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Los movimientos ultracatlicos ganan la partida


Por Agencias
Publicada:2013-02-11

El papado de Joseph Ratzinger pasar a la historia por sus intentos tardos pero sinceros de limpiar la imagen de la Curia y de la Iglesia, mancillada por los miles de casos de abusos a menores ocurridos en los ltimos 50 aos en instituciones y colegios catlicos de medio mundo, y por la sistemtica tarea de ocultacin que emprendi la jerarqua durante el reinado de su antecesor, Juan Pablo II.


Foto:Ramn Maldonado
Es verdad que Ratzinger fue el brazo teolgico de Wojtyla en la Congregacin para la Doctrina de la Fe, pero mientras el Papa estuvo vivo la consigna fue tapar y proteger a las ovejas descarriadas, y sobre todos ellos al lder de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, elevado al altar de asesor principal de Wojtyla e inmune a toda condena pese a la tmida oposicin de Benedicto XVI, que solo pudo poner orden cuando lleg al trono de San Pedro y que finalmente puso bajo tutela al movimiento entero.

El ortodoxo cardenal alemn de alma tridentina ha sido durante su mandato un Papa solo, intelectual, dbil y arrepentido por los pecados, la suciedad y los delitos l emple estas dos palabras por primera vez de la Iglesia, y rodeado de lobos vidos de riqueza, poder e inmunidad. La Curia forjada en tiempos de Wojtyla era una reunin atrabiliaria de lo peor de cada dicesis, desde evasores fiscales hasta pederastas, pasando por contrarrevolucionarios latinoamericanos y por integristas de la peor especie. Esa Curia digna de El Padrino III siempre vio con malos ojos los intentos de Ratzinger de hacer una limpieza a fondo, mientras los movimientos ms pujantes y rentables, como los Legionarios, el Opus Dei y Comunin y Liberacin, torpedeaban a conciencia cualquier atisbo de regeneracin

La Vaticalia eterna, esa espesa gelatina formada por cardenales y civiles que confunden los intereses de Italia y los del Vaticano y hacen negocios cruzados en los dos Estados mientras deciden las cosas importantes, se ha empleado a fondo en estos siete aos para mantener sus privilegios e impedir al mismo tiempo la renovacin de la Curia y la modernizacin de Italia, especialmente en dos sectores, las finanzas y la informacin, los imperios donde ms poder e intereses tienen el Opus Dei y Comunin y Liberacin, los movimientos ultracatlicos que ms medraron, junto a los Legionarios, durante el largo papado de Wojtyla.

As, los asuntos turbios y los escndalos han sido moneda corriente, y a vuela pluma se pueden citar varios que demuestran cmo el poder vaticaliano en la sombra, aliado de hierro de ese gran pecador llamado Silvio Berlusconi y dirigido y protegido por su mano diestra, el andreottiano Gianni Letta, ha desafiado de forma reiterada la autoridad y las invocaciones a la honradez del Papa. El falso papel que acus de homosexualidad a Dino Boffo, director de Avvenire, para forzar su dimisin; los manejos que acabaron con el cese fulminante del presidente del banco vaticano, el Instituto para las Obras de Religin (IOR); el ascenso de Angelo Scola, nico cardenal de Comunin y Liberacin, al arzobispado de Miln para sustituir al progresista Tettamanzi y preparar el relevo de Ratzinger; el caso nunca aclarado del mayordomo, cabeza de turco de un ms que probable espionaje sistemtico al Papa; y el escndalo de la Proteccin Civil que salpic a un gentilhombre y a media administracin berlusconiana son solo algunos ejemplos de esa comunin de intereses entre la poltica italiana y la curia vaticana.

El papado de Ratzinger, en ese sentido, ha sido un rotundo fracaso: pese a las crticas, su honestidad intelectual es indiscutible, pero al final ha estado muy por encima de los resultados obtenidos. Los lobos han ganado la partida, pero su renuncia, meditada para evitar un segundo calvario en directo como el vivido con la interminable agona de Wojtyla, sita a Joseph Ratzinger como un pastor derrotado y coherente que, harto de luchar, se retira a la clausura antes de ser devorado por los buitres. Que sea el primer caso en 600 aos dice mucho sobre el nivel de la iniquidad con el que ha convivido. Que no se haya filtrado la noticia lo dice todo sobre su soledad.

Este Papa ha sido el gran Inquisidor de la fe cristiana, no ha sido abierto y tolerante, como un telogo de formacin debera haber sido, explica Juan Jos Tamayo, uno de los telogos ms reputados de Espaa. La primera reaccin ha sido de sorpresa, porque es algo totalmente atpico e infrecuente que un Papa dimita, pero hay que tener en cuenta que Benedicto XVI accedi al pontificado con 78, ha sido el Papa de ms edad en acceder al trono de San Pedro y claro, la edad, la salud, la capacidad, su responsabilidad se han visto deterioradas en los ltimos tiempos.

Tamayo recuerda otra renuncia papal: "Quiz histricamente, una de las dimisiones ms llamativas fue la de Celestino V, que abdic para volver a su vida monacal. A este Papa le eligieron en la Edad de Hierro del Vaticano, en la Edad Media. Fue designado para luchar contra la corrupcin y el autoritarismo de la poca, pero se vio abrumado por el peso de la labor y lo dej.



Tamayo no cree que el caso de Benedicto XVI sea el mismo, pero este Papado ha tenido muchos problemas, segn el telogo. El Papa no ha sabido dar respuesta a los ms de 1.200 millones de catlicos que hay en el planeta y que buscaban respuesta a cuestiones como la libertad de expresin y ctedra y ha limitado el pensamiento crtico de la iglesia.

El mayor problema ha sido la pederastia. Un asunto que ha sido el mayor escndalo de la historia del Cristianismo y que le estall en las manos. Al principio impuso el silencio cuando era presidente de la Congregacin para la Doctrina de la Fe y luego tom medidas tibias, sin aplicar las medidas que contempla el derecho cannico para estos casos y sin colaborar con los tribunales civiles.

Tamayo expone que Ratzinger fue el guionista del papado de Juan Pablo II y que en el momento en que le toc ser actor principal no supo hacerlo bien. A parte de ser recordado como El Papa que dimiti pasar a la historia como el que reforz los controles dogmticos de los telogos y la estructura jerrquica piramidal de la iglesia, dejando fuera a la mujer y la opinin de los fieles.

En cuanto al futuro, el telogo vaticina que el prximo Papa ser continuista con la labor de Benedicto XVI , por dos motivos; primero porque el colegio cardenalicio ha sido elegido por l y segundo porque influir directamente en la eleccin del sucesor.
por Europa Laica/ y el pais














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