Estocolmo - Stockholm | Crónicas urbanas

Las canillas como eslabn.


Por Alejandro Fischer Alquinta*
Publicada:2013-04-16

En un librito, escribia sobre la existencia y desarrollo de mi clase obrera, mencionando en l, algo de mi padre. No porque all sido obrero, porque nunca lo fue; pero me tenan cachudo sus ojos tristes, como queriendo advertirme, de las diferencias enormes que se desarrollan entre los seres humanos.


El mirar de los ojos de un nio que tiene pan y acelga, son muy diferentes a los que no tienen nada. Lo curioso es, que los dos creen, que las cosas tienen que ser as. No existe para ellos un referente de desigualdad ni menos de igualdad.

No es que el nio sienta as, es nio; pero no es tonto; lo que pasa, es que la realidad circundante, va siendo su silabario, sus cadenas, su conciencia.

l acta de acuerdo con esas realidades se va acomodando al paso de los silabarios, los principios y valores paternales y circundantes. El nio nace con su genio, que depende de sus necesidades que tiene y de las que no tiene.

Lo que sale de ah, no lo sabe nadie.

Al igual que mi padre mis hermanos parecen gringos; una vez cont que cachuriando, encontr una foto de mi padre cuando era nio: llevaba unos delantales con pinzas, era un vestido blanco, zapatitos con correa fina; calcetines con vuelitos, cara redondita y fina, cabellos que caan enrizados, a lo sauce llorn; la cuestin es que mi hermano mayor, Manuel, era muy parecido a l; cuando tenamos nuestras disputas, yo le gritaba maricn de la foto y arrancaba
Quizs por eso me internaron siempre. Yo desentonaba en el conjunto.

Mi hermano era el regaln de medio mundo, mi hermana la princesa. Yo era mas bien oscuro, tena el pelo chuzo y no le hacia gracias a nadie.

Me decan cuchayuyo. Mi hermana Julia, fue la nica que me quiso, me protegi y en algn sentido: me pari y me va a parir siempre.
Un da, llegue a casa, ella no estaba, se haba ido a estudiar a los Estados Unidos Cresta dije yo, quien me va a defender ahora As que, agarre mis brtulos y tambin me fui.

En esos tiempos, sucedieron muchas cosas.

Mirando por rendijas, conoc a Julieta Campusano, Mireya Baltra, Cipriano Pontigo, Gaspar Diaz Mas de una vez metieron sus dedos en mi mata chuza Todos ellos eran astillas de un mismo palo, mas tronco que palo El tiempo paso, conoc a Marta Ugarte, Corvalan, Volodia Fueron para m, un referente de guatita llena.

Esas astillas que sostienen mi alma e intelecto, se han prolongado y transformadoEl tronco o palo es enredadera: Lautaro, Guillermo, Jaime y Juan; Gladys, Karol, Camila y Camilo, Barbara y Cristian, me faltaran comas si me voy por esa acequia Y el gato, como el tango, alerta debajo del farol de la ciudad o de los hospitales en que vivimos.

El conocer las astillas que hacen el tronco, hay que decir tambin, que de cuando en cuando, el tronco se ve invadido por termitas. La nica manera de combatirlas es estudiando, discutiendo tolerante y sabedor, de lo que se esta hablando; meterse en las vsceras y rincones de los barrios, poblaciones, sindicatos hay que ir a vestir,a educar al Luchin Jara. Tenemos que impedir que nunca ms tenga el poto sucio.

As se matan las termitas

Lo que me duele en mi mirar y sentir, es la utilizacin de mi creencia, de su estructura; para beneficio propio; ya sea este, para el lvido, la patudez, codicia, celos y envidia, arrogancia y ceguera Y cranme, hemos tenido, tenemos quizs
! me faltan dedos

En mi pas, cuando yo era cabro, las familias por lo general, cuando no pelean, (la pelea entre familiares, dios me libre) tratan de vivir en patota.

Es decir, viven juntos padres, abuelos, abuelas y nietos hasta primos, tas y tos viven en la misma casa. Ese modo de vivir, funciona o al menos es una forma de empezar una nueva vida. No falta nunca el que va a la cochiguagua, pero no es esa la caracterstica.
En el caso mo, paso algo parecido, cuando mi padre salio jubilado del territorio gringo; nos fuimos a Copiap.

