Bolivia | Literatura

Discurso de Vctor Montoya cuando ingres a la Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil



Cuando empec a trabajar en una Biblioteca de Nios en Estocolmo, me qued maravillado, por primera vez, ante un cofre literario lleno de joyas destinadas a los pequeos lectores, pues hasta entonces viva aferrado a la idea de que los cuentos infantiles existan slo en la tradicin oral y la memoria colectiva, y no en los libros impresos con fascinantes ilustraciones que, adems de despertar la sensibilidad esttica de los nios, eran varitas mgicas que estimulaban su fantasa.



Como todo ser humano, desde que el mundo es mundo, desde la noche de los tiempos, he vivido atrapado por los mitos, las leyendas y los cuentos provenientes de la tradicin oral; por esas historias que, remontadas en las alas de la imaginacin popular, se han transmitido de generacin en generacin y de boca en boca.

An recuerdo que mi abuela, una chola oriunda de una pequea provincia del norte de Potos, haciendo gala de un lenguaje salpicado por vocablos quechuas, me refera las aleccionadoras aventuras del Atoj Antoo y el Cumpa Conejo; mientras mi abuelo, un chuquisaqueo de armas llevar, que cat minas con la intencin de convertirse en otro Simn I. Patio, pero quien despus de la revolucin de 1952 y al final de sus aos no encontr ms que la desilusin y la pobreza, me introdujo en los estremecedores laberintos de los cuentos de espanto y aparecidos. As fue como un da, al notar que no poda conciliar el sueo por el temor que le tena a la noche, escuch en sus labios la leyenda del To: Dicen que el diablo lleg a las minas una noche de tormenta, dijo, mientras afuera el cielo se vaciaba en relmpagos y aguacero. Desde entonces no he dejado de pensar en la imagen diablica de ese personaje que habita en los socavones de Bolivia ni en las consejas mineras que adquiran una dimensin particular en la mente de mi abuelo, quien, aparte de ser un narrador jocundo y carismtico, era capaz de embelesar a cualquiera con sus historias fantsticas. Saba gesticular con emocin y cambiar las inflexiones de la voz, a la vez que los ojos se le iluminaban como lamparitas de acetileno y las palabras le brotaban fluidamente, como si todo el tiempo estuviese contando un viejo cuento de magia y de misterio. As era mi abuelo, conocedor de la mina y sus secretos; un hombre de ideas liberales que, tomndome de la mano, me ense a conocer el realismo social y el mudo secreto de los mineros, con quienes compart y conviv desde mi infancia. Conozco las necesidades de sus hogares, el drama de sus luchas y la tragedia de sus vidas, ms trgicas todava cuando se sabe que estos hombres mueren con los pulmones reventados por la silicosis y a cuatro mil metros sobre el nivel de la miseria.

Debo reconocer que, debido a la falta de medios materiales y a la realidad que me toc vivir, no tena la menor idea de la existencia de una literatura infantil, con libros profusamente ilustrados a todo color y con autores que se dedicaban a cultivar apasionadamente este gnero literario, sino hasta cuando sal de Bolivia, exiliado por una dictadura militar, y fui a dar en el techo del mundo, sin ms equipaje que los recuerdos, porque los agentes del gobierno me sacaron directamente de la crcel y me embarcaron en el aeropuerto de El Alto rumbo a Suecia, un pas que, por cierto, me acogi con los brazos abiertos y me ense a valorar el verdadero significado del respeto a los Derechos de los Nios, haciendo hincapi en que uno de esos derechos es su acceso libre y gratuito a la literatura.

Cuando empec a trabajar en una Biblioteca de Nios en Estocolmo, me qued maravillado, por primera vez, ante un cofre literario lleno de joyas destinadas a los pequeos lectores, pues hasta entonces viva aferrado a la idea de que los cuentos infantiles existan slo en la tradicin oral y la memoria colectiva, y no en los libros impresos con fascinantes ilustraciones que, adems de despertar la sensibilidad esttica de los nios, eran varitas mgicas que estimulaban su fantasa.

sta fue una experiencia magnfica para quien como yo, que curs la educacin primaria y secundaria en la poblacin minera de Llallagua, estaba acostumbrado a leer slo por obligacin los cuentos y poemas que, a manera de materiales auxiliares de lectura, se incluan en los libros de texto; en esos manuales didcticos, engorrosos y aburridos, cuyo objetivo principal estaba orientado a impartir las complicadas reglas gramaticales, que a m, como a la mayora de los alumnos, me parecan ms complicadas que las operaciones matemticas.

La Biblioteca de Nios, contrariamente a lo que relata Jorge Luis Borges en La Biblioteca de Babel, no era la metfora del universo ni la esfera de Pascal, cuyo centro est en todas partes y la circunferencia en ninguna; tampoco tena galeras hexagonales ni espejos que duplicaban las apariencias.

