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Monumento a Luis Quinchavil Suarez en la Comunidad Mañio Manzanal


Por Agencias/Estocolmo
Publicada:2016-02-21

Quiero partir agradeciendo a Rudecindo Quinchavil por dos razones: la primera por hacernos partícipes del proyecto de creación de un monumento a Luis en la Comunidad Mañio Manzanal y la segunda por invitarme a decir algunas palabras desde mi experiencia como estudiante, militante del MIR y participante en la primera corrida de cerco en mayo de 1970.


Monumento a Luis Quinchavil Suarez
en la Comunidad Mañio Manzanal/foto:estocolmo.se
Estimados miembros de la Familia Quinchavil Suarez

Estimados integrantes de la comunidad Lincochehuen

Distinguidos sobrevivientes del Proyecto Neltume

Queridas compañeras y compañeros ex miristas

Queridas compañeras y compañeros de las distintas orgánicas herederas del MIR

Apreciados asistentes que con su presencia riegan la semilla sembrada por Luis Quinchavil y los demás compañeros caídos en la lucha por la construcción de una sociedad mas humana.   

Antes de iniciar  mi intervención tengo el deber de informarles que muchos compañeros, como el Huaso Venegas, Ariel Chavez, Jorge Gutierrez, Sergio Cuevas,  Jaime Burgos, Julian Bastías, Helen Herting, Jorge Acuña, María Elena Calfuquir, Yayo Ponce, Aldo Contreras, Raul Parentini, Kattie Jeyson, Sara Rodriguez, Ramón Antipan, Hector Campos, Hugo Salinas, Gunbor Sorly, el Chicote, y varios más han llamado o escrito  manifestando su deseo de estar presente en este acto, lamentando no poder hacerlo, y enviando saludos la familia Quinchavil y a todos los asistentes.  Me permito leer uno de estos correos recibidos, el que me enviara Jorge Gutierrez:

“Hola Alonso:
Contrariamente a mi voluntad no podré asistir a la inauguración del monumento en memoria de Luis, así es que te escribo breve mente con la esperanza de que les comuniques a los familiares y compañeros mis disculpas y un fraternal saludo.

También quiero aprovechar la ocasión de manifestarle a Rudecindo y su hermana Marta mi orgullo de haber participado en la Corrida de Cerco de la Comunidad Licochehuén y mi agradecimiento por la hospitalidad y cariño con que la familia Quinchavil, con el papá y la mamá a la cabeza, nos brindaron en esa oportunidad y posteriormente cuando realizamos los Trabajos de Verano y todas las veces que llegamos a su casa y compartimos techo y comida. Son cosas que jamás he olvidado.

Sobre Lucho, creo que me faltarían las palabras si tratara yo, a la distancia, de hacerle un homenaje, y en estos momentos son ustedes los más indicados. Pero quiero decirles que me encuentro muy emocionado de que se haya hecho un monumento a ese revolucionario sencillo, leal y valiente y que siempre me sentiré honrado de haber sido compañero y amigo de un héroe de verdad que junto a muchos otros ha dejado muy en alto el ideario del MIR.

Espero que pronto pueda visitar el Memorial y así rendirle mi homenaje.
Ariel Chávez tampoco podrá asistir e igualmente les envía saludos.
Reciban todos un fraternal y revolucionario abrazo.
Jorge Gutiérrez, el Fósforo”




Noche del 15 de mayo de 1970
Quiero partir agradeciendo a Rudecindo Quinchavil por dos Alonso Azocarrazones: la primera por  hacernos partícipes del proyecto de creación de un monumento a Luis en la Comunidad Mañio Manzanal y la segunda por invitarme a decir algunas palabras desde mi experiencia como estudiante,  militante del MIR  y participante en la primera corrida de cerco en mayo de 1970, justamente en la comunidad a la que perteneció nuestro recordado compañero Luis Quinchavil Suarez.