En la casa materna de mi viejo, la quinta; vivan 14 personas sin contar a Don Hemogenes, el mediero.

En realidad eran 13 y un cacho.

El cacho, era yo; no me avena y menos entenda, esa forma de vivir.
Yo me perda, al fondo de la quinta a jugar. Podra haber estado das en medio de maizales y papas; con tanto gento, no habran notado mi ausencia, ni tampoco notaban mi presencia.

No creo que mi familia viviera as por amor familiar; ms bien era por necesidad, por oportunismo; ms bien por circunstancias pencas.

El vivir de mi familia era como el sistema del riquerio. Doce miembros la pasaban relativamente ms o menos; cada uno cuidando lo suyo; yo me iba al fondo del predio a conversar con la arena, los damascos, las brevas, las cebollas, los pjaros, los indios y con Kid Colt.

Dos de los catorce, la pasaban el descueve, uno esta ahora en el horno y la otra no sequizs una semana en el horno y la otra tocando la cornetita. Don Hermogenes, se pasaba el da tirndose las mechas.

La jefa de todo, mi abuela, viva sola en el centro de Copiap.

Tena una tienda que se especializaba en trajes y accesorios de novia.

Lo comico de esto, es que esa tienda, con el tiempo irnico y de poto, se trasform en ventas de gneros y en donde se distribua El Siglo.

Para terminar con este captulo contar que: la jefa, que era la madre de mi padre, mi abuela, no tuvo mejor ocurrencia, teniendo 359 das para escoger y morir, elige justito el da de mi cumpleaos.

A la cresta la torta
Todas las cosas tienen relacin con otras, no importa la distancia ni la clase de natura; todo tiene su historia, como deca un hermano que no quiso ser ms hermano.

Por eso me llama mucho la atencin, la actitud de la Asamblea de los Originarios de Amrica, que no quisieran tomar en su agenda, la demanda del pueblo boliviano, por una salida soberana al mar. Manifestaban que esa problemtica encerraba a dos naciones o gobiernos no eran problemas que les tocaba a ellos.

Con esa visin del mundo, se entiende completamente, el porqu se puede oprimir a calzn quitado a los pueblos originarios en sus respectivos pases.

El Imperio est metido en todas partes. Su enemigo principal es la unidad de los pueblos oprimidos, con un mismo comn denominador.Todos los problemas de los originarios, son los mismos que los del resto de la ciudadana asalariada, cesante y explotada.

Volviendo a la quinta:
Alguien de los que se haban quedado en ella grit: Calabaza, calabaza, cada uno p su casa.
Se fueron todos, quedo solamente mi padre, no cachando ni una.

Algunos volvieron a los cerros de los gringos, otros se dedicaron a la politica, sin jugar a la muerte.

Politica representativa no contingentes le dicen otros buscaron no s que cosa; la cuestin es que se fueron.

El tiempo pasa para todos iguales; el tiempo que pasa por dentro, en una escuela maravillosa Por eso es sabio lo que dijo Camila, refirindose a Fidel: el joven ms viejo de la revolucin .
En mi nueva ciudad, fui en busca de las sandias como dice, mi amado primo Jorge, ese que vive en Australia.

Andaba sin agua sin pan ni colchn.
En forma indirecta, me encontr con la JOTA; mejor dicho con el partido los caminos empezaron a ponerse ms parejos, me hice de un montn de hermanos y hermanas: Jaime, mi pitufo querido, su padre y su madre y todas las muchachas y muchachos de la Normal.
Los Munizagas, el Lucho Espindola, el Oscar Aravena,el ganso Gus, el Meico, el coro de la UTE. Los seminaristas, mi seminario, el cura Visigalli: que me dejo los cachetes del poto ardiendo, por los barullazos, que me dio, por andar en horas de clase, juntos con otros, tomando malta con leche en el salon de T La Pompaduor.

Llegaron los tiempos que acariciaban los aos del 68/69. Yo andaba casi montado, en caballo chucaro, con todas mis ventanas y puertas abiertas. mirando siempre de frente,
En esos tiempos, iba yo y venia a Copiap. Me quedaba solamente una noche; yo quera tejer mi infancia, necesitaba respuestas, del porque de sus ojos tristes, necesitaba entender su soledad, sus miedos, su alma de titiritero.

Quera que me hablara de su esposa No pude nunca preguntarle.