La Biblioteca de Nios no era como la Biblioteca de Babel, un laberinto catico donde se esconda el libro anlogo a Dios, que Jorge Luis Borges buscaba enloquecido entre dialectos pretritos y remotos, sino un local exento de leyes divinas, donde los libros eran accesibles a la inteligencia humana y ninguno estaba escrito en dialecto samoyedo-lituano del guaran, con inflexiones de rabe clsico; tampoco exista un libro que fuese la cifra y el compendio perfecto de todos los dems, o un simple laberinto de letras, puesto que buscar un relato coherente en una sopa de letras es lo mismo que querer encontrar una aguja en el pajar.

En la Biblioteca de Nios, nadie necesitaba ms tiempo de lo debido para hallar el libro deseado, pues los anaqueles estaban ordenados en base a un sistema riguroso de computacin, que registraba el nombre del autor, la fecha y el lugar de edicin, el ttulo y el gnero de la obra. En La Biblioteca de Babel, en cambio, todo era impenetrable. Para localizar el libro A, primero se deba consultar el libro B, y para localizar el libro B, consultar el libro C, y as sucesivamente.

La Biblioteca de Nios, donde yo trabaj como si cada da asistiera a un jardn infantil, era el ms concurrido y atractivo de cuanto he conocido; las paredes lucan imgenes arrancadas de los cuentos de hadas, mientras del techo, tan alto como puedan imaginarse, penda un magnfico aerostato, representando La vuelta al mundo en 80 das de Julio Verne, a la vez que el mobiliario estaba hecho segn las recomendaciones pedaggicas de Mara Montessori. De modo que el bibliotecario pareca Gulliver en Liliput y la bibliotecaria Alicia en el pas de las maravillas.

Los nios iban y venan explorando tesoros escondidos en los anaqueles y haciendo chirriar mesas y sillas. Al detenerse de sbito, con la mirada encendida por la emocin, alargaban el brazo y tomaban el libro prximo a sus manos. Luego lo contemplaban de arriba a abajo, de anverso y reverso, y, cuando abran las tapas, quedaban absorbidos en un mundo de aventuras y desventuras, apenas oan las voces de los personajes que poblaban sus sueos.

De las pginas saltaban, uno a uno, Caperucita y el lobo, Aladino y su lmpara maravillosa, Cenicienta y su madrastra perversa, Blancanieves y los siete enanitos, la Bella Durmiente y el prncipe azul que la despierta, la Bella y la Bestia, Pippi Calzaslargas y Nils Holgersson, quien, montado a horcajadas sobre el lomo de un ganso, invitaba al lector a un viaje maravilloso a travs de Suecia, para ensearle la historia, la geografa y las costumbres de este pas escandinavo, donde yo mismo recorr de sur a norte en compaa de la obra de Selma Lagerlf.

La Biblioteca de Nios, hecho de calor y cario, me sirvi no slo para refugiarme en el reino fantstico de los cuentos infantiles, sino tambin para reflexionar que, en el pas que me vio nacer, existen todava quienes viven y mueren sin aprender a leer ni escribir, y cientos de miles de nios y jvenes que no tienen acceso a una sola joya de la literatura infantil y juvenil.

Por lo dems, si La Biblioteca de Babel era el resumen del caos del universo, la Biblioteca de Nios era un plcido jardn, donde los libros parecan flores y los nios mariposas.

As pues, la biblioteca comunal de Tyres, donde trabaj a principios de los aos 80, me permiti retornar a mi pasado y rescatar al nio que habita dentro de m, y a quien, acaso sin saberlo o sin quererlo, lo rechac durante mucho tiempo, hasta que volv a repetir:Desde adentro, desde adentro,/ Desde el fondo de un abismo,/ Viene corriendo a mi encuentro,/ Un nio que soy yo mismo.... Estos versos de scar Alfaro es un autntico Viaje al pasado, a esa infancia que es un tesoro que debemos guardar celosamente y no perderlo nunca, pues ese nio o nia que habita en nuestro fuero interno, mantenindose latente y negndose a morir, se manifiesta de manera espontnea cuando la lgica del razonamiento adulto es vencida por la fuerza del subconsciente, donde gobierna ese nio o nia que constituye el cimiento sobre el cual edificamos nuestra personalidad. No en vano reza el sabio proverbio ingls: El nio es el padre del hombre.