Si bien la primera actividad a que me invitó el Rude no tuvo mayores dificultades, la segunda, la de recordar y trasmitir a ustedes la experiencia vivida  en mayo del 70 resultó mucho más difícil de lo que imaginé, no solo porque se trata de realizar una reconstrucción de lo sucedido hace  casi  45 años, sino, y sobre todo, porque lo que uno recuerda es en realidad una interpretación de lo ocurrido.  No todos los participantes de un hecho tenemos el mismo y exacto recuerdo de él.  Digo esto porque seguramente otros compañeros que participaron del la corrida de cerco en Mañío Manzanal, tengan otros recuerdos, otras interpretaciones de lo que se dijo o se realizó  en esa noche del 15 de mayo de 1970.

La década de los 60 fue  fundamental para los procesos políticos, económicos y sociales que vivían Latinoamérica y Chile en particular. En agosto de 1965 distintos grupos de izquierda dieron nacimiento al MIR, buscando disputar la conducción del movimiento popular a la izquierda tradicional, para convertirse en la vanguardia  de los trabajadores y demás explotados  del país, en un proceso que debía conducir  al derrocamiento de la burguesía e instauración de un gobierno revolucionario dirigido por los organismos de poder de obreros y campesinos, como señala en su declaración de principios.  Planteaba también que el derrocamiento del sistema capitalista y su reemplazo por el socialismo, como primer paso para alcanzar la sociedad sin clases, solo era posible usando la violencia política por parte de los trabajadores y demás pobres de la ciudad y el campo, organizados bajo la conducción de la vanguardia política.

Hacia 1970 el MIR era ya un actor político relevante a nivel nacional, como resultado de su política de penetración en los frentes sindical, campesino, de pobladores y estudiantil,  en un momento de aumento significativo de movilizaciones sociales, así como también de la ejecución de acciones directas o  de propaganda armada, particularmente asaltos a bancos para financiar sus actividades políticas y al mismo tiempo preparar a sus militantes para la vía insurreccional. En ciudades como Santiago y Concepción el MIR había logrado una gran influencia en el movimiento estudiantil y poblacional. En Cautín y Malleco, provincias en que había un desarrollo importante del movimiento campesino y mapuche, el discurso y la práctica política del MIR estaba dando resultados. Los compañeros José, Camilo, Titín, Horacio, Paine, el Chivo, entre otros, quienes habían asumido  la política de profesionalización militante definida por el partido, desarrollaban un trabajo  a tiempo completo entre los mapuches  de Cunco, Loncoche, Imperial, y otras comunas de la Araucanía, aprendiendo de la práctica política, reflexionado con ellos sobre sus problemas y la forma de resolverlos , ampliando la conciencia propia y ajena, captando simpatizantes,   planteando la necesidad de las acciones directas de masas, pero sin encontrar aún las formas en que estas debían materializarse.  El trabajo en las comunidades mapuches les dio la respuesta: algunos planteaban la necesidad de correr los cercos para recuperar la tierra que había sido arrebatada por los dueños de fundo. Aparecía entonces la posibilidad de llevar la Acciones Directas al plano de la lucha campesina. Si bien el MIR, a partir de su política de clases,  consideró a los mapuches como parte de los Pobres del Campo, sin distinguir sus particularidades culturales como pueblo nación mapuche, si incorporó la recuperación de las tierras usurpadas como elemento central  en su política campesina.  


Nadie nos trancará el paso
Es en este marco que el 12 o 13 de  mayo de  1970, 5 o 6 estudiantes de la Universidad de Chile Sede Temuco, que vivíamos en el hogar universitario y militábamos en el MIR, fuimos citados a una reunión, no recuerdo si  por  el Chivo Burgos o por Victor Gavilán, en donde se nos informó que unos días más tarde se realizaría la primera corrida de cerco para recuperar 45 hectáreas de tierra usurpadas a la comunidad Quinchavil Santibañez, cerca de Almagro.  En reuniones anteriores, el Chivo, a cargo de la base de militantes  en el hogar, ya nos había informado que el partido iniciaría una serie de acciones directas de masas entre las que estaban el apoyo a la  recuperación de tierras   de las comunidades mapuches, a través de lo que más tarde se llamarían corridas de cerco.  En esas primeras reuniones se  decía que la primera de ellas sería en la Comunidad Vega Larga en Lautaro, sin embargo  esa noche se nos señaló que viajaríamos a  la Comunidad Mañio Manzanal. Lo haríamos  el día jueves 14 en un bus que traería también a compañeros campesinos de Lautaro, pues la corrida de cerco sería el día 15 de mayo en la noche.

