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Entrevista virtual a Dostoievsky


Por Víctor Montoya*
Publicada:2014-05-28

Todo estaba confirmado. Acordamos vernos en un casino central de San Petersburgo, una tarde en que las calles parecan flotar en medio de una lluvia intensa y menuda, mientras el cauce del Ro Neva atravesaba como una flecha por el corazn de la ciudad.

Cuando ingres en el local, que luca espejos empotrados en las paredes, araas de cristales esmerilados y alfombras uzbekistanas, lo divis sentado al fondo, tomndose una humeante taza de t. Lo primero que me sorprendi es que no vesta como Mximo Gorki, con rubashka bordada a mano ni botas de cuero tosco hasta las rodillas, sino un traje occidental; camisa de algodn, zapatos de cuero lustroso y un chaquetn algo grande para su talla. En su aspecto, semejante al del terrible Rasputn, destacaba la barba ligeramente desgreada, la frente amplia y la mirada penetrante.

Le tend la mano y me present. l se limit a esbozar una sonrisa afable.

Dostoievsky, Fidor Mijilovich Dostoievsky dijo luego en un tono muy fuerte, como golpendome a los odos con cada acento prosdico.

Nuestras miradas se cruzaron por un instante. Me invit a tomar asiento y pregunt:

Estamos listos para la entrevista?

S contest dubitativo, mientras me serva una taza de t del samovar que reluca en la mesa de mrmol alabastrino.

Entonces te escucho.

S que eres el segundo de siete hijos, pero me gustara saber algo ms sobre tu familia dije, an sin salir del asombro de tener frente a m a uno de los escritores ms clebres del siglo XIX, cuyas obras, adems de haber influido en los existencialistas como Sartre y Camus, inspiraron las teoras filosficas de Kierkegaard, Nietzsche y La metamorfosis de Kafka.

Provengo de un hogar de clase media, donde la actitud omnipresente de mi padre era decisiva en la educacin de los hijos. Claro que su autoritarismo era compensado con el amor y la proteccin de mi madre, quien, por desgracias, muri de tuberculosis cuando cumpl diecisis aos. Tras la muerte de ella, mi padre, que ejerca como mdico de pobres, se sumi en la depresin y el alcoholismo, y, para deshacerse de m y de mi hermano Mijal, nos mand a estudiar en la Academia de Ingeniera Militar de esta ciudad, donde aprend a vivir con cinco rublos al mes, de los cuales me los gastaba cuatro y medio apostando al parchs; pero tambin aqu naci mi inters por la literatura, estimulado por las obras de Shakespeare, Pascal, Vctor Hugo, Hoffmann y Friedrich Schiller, entre otros.

Y cmo muri tu padre, el hidalgo de Darovye?

Muri ahogado en vodka. Sus propios siervos mancomunados, en un intento de apaciguarlo en uno de sus arranques de violencia provocados por el trago y furiosos porque les neg la paga extraordinaria de Navidad, lo inmovilizaron de pies y manos, le metieron el gollete de la botella en la boca y lo dejaron morir como a un perro degollado. A m me doli mucho su muerte, aunque a veces, preso de mis instintos de venganza, le dese la muerte por dspota y testarudo; con todo, desde ese luctuoso suceso, me sent acosado por sentimientos de culpabilidad y viv arrepentido como el detestable Dimitri, el parricida que asesina a su padre en Los hermanos Karamsov.

Al cabo de estas palabras, pronunciadas con un dejo de autocompasin, lo not algo nervioso; crisp las manos, cruz los pies y cerr los ojos. Fue entonces cuando aprovech para preguntarle sobre la epilepsia que padeca desde los nueve aos de edad. l se acarici la barba, suspir hondo y contest:

Esa enfermedad de mierda, que cada vez se haca ms convulsiva y frecuente, me sirvi al menos para describir la epilepsia vivida y sufrida por el prncipe Myshkin en El idiota y la de Smerdyakov en Los hermanos Karamzov.

No quise entrar en detalles y pas a la siguiente pregunta:

Despus de culminar tus estudios de ingeniera, con el grado militar de subteniente, dnde conseguiste trabajo?

En la Direccin General de Ingenieros de San Petersburgo. Compagin mi trabajo de ingeniero con la de jugador de pquer. Tiempo despus, como despreciaba las matemticas con la misma fuerza con que amaba la literatura, abandon el tedioso trabajo con los nmeros para dedicarme al oficio de las letras, aun sabiendo que de la literatura no se poda vivir holgadamente, y mucho menos en una poca en que existan ms pobres que ricos y ms analfabetos que letrados.

De nada sirvi que muy joven te hayas convertido en una celebridad literaria luego del rotundo xito de tu novela epistolar Pobres gentes?