Por eso mismo, me llaman la atencin los versos de aoranza de Pablo Neruda, quien, con su mirada de infancia, irremediablemente perdida, deca: ...Y a veces recordamos/ al que vivi en nosotros/ y le pedimos algo, tal vez que nos recuerde/ que sepa por lo menos que fuimos l,/ que hablamos con su lengua,/ pero desde las horas consumidas/ aqul nos mira y no nos reconoce.... Es decir, El nio perdido de Pablo Neruda, adems de causarme angustia, me provoca una rara sensacin de algo que no quisiera experimentar en carne propia, pues lo que yo quiero, sin vacilar un solo instante, es que mi nio me acompae hasta la muerte, y no porque tenga miedo a hacerme viejo, ni llevar a cuestas el peso de la experiencia y la apariencia fsica, sino, sencillamente, porque as me siento entero, con el anverso y el reverso de mi vida y de mi tiempo.

Ser viejo en lo fsico no es lo mismo que ser viejo en lo psquico. Einstein, por ejemplo, tena el pelo blanco, pero era un nio por dentro; era sabio, pero tena el corazn y la imaginacin de un genio de quince aos, aunque a la edad de los 25 se situ en la cspide de los titanes del pensamiento humano, como Coprnico o Newton, tras descubrir la relatividad del tiempo, de nuestro tiempo. Por lo tanto, debo constatar que no soy el nico adulto que posee alma de nio, sino un adulto ms en quien perdura el peso de la infancia, con una pureza similar a la leche de la bondad humana.

Si todava no se pusieron a pensar, valga recordarles que las obras de los poetas, msicos, pintores y cientficos, nacen del juego de ese nio eterno que se esconde dentro de ellos; de ese nio que nunca pierde la capacidad de entusiasmarse, preguntarse, reinventarse o maravillarse. De no estar presente ese nio juguetn en cada artista, en cada uno de nosotros, sera ms grave la vida y menos llevadera la existencia. Por suerte, la fantasa de un nio se prolonga hasta la muerte, aunque algunos lo desconozcan por temor a perder su autoridad de adultos o porque, sujetos a las normas lgicas y racionales de su entorno, se avergenzan de sus fantasas, como si fuesen propias del infantilismo pueril e impropio de la edad adulta.

Sigmund Freud, en su estudio sobre el poeta y la fantasa, se preguntaba: No habremos de buscar ya en el nio las primeras huellas de la actividad potica?. Sin duda, la preocupacin favorita e intensa del nio es el juego, actividad ldica a travs de la cual se conduce como un poeta, crendose un mundo propio o, ms exactamente, situando las cosas de su mundo en un orden nuevo, grato para l. El poeta hace lo mismo que el nio que juega -dice el padre del psicoanlisis-: crea un mundo fantstico y lo toma muy en serio; esto es, se siente ntimamente ligado a l, aunque sin dejar de diferenciarlo resueltamente de la realidad. Incluso el hombre que cree haber dejado de ser nio y haber dejado de jugar, no hace ms que prescindir de todo apoyo en objetos reales y, en lugar de jugar, fantasea. Hace castillos en el aire; crea aquello que denominamos ensueos o sueos diurnos, aunque a veces se avergenza y oculta sus fantasas ante los dems. Con todo, si el poeta, al igual que el nio, es un hombre que suea despierto, entonces la poesa, como el sueo diurno, es la continuacin y el sustituto de los juegos infantiles, as como los instintos insatisfechos son la fuerza impulsora de las fantasas, y cada fantasa es una satisfaccin de deseos, una rectificacin de la realidad insatisfecha.

Sin la fantasa no seramos lo que somos ni tendramos lo que tenemos. La actividad de la fantasa se expresa en la creacin artstica. Gracias al poder de la fantasa, incubada desde la infancia y mimada hasta la muerte, se han creado los instrumentos de los cuales disponemos en la actualidad. Sin la fantasa no hubiera existido un Leonardo da Vinci ni un Julio Verne, ese cientfico apresurado que, en su vida y en su obra, fue un nio-viejo, como lo fue Jonathan Swift en los Viajes de Gulliver, J.R.R.Tolkien en la fantstica epopeya de El seor de los anillos, Lewis Carroll en Alicia en el pas de las maravillas, los hermanos Grimm en sus cuentos de hadas, Hans Christian Andersen en sus cuentos fantsticos y J.K. Rowling en las aventuras de Harry Potter. Tambin Michael Ende -otro de mis escritores favoritos- reivindic la infancia como la etapa ms noble del ser humano, una etapa mgica en la que todo es posible, incluso escribir la Historia interminable, una larga correra por la fantasa, sin saber luego cmo salir de ella para retornar a la realidad externa, donde muchos viven atrapados en las redes de un mundo lgico y enteramente racional. l mismo, con su aspecto de cientfico bueno y la pipa en los labios, manifest: Desde la escuela han hecho sentirme diferente, ste es un mundo en el que no se ama a los soadores. Pero, por otra parte, nunca cre que los otros fueran como se comportaban. Siempre he pensado que en el fondo, los otros son como yo, slo que no lo saben. Otro nio-viejo fue James M. Barrie, el periodista escocs y aspirante a escritor, quien cre un personaje universal llamado Peter Pan, el nio eterno que se neg a crecer.