El 14 nos avisaron que se postergaba el viaje para el día siguiente ya que el jueves llegarían a la comunidad Mañío Manzanal otros compañeros y no era bueno que hubiésemos tantas personas extrañas, porque esto podría despertar  sospechas . Que el Titín y el Chivo nos recogerían a las 4 de la tarde del día siguiente, 15 de mayo, a unas dos cuadras de la Universidad de Chile. Mientras esperábamos el bus que nos llevaría a Mañio Manzanal  llegaron también algunos estudiantes de la Universidad  Católica Sede Temuco. Recuerdo a Enrique Parada y al Chico Cuadra. Me parece que también estaban Guido Bello y Omar Venturelli. No podría  señalar con certeza el nombre de  todos los compañeros estudiantes de la Chile que asistimos a esa histórica acción. Pero entre ellos recuerdo el Chico Hippie Luis Almonacid y  José Salazar, estudiantes de Trabajo Social hoy detenidos desaparecidos; a Jorge Gutierrez el Fósforo, al Belto Alarcón; a la Maggy Toledo, estudiante de trabajo Social y militante del MAPU, quien había sido invitada por el Titín.  Algo nerviosos, pues el bus se atrasó una media hora, emprendimos el viaje hacia imperial junto a los compañeros de la Católica.

Estaba ya oscuro cuando llegamos a la comunidad. El Camino pasaba bastante cerca de la casa de los Quinchavil, hacia donde nos dirigimos caminando. Al llegar nos ofrecieron una sopa caliente. Recuerdo que era muy simple. Trozos de alga que me recordaron al luche de las cazuelas chilotas, pero algo más grueso y “latigudo”, con algunos trozos de papas. Después pregunté y supe que se trataba de una sopa con luga.

Esa fue la noche en que conocí a Luis Quinchavil. No recuerdo si fue su papá o el Paine quien dijo que el Lucho estaría a cargo del trabajo de la corrida de cerco. Rápidamente nos dividió en tres grupos. Un grupo debía desgrampar y enrollar el alambre, otro debía hacer los hoyos para el nuevo cerco, y un tercero acarrearía las estacas y el alambre hasta el lugar en que haríamos el nuevo cerco y después entre todos estacar y clavar las grampas.Un poco más tarde fuimos a un galpón donde había unas cincuenta personas.  El Chachay  Quinchavil, padre de Rudecindo, de Luis, de Marta, dirigía la reunión. Al lado estaba el Paine.  También estaban algunos compañeros mapuches  de Lautaro y otros miembros del Comité Regional. Recuerdo al Horacio y al Camilo,  Victor Gavilán, quien está hoy presente en este acto. La reunión en el galpón duró más o menos una hora y en ella Chachay Quinchavil  nos contó  como el dueño del fundo vecino les había usurpado 45 hectáreas a las familias Quinchavil,  Cural y Santibañez.  Señaló los límites que tenían al comienzo y que esto estaba avalado por el plano del Título de Merced de Tierras que habían recibido del Estado chileno. Habló de los trámites judiciales para recuperar la tierra y que estos no daban ningún resultado. De las cientos de veces que habían juntado dinero vendiendo alguno de los pocos animales que tenían,  para ir hasta el Juzgado de Indios y que las escasas veces que pudieron hablar con el juez este les hacía promesas que nunca cumplía.  Que era una pérdida de tiempo seguir por ese camino y que había llegado la hora de recuperar por la fuerza lo que les pertenecía. Que tenían el apoyo de los jóvenes miristas, a quienes agradecía y que esa noche recuperarían la tierra usurpada corriendo los cercos hasta los deslindes señalados en el Título de Merced. También habló el Paine, apoyando las palabras de Chachay Quinchavil . Dijo que esta acción sería un ejemplo para las otras comunidades mapuches que habían sufrido el despojo de su tierra. Señaló que debíamos organizarnos en grupos de trabajo.  


