El gran hermano nos vigila y controla


Suecia | Política
Publicada:2010-11-13
Por Gutemberg Charquero

Culminando una serie de contratiempos, que como un maleficio se han descargado sobre Suecia, coincidiendo con el comienzo de la segunda Administracin conservadora de Fredrik Reinfeldt, la noticia de que desde la embajada de los Estados Unidos en Estocolmo, los ciudadanos de este pas estamos todos vigilados en el marco del programa de vigilancia de personas sospechosas denominado Surveillance detection program (SDP), cay como una bomba sobre los desprevenidos habitantes del pas



Culminando una serie de contratiempos, que como un maleficio se han descargado sobre Suecia, coincidiendo con el comienzo de la segunda Administracin conservadora de Fredrik Reinfeldt, la noticia de que desde la embajada de los Estados Unidos en Estocolmo, los ciudadanos de este pas estamos todos vigilados en el marco del programa de vigilancia de personas sospechosas denominado Surveillance detection program (SDP), cay como una bomba sobre los desprevenidos habitantes del pas. Aunque no para todos, claro est.

La punta del ovillo se descubri en Oslo el jueves de la pasada semana cuando se revel que ese tipo de espionaje, tena lugar all con la colaboracin de algunos funcionarios y exfuncionarios de los servicios de seguridad, policias y militares noruegos. La tarea se realizaba, segn se revel, desde hace por lo menos diez aos . Los motivos esgrimidos estn implcitos en el mencionado SDP programa destinado a detectar y prevenir eventuales ataques terroristas a intereses norteamericanos en el pas, embajadas principalmente. Una lnea de accin implantada durante el gobierno del criminal de guerra George W Bush con posterioridad al 11-S-01, adoptada, asi como otras tantas infames medidas antiterroristas convertidas en leyes, por la totalidad de los pases europeos.

La noticia de Oslo, capital de un pas amigo del imperio llev, por una evidente asociacin, la inquietud a Suecia otro pas tan o ms amigo, especialmente con la titularidad de Carl Bildt en la cartera de Asuntos Exteriores de Suecia. No pasaron horas antes de que se confirmara que la misma actividad de espionaje se realizaba regularmente aqui. Y entonces empez una ronda trgi-cmica de ignorancias, sorpresas, traslado de responsabilidades de un estamento a otro, que ha ido dejando muy malparados a los responsables y un sabor amargo, de consecuencias serias sobre la credibilidad de los ciudadanos en las autoridades que estos han elegido democrtica y libremente para confiarles su representacin. La manida frase de quin manda aqui para aludir a una situacin de coexistencia irregular de diversos poderes en el orden institucional de un Estado de derecho,volvi a escucharse en boca de observadores politicos y, lo que es ms grave, en la de muchos ciudadanos de a pie.

Por los interrogatorios periodsticos han desfilado, obligados por las circunstancias, pero sin ningn deseo, la ministra de Justicia, Beatriz Ask, que consider que se trataba de un asunto verdaderamente grave y como es habitual en ella, dijo no tener ninguna informacin sobre el asunto.El jefe de la Polica de Seguridad (SPO), Danielsson que tampoco estaba enterado. A todo esto el ms locuaz de los protagonistas de esta lamentable historia, Ryan Koch, un funcionario secundario de la embajada de Estados Unidos en Estocolmo, no tuvo ningn reparo en admitir, desde el comienzo , que la vigilancia se realizaba con el conocimiento y consentimiento de las autoridades en sus diversos estamentos, incluida la Spo. Para completar, ni el primer ministro Fredrik Reifeldt ni Carl Bildt, mximos responsables de salvaguardar la dignidad del pas frente a cualquier violacin de una potencia extranjera, no han estado a la altura de las circunstancias. El primero dijo ignorar los hechos denunciados y el segundo, habitualmente tan suelto de boca, ha guardado silencio.

Por su parte, especialistas en diversas reas vinculadas por su naturaleza a estos sucesos, periodistas de reconocidad autoridad, Dennis Tllborg, Wilhem Agrell, Said Mahmoudi, Henrik Berggren , entre muchos otros han tenido apreciaciones muy crticas tanto sobre la conducta de la potencia transgresora de las normas de derecho internacional, las buenas maneras y los lmites de la diplomacia, como por la conducta de las autoridades suecas.

Entretanto algunos editorialistas y formadores de noticias han intentado minimizar el asunto con el gastado e inmoral recurso de acusar a los antiamericanos de exagerar los hechos. Como si la larga historia de crmenes de lesa humanidad del imperio, el mayor y ms reciente, la invasin de Irak con argumentos que se saban falsos, que en vez de Libertad duradera se convirti en tragedia infinita para millones de iraques, no fuera motivo suficiente para condenar a sus autores. Si condenar tales crmenes es ser antiamericano, que calificativo cabe aplicar a los cmplices que no los condenan?
Como todas las investigaciones, algunas realizadas por los mismos que cometieron el delito, tampoco en este caso cabe esperar nada en concreto y mucho menos una condena a la potencia agresora.



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