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Poetas malditos


Por Víctor Montoya*
Publicada:2014-12-10

Conozco a algunos poetas malditos que, como castigados por un delirante destino, beben sus versos en toneles de licor, como paisanos que se entregan al amor ciego, incluso a riesgo de caer en el fango del dolor o perder la vida de un modo inslito.

Conozco a algunos poetas malditos que, como castigados por un delirante destino, beben sus versos en toneles de licor, como paisanos que se entregan al amor ciego, incluso a riesgo de caer en el fango del dolor o perder la vida de un modo inslito. S que el desprecio y la incomprensin minaron sus existencias, aunque ellos no se dejaron apabullar por los dimes y diretes, conscientes de que toda forma de libertad tiene un precio y que la poesa no tiene la funcin de reflejar la sociedad sino de subvertirla.

No revelar sus nombres, no viene a cuenta ni creo que sera de su agrado, pero tomar sus experiencias para reflexionar en torno a la conducta de los llamados por sus pares poetas malditos, quienes, independientemente de su genialidad y talento, son marginados por sus contemporneos y casi nunca reconocidos en vida; especialmente si llevan una existencia bohemia, desarrollando un arte provocativo y rechazando las normas establecidas por los convencionalismos sociales y los cnones polticamente correctos.

Los poetas malditos, en honor a su consagrado apelativo, son bohemios empedernidos, que declaman sus versos con el corazn en la boca, mientras el tufo del alcohol y el humo del cigarrillo rompen en pedazos la tertulia de amigos, donde todos comparten la ley de beber noche y da, hasta quedar hechos lona, agotados de empinar el codo y besar el gollete de la botella; al fin y al cabo, comparten ms o menos una misma historia personal: no tienen familia, trabajo ni bienes inmuebles, por asumir la pose de antihroes, hasta terminar, en algunos casos, tirados en la miserable intemperie.

Los poetas malditos son dueos de todo y de nada. Sus versos son el cante jondo de su alma herida y un grito de pavor bajo el manto estrellado de la noche. Su poesa es tiempo comprimido como sus vidas, ms comprimido todava si, en lugar de dedicarle ms tiempo a la escritura, optan por el camino del suicidio tras un sndrome de abstinencia, que los sumerge en una profunda depresin y melancola.
Los poetas malditos tienen una genialidad al borde de la locura, una lucidez verbal que logra desnudar el lenguaje y una honestidad a prueba de balas, que les permite revelar los secretos de la vida, el amor y la muerte; a veces, recluidos en la soledad, dndole duro a la mquina de escribir y combinando sus largos perodos de aislamiento con botellas de aguardiente, soportan los flagelos de su cotidianeidad, invocando a la muerte como si se tratara de una encumbrada dama, a quien ruegan concederles la paz en el territorio de los difuntos.

Los poetas malditos, por antonomasia y legtimo derecho, son raras avis, controvertidos y perifricos. Estn en contra de la lgica formal, la disciplina y el refinamiento burgus. No en vano son retratados como desiguales respecto a la sociedad, con vidas trgicas y entregados con frecuencia a tendencias autodestructivas; todo esto a despecho de sus dones literarios, cuyo lenguaje potico transgrede las fronteras de lo convencional. Escriben a espaldas de la cultura oficial y hasta atentan contra la moral pblica. Se mueven en los mrgenes de la literatura, en los extramuros de la convencin social, alejados siempre de la ortodoxia de escribas dciles y escribanos de medio pelo.

Les Potes maudits (Los poetas malditos), el libro de ensayos escrito por el francs Paul Verlaine, cuya primera edicin data de 1884, es el que mejor define a los poetas hechos de bohemia y excesos, cuando dice que el genio de cada uno de ellos es tambin su maldicin, pues los aleja del resto de las personas de costumbres atvicas, llevndolos a acogerse en el hermetismo y la autodestruccin como formas de existencia y escritura.

El concepto de Verlaine sobre el malditismo fue tomado de Bendicin, poema de Charles Baudelaire, que est en el inicio de su libro Las flores del mal (1857), donde se sugiere que los poetas malditos son como los desequilibrados mentales que, adems de depresivos y melanclicos, slo pueden vivir en absoluta libertad, entregados a una existencia autodestructiva que, tarde o temprano, los induce hacia submundos parecidos a los avernos de Dante.