La celebridad de un autor se desvanece con la misma facilidad con que se apaga una estrella fugaz, no slo porque mis posteriores obras, desde El doble hasta La mujer del otro fueron acribilladas por la crtica, sino tambin porque nunca pude comer de la literatura; es ms, la literatura me convirti en un deudor moroso de cuantos tenderos e hijos de vecinos se cruzaron en mi camino. A veces no tena con que pagar el piso, no dispona de fondos para invertirlos en el casino ni en los tratamientos de mi enfermedad. Fue en esas circunstancias, de gran necesidad tanto material como espiritual, que escrib el autoflagelante monlogo de un funcionario frustrado, un antihroe enfermizo y vengativo, que constituye Memorias del subsuelo, y el primer borrador de Crimen y castigo, que es la obra en la cual desahogu algunos de mis trastornos emocionales producidos por el fallecimiento de dos de mis seres ms allegados.

A propsito de Crimen y castigo irrump cortndole la palabra, me puedes explicar, por qu se le ocurri al protagonista de la novela, el pobre estudiante de derecho Raskolnikov, la cruel idea de asesinar a la anciana Aliona Ivanovna?

Porque padeca de delirios de grandeza. l se senta, en el plano moral y humano, un ser supremo a ella, quien, siendo una prestamista prspera, era una vieja usurera; por eso la mat a sangre fra, porque quera robarle el dinero y porque la consideraba una escoria social, una cucaracha que slo mereca el desprecio y la muerte...

Al poco rato, me mir a los ojos y pregunt:

T no hubieras hecho lo mismo que Raskolnikov?

No le contest ni s ni no. Y prosegu con la entrevista:

No ser que las acciones de Raskolnikov estaban determinadas por las teoras socialdarwinistas, cuyos principios ms aberrantes sostienen que slo los ms jvenes y fuertes tienen derecho a la vida?

No eran esas ideas las que movan las acciones de Raskolnikov, sino las necesidades existenciales que lo obligaron a obrar de forma irracional. De ah que, cuando volva a su estado racional, se senta atormentado por la culpa y, a manera de redimirse espiritualmente, busc el castigo por el crimen cometido, entregndose voluntariamente a las autoridades.

Ah! dije. Hablando de castigos y condenas, querra saber, slo por curiosidad, cmo experimentaste tu destierro a Siberia en 1849?

Dostoievsky se sirvi otra taza de t, mir en derredor y, entre sorbo y sorbo, replic:

De eso prefiero no hablar. Me acusaron de pertenecer a una organizacin clandestina y de conspirar contra el zar Nicols I; un personaje que, en honor a la verdad, nunca me interes por el poder autocrtico que ostentaba ni por la hermosa mujer que tena a mano; ms todava, podra afirmar que en esa poca tena ms diferencias con los nihilistas y socialista ateos, que con las ideas aristocrticas del zar.

Lo peor es que casi pagas con la vida una falsa acusacin.

As es. Me condujeron a un lugar en que deba ser fusilado junto a otros prisioneros. Me pusieron frente a un pelotn, maniatado y con los ojos vendados. Escuch los disparos al aire, pero, por alguna razn hasta hoy desconocida, mi pena mxima fue conmutada por cinco aos de trabajos forzados en Siberia, donde pas rodeado de pulgas, cucarachas y "silenciado dentro de un atad. La prisin en Siberia era un sitio endemoniado; en verano, encierro intolerable; en invierno, fro insoportable. Todos los pisos estaban podridos. La suciedad en los pisos tena una pulgada de grosor; uno poda resbalar y caer. ramos apilados como anillos de un barril. Ni siquiera haba lugar para dar la vuelta. Era imposible no comportarse como cerdos, desde el amanecer hasta el atardecer. Ahora bien, si quieres saber ms detalles sobre la compleja conducta de los humanos en tales circunstancias, te recomiendo leer Memorias de la casa muerta, donde analizo el sadismo de los carceleros y las condiciones infrahumanas de los prisioneros condenados a trabajos forzados en lugares donde el diablo perdi los cuernos.

Siguiendo tus afirmaciones, debo suponer que es menos dolorosa una muerte instantnea que una condena perpetua, no es as?

En efecto, es preferible una muerte instantnea que el sufrimiento de la tortura y el destierro afirm seguro de s mismo. Luego prosigui: No es casual que en El idiota diga que la guillotina se ha inventado para evitar el sufrimiento del reo. Es menos dolorosa que la tortura y el destierro. Claro que cuando te anuncian que irs al patbulo, te invade una enorme angustia, se te derrumba el mundo y el corazn se te acelera como un caballo al galope. Aun as, es preferible la muerte en la guillotina, donde lo terrible se concentra en un solo instante, mientras tienes la cabeza expuesta a la cuchilla y oyes como sta se desliza hacia tu cuello...