Esa fue la noche en que conocí a Luis Quinchavil. No recuerdo si fue su papá o el Paine quien dijo que el Lucho estaría a cargo del trabajo de la corrida de cerco. Rápidamente nos dividió en tres grupos. Un grupo  debía  desgrampar y  enrollar el alambre, otro debía hacer los hoyos para el nuevo cerco,  y un tercero acarrearía las estacas y el alambre hasta el lugar en que haríamos el nuevo cerco y después entre todos estacar y  clavar las grampas. Una vez terminado el trabajo nos reuniríamos nuevamente en el galpón.  A mí me tocó participar del grupo que desalambró.  Era una noche oscura y pronto empezó a llover. El frio de mayo calaba hondo. Después de algunas horas volvimos al Galpón con hambre, muertos de frío, con las manos heridas por el alambre de púa pero satisfechos de haber cumplido con la tarea. Se organizaron turnos de vigilancia y se nos pidió a los estudiantes que temprano en la mañana volviéramos a Temuco para organizar acciones de apoyo  a la comunidad Mañio Manzanal.  No hubo desalojo y unos meses más tarde fueron legalizadas las 45 hectáreas usurpadas.

A la corrida de cerco de Mañío Manzanal se sumó en junio la de Vega Larga en Lautaro y a partir de ellas,  cientos más en Cautín y Malleco bajo las consignas de La lucha nos da lo que la Ley Niega, y Nadie nos trancará el paso, pintados con letras blancas sobre el fondo rojo y negro del MIR y el MCR. Y fue Luis Quinchavil quien esa noche del 15 de junio, siendo ya integrante del partido,   dirigió y coordinó el trabajo de las brigadas en esa histórica corrida de cerco.

Luis destacó por su compromiso militante con los pobres del campo, sobresaliendo como dirigente en las corridas de cerco y más tarde en las ocupaciones de fundos y en la creación de poder popular, particularmente en el desarrollo de los Consejos Comunales.   Luis fue detenido el 23 de noviembre del 73 y condenado a 7 años de cárcel. Quienes compartimos esos difíciles años de encierro,  supimos de su entereza frente a la tortura, de su acogida fraternal a quienes llegaban como detenidos, de su alegría contagiosa, de la mantención en alto de su espíritu revolucionario.  El de 10 de junio de 1976 haciendo uso del Decreto Ley 504, que permitía cambiar la cárcel por el extrañamiento, viajó hasta Holanda en donde rápidamente se reintegró al partido. Un par de años más tarde renunció a su  trabajó como profesor de lengua mapuche en la Facultad de Letras de la Universidad de Leiden, para asumir un rol importante en la Política de Retorno, como integrante del  proyecto Neltume.  

No es el lugar ni la ocasión para evaluar la política de retorno del MIR o el proyecto Neltume en particular. Solo decir que una vez más Luis Quinchavil fue ejemplo de compromiso revolucionario en función de sus convicciones. El día 19 de febrero de 1981 Luis y otros 3 compañeros del Destacamento Toqui Lautaro, intentando ingresar a Chile acamparon muy cerca del paso Huaum. El día 15, temprano en la mañana, junto al compañero Alejandro Campos fue en busca de agua mientras los otros dos compañeros permanecían en el escondite en donde habían pernoctado.  Nunca regresaron con el agua. Fueron sorprendidos y detenidos por una patrulla montada de la gendarmería Argentina. Investigaciones de los últimos años han permitido saber que fueron conducidos hasta Buenos Aires. Luego de ser torturados por la Gendarmería, el Quincha y Campito fueron llevados a una quinta próxima a la guarnición de Campo de Mayo, en Buenos Aires,  que dependía del Batallón de Inteligencia 601, de Argentina.  Allí se les pierde el rastro, aunque se supone que posteriormente habrían sido entregados a alguno de los aparatos represivos de la dictadura chilena.