Sin embargo, su poesa, inspirada en su propia realidad existencial, transmite los vericuetos de sus sentimientos ms profundos y profanos, que son criticados por los defensores de las buenas costumbres ciudadanas y los acadmicos que abogaban por una escritura propia de los salones literarios, donde no siempre se rescata la locura como fuente de creatividad y mucho menos las ideas irreverentes que, aparte de ser las llaves que abren las puertas del mundo mgico de las palabras, sirven para cosechar las ideas revolucionarias de una poca.

Los poetas malditos, que se tornan en los personajes de sus propias obras, son tripulantes de una nave de locos, donde todos o casi todos viven a la deriva entre nubes de cigarrillos y oleajes de alcohol, lejos del cuerdo razonamiento y apartados de los cdigos moralizantes de una sociedad hecha a golpes de normas y leyes preestablecidas por los poderes de dominacin. Algunos de ellos, que allanan los caminos por los que luego transitan los sabios y eruditos de las ciencias humanas, atracan en los puertos del pecado y pronuncian discursos desafiantes contra las leyes divinas.

Estos poetas de pensamientos incendiarios, que escriben entre la locura y la lucidez, son los apstoles que empujan los carros de la historia de la literatura, no slo porque son hbiles en el manejo del lenguaje, sino tambin porque estn liberados de los chalecos de fuerza impuestos por una sociedad conservadora y retrgrada, que escucha ms a los prelados del mbito religioso que a los filsofos que convierten el libre albedro en una admirable virtud.

Los poetas malditos saben que su oficio consiste en captar el instante potico, donde el principio y el final no slo se unen sino que se funden. Las palabras que casa el poeta no las separe el lector, salvo la misma respiracin del poeta, quien hace un alto entre verso y verso, para echarse otro trago y aliviar la resaca. No cabe duda de que son rebeldes en la actitud y el verbo, escriben poemas exentos de mtrica, rima y aliteracin; en ellos, los versos breves, lacnicos, cargados de irona, humor y reflexin, son como relmpagos que iluminan las penumbras del alma y aguijones que penetran en la mente del lector.

Los poetas malditos son conscientes de que la palabra tiene un poder trascendental cuando sta es manejada por la destreza idiomtica de quien aprendi a domar al lenguaje como a un potro salvaje, dejando de lado los artificios que tienen que ver con lo fnico, semntico y sintctico del verso.

Ellos aprenden a sintetizar en pocas palabras las situaciones ms difciles, a economizar el lenguaje para simplificar las expresiones complejas, explayando siempre un lenguaje ldico que, una vez convertido en metforas de hondo sentimiento, calan como sables en la conciencia y los instintos naturales del individuo, que busca avivar su sed de amor o mitigar la pena de un amor perdido.

Asimismo, como respuesta a la mtrica de la poesa clsica, que est llena de figuras de diccin y resonancias musicales, insisten en practicar el verso libre, convencidos de que la musicalidad no es un recurso suficiente para expresar todo lo que los sentidos perciban de la realidad, antes de que sta sea transformada en poesa viva o en antipoesa.

De un modo general, no estn acostumbrados a manifestar sus pensamientos y sentimientos de manera indirecta, sugerida, disfrazada; en esto se diferencian de quienes, creyendo hacer una poesa figurativa y altamente esttica, suelen escribir con circunloquios, evitando no herir la sensibilidad ajena ni contradecir el consabido precepto de que una poesa sin ritmo no es poesa.

Valga sealar que la mayora de los poetas malditos son autores de una obra proteica, olvidada y, no pocas veces, menospreciada y vilipendiada, pues no slo se enfrentan a un entorno hostil, sino tambin a las crticas de los doctores de la literatura. No obstante, por muy tarde que lleguen a la cita con la historia, sus obras, en algunos casos dispersas y escasas, tienen la fuerza de salir de los stanos oscuros de la indiferencia y emerger a la luz de la superficie, como una prueba contundente de que todo lo que es bueno y autntico, ms que acabar soterrado, est destinado a sobreponerse a los polvos del olvido y al paso del tiempo.





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