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Roberto Follari: Los medios de comunicación tienen un rol político que no les corresponde, ilegítimo


Por Agencias
Publicada:2013-02-17

Quito, 11 ene (Andes).- Los medios de comunicación del Ecuador y la región tienen un importante rol en la época de elecciones. En estos periodos, los medios pueden dirigir la opinión de la gente, tergiversando información, descontextualizando, o mintiendo abiertamente.


El argentino especialista en medios de comunicación Roberto Follari conversó con la Agencia Andes para tratar este y otros temas referentes a los medios de comunicación –públicos y privados- y su rol político.

¿Cómo te encontraste la situación de los medios en Ecuador a propósito de la coyuntura electoral?

Bueno, no ha habido grandes cambios tanto en el rol de los medios privados como de los públicos. En general, los medios públicos han tendido al respeto de las reglas de tener que ser ecuánime de acuerdo a todo lo que se ha planteado en toda la reglamentación electoral. Y en los privados se advierte una situación un poco extraña, por lo menos en algunos he visto que no titulan en primera página sobre las elecciones, lo cual daría la impresión de que estos medios –que, lamentablemente, operan como opositores políticos cuando deberían ser medios de información, en todo caso de opinión– tienen una especie de aceptación implícita de que el candidato presidente, Rafael Correa, tendría muchas posibilidades de triunfar porque no hay un acento en la campaña electoral como forma de oposición de estos medios que habitualmente operan así. Ahora, sí hay oposición permanente en otro tipo de temas. Me ha tocado leer en un diario que los dos fallecidos de Alianza PAIS (en Quinidé) es presentado como un problema de falta de seguridad en las campañas, con lo cual AP que ha sido la víctima parece que fuese el victimario.

De modo que la forma habitual que esto se da en otros países de América Latina –es un solo libreto– se mantiene aun cuando no tan acentuado sobre la elección misma, sino como una ataque generalizado más difuso.

¿Dices que el ataque de los medios de comunicación disminuyó en intensidad por la fuerza de la candidatura de Correa?

El ataque es frontal pero no en el tema electoral. Sí hay un ataque permanente pero no tanto en cuanto a la esperanza de ganar en las elecciones porque es curioso que, a pocos días de las elecciones, no se titule con temas electorales y esto aparezca en páginas secundarias. Sí, aparentemente es eso: que la fuerza del candidato presidente lleva a que otros candidatos con posiciones enfrentadas –hay uno que es banquero, todos lo saben–las de él diga que va a mantener todos los planes del presidente Correa y los va a mejorar. Bueno, eso suena a disparate o a una promesa de derrota porque si se trata de hacer lo mismo que va a hacer este gobierno, la gente vota por este gobierno.

A los medios públicos se los ataca por manejar una agenda cercana al régimen, a mostrar las obras del gobierno. ¿Has encontrado esto?

Bueno, tengo la impresión de que ha habido cierto esfuerzo por mantener las reglas. Si bien la reglas hablan de ecuanimidad, de proporcionalidad. Pero una cosa es la ecuanimidad y otra la proporcionalidad porque, en este caso, el peso electoral del presidente Correa es enormemente mayor que el de los demás candidatos –incluso, puede que de todos los otros candidatos juntos–, que no son pocos. Tener un peso informativo mayor sobre Correa les pasa a los medios opositores solo que para atacarlo, de quien más hablan es de Correa. Entonces, efectivamente ellos le dan más espacio por ser el que tiene mayor peso político. Uno querría idealmente que los medios estatales no fuesen muy cercanos a lo gubernamental, pero para eso –idealmente, también– los medios privados debieran defender los intereses de todos, ser objetivos, no operar como oposiciones políticas.

Los gobernantes han sido elegidos para gobernar, pero en nuestros países latinoamericanos se ven constreñidos permanente por el ataque de la prensa –la prensa que se le mete a la gente en el hogar todo el día, que hace ruido todo el tiempo– y por eso tiene mucho peso en la opinión y que, a veces, no permite gobernar con tranquilidad, con razonabilidad y no permite cumplir aquello para lo cual se ha dado el voto. Si un gobernante no cumple pues debe ser la población que lo decida pero no tener que soportar campañas permanentes.

Los medios que en algunos de nuestros países (Argentina, Venezuela, por ejemplo) los medios estatales aparecen como si fueran gubernamentales porque los medios privados aparecen como oposición política y están cumpliendo un rol para el cual no están autorizados ni siquiera desde el punto de vista legal.

Yo insisto en que todo miedo tiene derecho a tener una opinión pero, primero, tiene que decir cuál es, no mentir diciendo que son independientes, decir somos esto o aquello como hacen en EE.UU. por ejemplo. Los medios acá disimulan y se hacen los independientes, los objetivos, etc. Y, segundo, no les corresponde a ellos una actitud directamente de acción política, no es ese su rol.