Lo encontraba enterrado bajo una lampara a carburo, parafina o a una vela enterrada en candelabro, jugando al solitario o tallando un naranjo antiguo.

No recuerdo las cosas que nos deciamos eran fragmentos con una inmensidad de silencios.
En la madrugada, viajando de regreso, un pedazo de ternura me traa en mis bolsillos.

En la Chimba cantaban los grillos, los perros y el caminar de reloj del tren; no s, si fueron los perros o los grillos, que le dijeron:Calabaza, calabaza, cada uno p la casa Agarro su bal antiguo, se subi al tren y se fue a Pueblo Hundido; como la burra de un tren de carga, sigui a mi hermano a El Salvador

Volver al norte como trompo sin lienza ni punta, tiene que haber sido penca; como un beso a solas y solo.

Los cerros no alcanzaron a terminar l: calabaza, calabaza y el viejo ya estaban en Santiago.
Mi padre no era de capitales, se fue quedando mudo, sediento y ciego.
En esos tiempos nos hicimos amigos.

En vez de viajar a Copiap, lo hacia para Santiago cuatro veces?. Lo sorprenda solo, tirado en la cama Le ayudaba a vestirse y nos bamos a tomar vino, a un bar, frente a la plaza Brasil.
Dos botellas eran la cuota. Regresbamos a casa, me hacia unas merluzas y desapareca la tercera.

Siento que, algunas horas en cuatro aos, viv con el como cincuenta inviernos.
Mi viejo fue en su juventud un introvertido mijito rico.

Su rebelda la expres en abandonar todo, irse a la selva del chaco boliviano, en una compaa ambulante, hacerse actor de teatro, hacerse profesor y quedarse mirando a travs de una ventana, el vuelo del Albatros que le diga: calabaza, calabaza y que se lo lleve con l.
Era por ah por el 75/74Me llama el rector de la Escuela y me pasa el telefono: El albatros haba pasado por la ventana.

Viaje a Santiago, llegue a la morgue, en una mesa de acero estaba su cuerpo hueco. Parecia una guitarra empelota, sin cuerdas y clavijeros rotos

En los ltimos tiempos me enseo, que no importaba que yo fuera cochayuyo y l, l maricn de la foto; porque tenamos las mismas canillas.

Las de mis hermanos eran lozanas y musculosas; las de mi padre y las ma, eran de garza
Me apure a lo que fui: vestirlo y despedirme alli mismo.

No me gusta el gento ademas, los hermanos de mi padre eran hijos de los sepultureros.
Tena un socavn enorme en su jardn de huesos y piel...Lo rellene con papel entreverando en los papeles, met una bolsita de gnero como escapulario, dentro de ella, iba como guardia de honor, mi carn de la JOTA.

Quedo bonito con su terno verde aguay en lo ms profundo de su cuerpo, parte de mi alma, para seguir en azul, conversando.
A la salida del crematorio, agarre una parte de sus escombros y regrese por mis caminos.
Anduvimos juntos un tiempo. Fueron momentos de muerte, complicadoYo sentia en mi interior, el poderoso batir de alas de Albatros.

El queria calabaza, calabaza
Me fui a un balneario bonito, lleno de botes y pjaros, olor a mar, a caleta. Vaxholm se llama.
Por uno de sus muelles llevaba en una mano el nfora y un tinto, en la otra dos vasosMe sente al final del muelleLlene los vasos, tire al mar su cuerpo de ojos tristes y el vino con vaso y todoyo me tome el mio, para desenrollar una lagrima atravesada en el cogote. Todos los aos en verano, la misma rutina.

Voy al mar a tomar vino, y a conversar con el Albatros de cerros.

Necesito decirles que: Estaba limpiando mi casa; sacudiendo, limpiando muebles, aspirando, lavando el piso; cuando de repente, me veo las canillas estas las he visto en algn lado, me dije.

Fui a buscar la cmara y les saque una foto Eran iguales a las canillas de mi padre Y se me vino como avalancha, todo lo que les conte.

Eso me enrostra, que una visin cualquiera, un recuerdo, una palabra, una mirada, un caminar, unos labios, una cancin, un

dolor; encierra y se relaciona con otra y con otras, que han cambiado tu vida y de varios ms.
Muchas gracias.
Alejandro Fischer Alquinta
2013-04-13













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