Jordn, bautiz a los creyentes, anuncindoles con voz encendida: El verdadero Mesas est ya en camino y pronto se har el Reino de Dios!....

Cuando los adivinos y sacerdotes le anunciaron a Herodes que habas nacido en un pesebre de Beln, con la misin de gobernar a tu pueblo e instaurar un imperio de paz y de amor, Herodes se sobrecogi de asombro y, acosado por el pnico, mand a degollar a los nios menores de tres aos, temeroso de que el prncipe de la paz, anunciado por las profecas, hubiese ya nacido cerca de sus narices. Lo dems es puro cuento, y t lo sabes bien. Te salvaste del filo de la espada por milagro y por milagro fuiste a dar en Egipto y otra vez en Nazaret. Pero lo que no queda claro es la fecha de tu nacimiento. Si los investigadores de las Sagradas Escrituras dicen que Herodes muri cuatro aos antes de tu nacimiento, entonces habra que deducir que naciste algunos aos antes de la muerte de Herodes. Es decir, la llamada Era comn, que tambin lleva t nombre, est cronolgicamente mal calculada.

Los cuatro evangelios, as como no revelan varios detalles de cmo viviste hasta los 30 aos de edad, aparte de la suposicin de que ejercas de carpintero como tu padre adoptivo y diestro polemista contra los fariseos y saduceos, tampoco revelan qu idiomas hablabas, adems de ese dialecto cercano al hebreo, que te identificaba como a Galileo. Algunas veces pienso que, por ser el hijo de Dios, creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas visibles e invisibles, dominabas todas las lenguas que l mismo las confundi por castigo en la Torre de Babel. Otras veces me sigo preguntando si acaso hablabas el griego y el latn; de no haber sido as, en qu idioma te comunicabas con el procurador romano Poncio Pilato y en qu idioma conversabas con los forasteros que cruzaban tu camino? Conocas La Repblica de Platn y El Estado de Aristteles? Sabas algo sobre los dioses del Olimpo y las tragedias griegas?... Los evangelios no me dan las respuestas por mucho que las busco sobre lneas y entre lneas. De modo que, recogido en mis dudas e interrogantes, me veo obligado a sacar mis propias conclusiones, que no siempre son coherentes ni satisfactorias.

Si an no lo sabas, te anuncio que eres un Jesucristo hecho a imagen y semejanza de cada pueblo, raza y cultura. Tal vez por eso, en los mercados de la Amrica mestiza se venden Jesucristos blancos y Jesucristos morenos, ya que en los cuatro evangelios, donde se citan tus palabras y se describen tus milagros, no se menciona casi nada sobre tu aspecto fsico. Nadie parece saber si fuiste alto o bajo, gordo o flaco; si tenas el pelo negro o rubio, rizado o lacio. Ningn apstol te ha descrito con ese lujo de detalles tan propio en los protagonistas de los novelistas o dramaturgos, aunque algunos pintores intentaron retratarte con la melena desgreada y la barba crecida, el cuerpo magro y el rostro macilento, una imagen a la que nos fuimos acostumbrado con el correr de los siglos.

Los cuatro evangelios, escritos probablemente entre los aos 70 y 80 despus de tu muerte y resurreccin, se refieren slo a los dos o tres ltimos aos de tu vida pblica, en los cuales escogiste a tus apstoles y predicaste verdades profundas, perseguido por tiranos y fariseos, quienes consideraban tus palabras un fenmeno sacrlego de peligrosa agitacin y, lo que es peor, no vean en ti al redentor de la humanidad, sino al simple impostor que, vestido en harapos, se mezclaba con los pordioseros, las prostitutas y los pecadores. Por lo tanto, el Mesas esperado por el pueblo hebreo no eras t, que decas haber llegado para liberarnos del pecado original, sino en ese otro que llegara ataviado como un verdadero rey, dispuesto a sentarse en su trono para gobernar a su pueblo.

Los tres aos que predicaste contra viento y marea, infundiendo una sencillez y una pureza sin par, no fueron suficientes para hacerte profeta en tu propia tierra ni para salvarte del suplicio final, pues en una de tus visitas a Jerusaln, la ciudad prometida, fuiste delatado por uno de tus doce apstoles y hecho prisionero por Poncio Pilato, quien, por medio de un consenso en el que tus enemigos votaron en contra de tu libertad, te conden a morir crucificado entre dos ladrones. O sea que a los 33 aos de edad, t, Hombre y Dios a la vez, recorriste el largo camino del Glgota, sin poderte salvar de la cruz, los ltigos y la corona de espinas.

Desde entonces, t, que asumiste el castigo por nosotros los pecadores y sacrificaste tu vida para salvarnos de las calamidades, te has convertido en el talismn de los falsos profetas, en cuyas iglesias usan tu imagen y tu nombre para predicar evangelios ajenos a los que nos legaron tus apstoles, quienes, fieles a las sabias enseanzas de su Maestro, nos acercaron a uno de los testimonios ms trascendentales de todos los tiempos.

Por todo lo expuesto, no importa que me quede suspendido entre las dudas, o me cambien las preguntas cuando ya tengo las respuestas, puesto que estoy convencido de que a veces, como bien deca Jorge Luis Borges, son ms importantes los enigmas que las explicaciones.





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