Al parecer hay una práctica, un discurso, común en la prensa y en la oposición de América Latina…

Estos son gobiernos que tienen un apoyo popular muy grande y hay afectado los interés de actores hegemónicos, de los que históricamente han tenido todo el poder político, económico. Entonces el efecto es que los opositores se sienten como obligados a atacar de cualquier manera porque son procesos fuertes –pero no porque sean duros ni hegemonistas- son fuertes porque tienen apoyo popular fuerte y esto les da la posibilidad de una transformación social importante.

Entonces, desde la impotencia los opositores, en vez de entender que si hay un gran apoyo popular es porque debe haber algunas cosas buenas, que tuvieran la habilidad de apoyar lo bueno, pero no hacen eso.

Lo que hay sobretodo es un ataque de los medios porque como no son un partido pero pretender serlo, su único poder político es desgastar. Un medio no puede convertirse en partido y lo único que puede hacer es dedicarse a molestar, a desgastar, erosionar, atacar, insultar, injuriar, en fin. Esto se ha hecho muchas veces. Y si no por lo menos lo que hacen es tener una actitud de obstaculización al funcionamiento de determinado gobierno.

En todo caso, si alguien quiere pasar a la política que pase, como ya ha pasado en nuestros países pero no que sean periodistas políticos y cuando se les pregunte digan “no, yo soy periodista objetivo”.

¿Esta práctica en América Latina es una coincidencia?

No, no, no. Para nada está hecha al azar, quizás en un primer momento fue espontánea. En Argentina, por ejemplo, hay una estrategia llamada “golpe blando”, desarrollada por Gene Sharp. Ahí están los pasos de cómo se hace un golpe de Estado sin intervención militar pero que haga caer al gobierno por desgaste, ataques, movilización popular, carteles en la redes sociales, uso de internet, etc.

Crear insatisfacción permanente es uno de los pasos pero está también el presentar a los gobernantes como corruptos, como hegemonistas, como despóticos. Ningún otro gobierno de Argentina ha respetado tanto las libertades públicas, son los opositores de hoy los responsables de asesinatos anteriores.

En América Latina se puede insultar todos los días sin que haya ninguna censura previa ni requisas posteriores de material como sucedía en las dictaduras. Es decir, se goza de absoluta libertad de prensa, de reunión, de presentarse políticamente, de hacer lo que se quiera. Los opositores quieren hacer creer que estamos en una dictadura porque los medios dicen todo el día que no hay libertad de opinión.

Ahora, en Argentina, somos censurados los que estamos a favor del gobierno y somos censurados por el poder mediático privado. Si hay una censura es la del poder económico. Entonces, al principio pudo ser espontáneo pero ahora hay expertos en hacer que la gente se enoje, expertos en producir descontento permanentemente, artificiosamente, utilizando lo que León Gieco llama “esa pobre inocencia de la gente”, que ven los periódicos, que ven la tele.

Libertad de expresión, ¿no existe en la Región?

Uno analiza la cantidad de veces que en un mismo periódico se ataca a la figura que ha sido elegida de manera legítima por el pueblo para gobernar un país –y se puede hacer una y 10.000 veces- y si una de las 10.000 veces se dice “bueno, esto tiene un límite” entonces repiten que se agrede a la libertad de expresión todos los días.

En Argentina, no hay ni un caso, ni uno solo, en que la presidenta haya iniciado acciones judiciales por injurias. Este gobierno retiró el delito de injurias sin que nadie se lo pidiera. Y resulta que, sin embargo, se habla de que no libertad de prensa que no es la primera de las libertades, la primera es la liberta de expresión. Esa libertad la tienen todos los ciudadanos; la libertad de prensa, en cambio, es solo de los dueños de los medios, que son muy poquitos en cualquier parte.

Hoy entregan premios a la libertad de expresión, lo hacen entre medios y periodistas que trabajan en medios privados. ¿Qué lectura le das a ese fenómeno?

Me parece que las derechas intentan legitimarse con este tipo de premios, de presentaciones de lo suyo como maravilla. Pero sobre todo lo que intentan es desacreditar estos procesos planteando que son conflictivos, que liquidan la unidad nacional. La unidad nacional ha estado liquidada siempre porque los pobres estaban lejos de todo, invisibilizados en nuestros países. Y, claro entre los de arriba sí había unidad, había una gran armonía entre ellos. Cuando los pobres hacían algún ruido, mandaban la policía y los golpeaban. Listo, eso quedaba en la última página de algún diario y todo estaba tranquilo. Ahora, en cambio, cuando los de abajo aparecen, cuando son visibles por fin, cuando son ciudadanos –todavía, por cierto, con limitaciones-, cuando son sujetos de derecho, tienen un rol social y una vida más digna, ahora es que se nota la falta de unidad que había antes. Porque antes estaban fuera, expulsados, invisibilizados, eran los condenados de la tierra.

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