Han pasado exactamente 35 años desde el momento de su detención y  aquí estamos los miembros de su comunidad, sus compañeros de lucha, sus amigos, sus vecinos, jóvenes que se identifican con la causa que el abrazó y admiran su consecuencia revolucionaria,  para inaugurar un lugar que mantenga la memoria de quien fue Luis Quinchavil Suarez.

Debemos reconocer que la idea planteada por Rudecindo y que hoy vemos transformada en realidad, tiene una tremenda dimensión simbólica.  Este monumento que inauguramos hoy representa no  solo nuestro dolor por lo acontecido a Luis, no es solamente un lugar que nos recordará que un 19 de febrero hace 35 años nuestro compañero fue secuestrado por los aparatos de seguridad de los poderosos,  sino que también nos dirá que el futuro soñado por Luis está pendiente.  Este, como otros lugares de memoria no solo tiene sentido en la medida que seamos capaces de construir una ritualidad que se exprese en visitas y actos conmemorativos en las fechas  que tienen relación con los hechos a que recuerdan, sino que también cuando interpelan nuestras propias conciencias en un día como hoy, y con ello nuestra capacidad de retomar la búsqueda constante de un mundo mejor, más justo, más humano, como también seguir avanzando en la búsqueda de la manera como lo alcanzaremos.  

Para los miembros de la Comunidad Lincochehuen, o Mañio Manzanal como se llamaba cuando Luis vivía y luchaba en este lugar, este monumento mantendrá    viva   su memoria y la de las luchas dadas y ganadas por este grupo de comuneros y comuneras que marcó un hito histórico en el largo camino del pueblo mapuche, al realizar la primera corrida de cercos para recuperar el territorio usurpado, historia que la comunidad irá resignificando y traspasando  de  generación en generación.

Quienes conocimos a Luis y no somos miembros de la comunidad,  cuando visitemos este  memorial, junto con sentir su presencia y recordar su importancia como militante revolucionario, no podremos desentendernos del imperativo de reflexionar, discutir, aportar, a la creación de un proyecto de futuro.

Quienes no conocieron a Luis cuando visiten este memorial, seguramente indagarán sobre lo ocurrido, tomando conciencia sobre el pasado histórico, observando el presente e intentando encontrar un lugar entre quienes buscan construir un futuro mejor para todos.

A pesar de la derrota del MIR, la cultura mirista tiene una presencia importante en Chile. Hoy  vemos banderas rojinegras no solo en manos de las organizaciones que se declaran miristas. En el movimiento estudiantil, en los barrios periféricos, en el sindicalismo de base, hay interés por conocer el legado del MIR, por buscar nuevas formas de lucha, autónomas, clasistas, como lo hizo el MIR. Este movimiento social se expresa masiva y combativamente en las calles, pero no logra transformar las luchas políticas en luchas revolucionarias.  Pareciera que nuevamente el tema de la creación de una organización política de vanguardia está a la orden del día. Seguramente difrente a lo que fue él MIR. Porque si bien en lo fundamental Chile y el mundo siguen viendo en una sociedad capitalista, esta tiene hoy particularidades distintas a la de los años 60s. Aunque el objetivo de los revolucionarios sigue siendo la conquista del poder político para construir una sociedad más humana, seguramente ni el instrumento ni la estrategia  diseñados en la década el 60 son aplicables hoy día. Sin embargo, es necesario reflexionar sobre nuestra experiencia, valorando críticamente los aportes  del MIR, entre los cuales está, sin lugar a dudas, su política de formación de cuadros políticos, como Luis Quinchavil, cuyo compromiso y entrega estaba por sobre cualquier cálculo personal.

Es por eso que el  mejor homenaje a Luis y los demás compañeros caídos, es esforzarnos por construir una nueva organización, que,   superando los errores del pasado sea capaz de interpretar adecuadamente las contradicciones del sistema capitalista actual para elaborar una estrategia que permita acumular la fuerza necesaria para alcanzar el poder político y poner en práctica un programa de profundas  transformaciones políticas, sociales, económicas y culturales que Chile necesita y que Luis soñó.

Por:Alonso Azocar


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