Sin embargo, as como los adultos se empean en hacerse mayores y en esconder el Peter Pan que los habita, yo me empe, como les iba contando, en estrangular al nio que llevo en mi interior, sin entender que l tambin tena derecho a vivir como el adulto que intent desalojarlo. Pero fue una misin imposible, porque el nio que me habita se arm de coraje y, al igual que Peter Pan -el pequeo gran hroe que poda volar como un pjaro y resistir los embates del temible capitn Hook-, decidi enfrentarse a mi ser adulto y defender el lugar que le corresponde en mi vida.

Desde entonces me ha sido ms fcil identificarme con los personajes del maravilloso mundo de la literatura infantil y juvenil, con Pulgarcito de Charles Perrault, El Principito de Antoine de Saint-Exupry, Nalle Puh de Alan Alexander Milne y Pippi Calzaslargas de Astrid Lindgren, cuyas aventuras de desobediencia y desacato a la autoridad de los adultos me fascinan de manera especial, puesto que la picarda del Lazarillo de Tormes, la ternura de Mary Poppins y las aventuras de Peter Pan, son elementos integrantes de la fantasa tanto de los nios como de los adultos, as stos ltimos se nieguen a reconocerlo porque han olvidado su infancia o porque se hacen de ella una idea casi artificial, como cuando se niega obstinadamente la conocida frase de Nietzsche: En aquel hombre hay oculto un nio que quiere jugar.

Ya dije que, por mucho tiempo, negu al nio que habita en m. Es decir, haba domesticado y reprimido mi fantasa, haba supeditado mi mundo interior al exterior, hasta que un da, por esos azares que no se pueden explicar, lo fantstico encontr la manera de vengarse y de emerger, como ese actor frustrado que por mucho tiempo permaneci maniatado en las catacumbas del subconsciente. De ese desfogue naci el escritor que me tom la delantera, consciente de que uno de los grandes filones de la literatura es la historia protagonizada por las nias y los nios insatisfechos, quienes buscan refugio en la fantasa para escapar de una realidad insoportable o, simple y llanamente, aburrida y desastrosa. Quizs por eso, los nios de mis cuentos suelen ser imaginativos y solitarios, que a veces hablan poco y lloran sus penas en secreto, nios que viven una doble vida: la cotidiana y la de su propio mundo fantstico.

Ahora bien, para quienes en el silencio, y a estas alturas de mi intervencin, se estn preguntando cules son los libros de literatura infantil que escrib a lo largo de mi vida, la respuesta es nica y concluyente: no escribo libros para los nios ni las nias, sino ensayos sobre la literatura infantil, por la sencilla razn de que a los nios, en estos vericuetos de la literatura, no se les puede meter gato por liebre. Por eso mismo admiro a quienes, entre borbotones de ternura y deslumbrante ingenio, dedican todo su tiempo y talento a escribir con la pasin del alma libros destinados a los pequeos lectores, sin ms pretensiones que crear obras hechas de encantos y espantos, luego de haberse zambullido en los pensamientos y sentimientos de sus protagonistas, en sus conflictos emocionales, en sus actividades ldicas y, sobre todo, en su lenguaje, que es el eslabn ms importante de la moderna literatura infantil y juvenil.

Ahora que he retornado a esta hermosa tierra que me vio nacer, despus de ms de treinta aos de ausencia, me empapar de su realidad desmesurada y contradictoria, en un intento por seguir las huellas de nuestros precursores como scar Alfaro, Hugo Molina Viaa, Yolanda Bedregal, Beatriz Shulze Arana, Rosa Fernndez de Carrasco, Gastn Surez, Paz Nery Nava, Elda de Crdenas, Alberto Guerra Gutirrez y Antonio Paredes-Candia, para luego descubrir y redescubrir la obra del medio centenar de escritoras y escritores que estn registrados en la Academia, donde algunos, con ms bros que otros, brillan con luz propia en la constelacin de una de las literaturas que mejor estimula el hbito de la lectura en quienes maana sern los grandes lectores de la gran literatura universal.

Y para terminar este mi cuento, slo cabe manifestarles que me siento muy, pero muy feliz de ingresar como miembro honorario a la Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil, una institucin forjada por personas honorables, que se dedican a cultivar el noble oficio de las letras, en medio de un grupo selecto de colegas que, a partir de este memorable acto, vivirn para siempre en el corazn humilde de este escritor que, ande por donde ande, jams dejar de ser un nio boliviano.














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