La frialdad con que describi una decapitacin, me provoc un acceso de tos, seguido por un estremecimiento inevitable. Acto seguido, en procura de cambiar el tema, le formul otra pregunta:

Cuando recobraste la libertad, se sabe que te reincorporaste al ejrcito como soldado raso y que fuiste destinado a una fortaleza en Kazajistn, donde conociste al primer amor de tu vida. Verdad?

Ni ms ni menos corrobor con la mirada puesta en una de las mesas de casino del local. All comenz mi relacin con Mara Dmtrievna Isyeva, quien, antes de meterse en la cama conmigo, fue la esposa y viuda de un compaero que conoc en Siberia. Con ella contraje matrimonio en febrero de 1857, pero, hablando en pepas, confieso que nunca fui un marido feliz con ella.

Quizs no slo porque la llama del amor se apag entre ustedes, sino tambin porque volviste a caer en el embrujo de los juegos de azar.

No voy a negar que soy un ser depresivo y un jugador empedernido de la ruleta, donde he despilfarrado mis rublos entre copas de vodka y camareras de vida alegre, hasta verme sumergido en graves problemas financieros, acorralado por las deudas y por una angustia que no lograba superar ni siquiera con la ayuda de mi esposa.

Y qu hacas para evitar el acoso de tus acreedores?

Hua al extranjero. Recorr por varios pases de Europa occidental, donde derroch mucho dinero en los casinos; incluso conoc, en uno de esos viajes, a la crupier y joven estudiante Paulina Sslova, con quien mantuve un romance efmero pero apasionado, hasta el da en que ella decidi abandonarme, segn me dijo, debido a mi adiccin a los juegos de azar y mis ideas conservadoras que no eran de su agrado.

Se puede decir que los juegos y las mujeres han sido dos de los problemas que ms atormentaron tu vida?

No los nicos, pero s los que ms me ensearon a comprender que la dicha y la desdicha son hermanas gemelas, que se atraviesan en nuestras vidas cogidas de la mano. A todo esto hay que aadirle la muerte de un ser querido. Por ejemplo, cuando mi esposa Mara Dmtrievna Isyeva muri en 1864, seguida poco despus por la de mi hermano Mijal, quien, adems de su viuda, me dej un montn de deudas y cuatro sobrinos a quienes dar de comer, me hund en una profunda depresin y me dedique obsesivamente a jugar en los casinos. Perd lo poco que tena y qued en la ruina. Para recobrar la dignidad y saldar mis cuentas, me vi obligado a recurrir al prstamo de un editor poco escrupuloso, bajo el compromiso de entregarle una nueva novela completa en el plazo de un ao. De modo que contrat los servicios de la mecangrafa Anna Grigrievna Sntkina, la misma que me ayud a transcribir, en el lapso de slo veintisis das, la novela El jugador, basada en mi pasin por la ruleta.

En esos das naci tu romance con Anna, a poco de apostar con un amigo que, a pesar de tu edad, eras todava capaz de conquistar a una jovencita?

As es, era una muchacha tierna y encantadora. Con ella me cas el 15 de febrero de 1867 y alcanc la felicidad plena. Juntos viajamos a Ginebra, donde naci y muri mi primognita, como si Dios, que siempre fue muy cruel conmigo, me la hubiese arrebatado a poco de haber nacido...

Los ojos se le inundaron de lgrimas, la voz se le afloj y se son la nariz con un pauelo a rayas.

No supe qu hacer, me puse incmodo y hasta me sent culpable de su repentino malestar. No obstante, a manera de reconfortarlo, se me ocurri la idea de que poda proponerle otras preguntas ajenas a su vida. Y dije:

Ahora que ya hablamos de tu vida, quizs sea oportuno profundizar sobre el hilo argumental de algunas de tus obras.

Ahora no! dijo ponindose de pie. Ahora se me hizo tarde y tengo otros compromisos.

Asent con resignacin, disponindome a pagar la cuenta del t.

Dostoievsky hizo chasquear la lengua contra los dientes, mene la cabeza y dijo:

Esta vez invito yo...

Sac monedas del bolsillo de su chaquetn y los puso sobre la mesa, con el tpico ademn de quien est acostumbrado a apostar y jugar a la ruleta.

Abandonamos el local justo cuando la lluvia se precipitaba como por un cao roto. Nos despedimos con un fuerte apretn de manos, cual viejos amigos que se reencontraron para revivir tiempos idos. l se perdi en la esquina oscura y fra de la ciudad que odiaba y amaba a la vez, mientras yo me encamin rumbo al hotel, sin dejar de pensar en que los humanos, aun estando protegidos por un aura de celebridad, somos simples mortales ante Dios y el Diablo.







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