EE.UU. | Opinión

Vientos de odio


Por Jorge Majfud*-
Publicada:2011-01-15

El arte de odiar, I
Pocos das despus del atentado contra la congresista Gabrielle Gifford de Arizona, circul un video del pastor de una iglesia, del mismo Estado, que daba gracias a Dios por haber enviado al asesino. No importa que el asesino sea ateo o simplemente se trata de otro misterio divino. Este pastor, con pocos seguidores pero cada vez ms famoso, suele difundir en Internet su propia lista de las cosas que Dios odia (los homosexuales, los cientficos, los liberales). Para este autoproclamado ministro de Dios, uno entre tantos miles, el dios cristiano del Amor se define por su odio y, al igual que el famoso Pat Robertson, recomiendan abiertamente sacar la pistola y limpiar de vez en cuando a un pecador en nombre de Dios. Alguien annimo, no sin sorna, ha preguntado si pegarle un tiro al mencionado pastor podra ser interpretado como la voluntad de Dios.



Casi al mismo tiempo, la ex gobernadora de Alaska, la cada vez ms clebre Sarah Palin, se defendi en YouTube de las crticas sobre la influencia de su mensaje incendiario en los desequilibrados y asesinos como Jared Lee Loughn, diciendo que los actos criminales de un individuo begin and end with the criminals who commit them (comienzan y terminan con los criminales que los realizan). Obviamente, esta ley moral no se aplica para los criminales de otras culturas (brbaras, perifricas): si un fantico masacra a un grupo de inocentes, todo su pueblo y toda su cultura son responsables. Y se acta en consecuencia.

Un viejo amigo profesor, pionero en la reflexin sobre hipertexto y democracia, entusiasta defensor de Internet desde los aos 80, me deca que un aspecto positivo de la Red era que haba igualado la voz de las personas alrededor del mundo (tendencia humanista que ambos venimos destacando desde hace aos). Pero el aspecto negativo era que, de igual forma, tambin haba dado voz a unos pocos fanticos, y que cuanto menos cultura y educacin tena una persona, ms fcil presa era de este fanatismo. Agregu que tema que uno de los aspectos negativos de esta cultura es que los fanticos (annimos y encumbrados) tienen ms rating que los individuos ms racionales. Basta ver el nmero de vistas en YouTube que tiene el video de un luntico que afirma que la Tierra es plana y el de un cientfico que demuestra lo contrario.

Pera el fanatismo no es slo propiedad de la gente inculta. La Alemania de los aos treinta era uno de los pases ms educados del mundo. Ni que hablar de los imperios de turno.

En una entrevista radial mencion al pasar que, entre otras razones que parecan de mayor peso, tal vez la condicin de juda de Gabrielle Gifford no fuese un detalle insignificante para explicar las motivaciones del acto. No es que la creyera una razn central. Simplemente, no la subestimaba.

Al da siguiente recib un par de correos acusndome de judo sionista. Lo que contrasta con otras supuestas acusaciones parecidas de ser musulmn por el simple hecho de denunciar la muerte de decena de nios palestinos en un solo bombardeo israel.

Debera ser un dato irrelevante: no soy ni judo ni musulmn. No lo digo como desagravio, claro. Lo digo simplemente porque es verdad y porque me demuestra, en carne propia, el tamao de la estupidez humana. Apenas soy un hombre imperfecto y contradictorio, como cualquier hombre, como cualquier mujer, capaz de tolerar muchas cosas pero irremediablemente incapaz de soportar el dolor de un solo nio ni la barbarie medieval de andar masacrando hombres y mujeres en nombre de Dios; incapaz de soportar la barbarie moderna de masacrar individuos y hasta pueblos enteros en nombre de la Justicia, la Igualdad, la Libertad y todas las Buenas Razones que se nos puedan ocurrir con maysculas.


El arte de odiar, II

En Internet circulan listas de premios Nobel discriminados por nacionalidades, la mayora confeccionadas por autores fantasmas. De ah se deduce la superioridad de unos pueblos sobre otros, como si la academia sueca fuese el dedo de Dios. Los peores, sin ningn rigor acadmico, est de ms decir, vinculan estas estadsticas a diferencias biolgicas (si Alfred Nobel hubiese nacido en tiempos de Tutankhamun, las razas superiores seran, sucesivamente, los egipcios, los persas, los chinos, los indios, los judos, los griegos, los romanos, los rabes, los mayas, los ingleses, los americanos).

Algunos atribuyen estas diferencias a la superioridad de una cultura o de una religin sobre las otras. Los ms razonables, entiendo, las consideran culturales, vinculadas a circunstancias histricas.

Algunas listas reciben el apoyo de innumerables opinantes que las redireccionan masivamente a nuestros correos. Como las que comparan el nmero proporcional de premios Nobel ganados por judos y el nmero de premios ganado por rabes y de ah deducen la superioridad de un pueblo (cuando no de una raza) sobre el otro e, incluso la superioridad intelectual de unos individuos sobre los otros por el solo hecho de pertenecer a uno de los pueblos con ms premios Nobel. (Por lo menos desde la Edad Media, al pueblo judo se le neg derechos de propiedad y nobleza, lo que acentu su tendencia a refugiarse en el trabajo intelectual, el cual, por ser trabajo, fue despreciado por la nobleza, casi tanto como el trabajo manual).

Estas listas comparativas se parecen en algo a esas otras que enumeran las veces que el pueblo judo fue expulsado de diferentes pases en los ltimos tres mil aos, por lo que se infiere que el mensaje explicara una especie de karma nacional.

La gran cantidad de premios Nobel ganados por un pueblo o un pas X no deja de ser un mrito. Pero tampoco deja de ser un merito relativo, del cual no hay que deducir superpoderes culturales, ideolgicos o raciales. Menos derechos especiales. La Alemania de los aos treinta era el pas que tena ms premios Nobel y tambin fue el pas que ms fcil se dej engaar por un fantico que llev a medio pueblo a organizar o tolerar uno de los peores holocaustos, si no el peor, de la historia moderna (del holocausto indoamericano casi no se habla).

Ahora, si revemos estas listas, tambin veremos una predominancia abrumadora de hombres sobre mujeres. Vamos a deducir, entonces, que las mujeres son tanto menos inteligentes o capaces? O por el contrario, el dato no indica, acaso, alguna circunstancia histrica que las oprimi en la misma proporcin?

Si despreciamos a aquellos inmigrantes que proceden de culturas que no han trabajado en el sentido en que sera necesario para acumular premios Nobel (leer Qu error hemos cometido!, de un inexistente Sebastin Vivar Rodrguez), vamos a despreciar igualmente a las mujeres?

Me gustara ver la misma consistencia en los argumentos y leer de esos mismos grupos racistas gritando: No dejen entrar ms mujeres a este pas. Dejen entrar slo hombres, porque gracias a ellos tendremos ms premios Nobel, porque gracias a ellos el mundo es un lugar ms prspero.

Claro, alguno, dentro de estos grupos, se opondr diciendo: No, hay que dejar entrar tambin a las mujeres. De lo contrario aumentara la homosexualidad. De lo contrario no habra madres que dieran hijos varones que produjeran premios Nobel, que no trajeran progreso y prosperidad.

Tambin seria consecuente. Porque no otra cosa practican algunos dejando entrar a inmigrantes procedentes de culturas marginales, sin premios Nobel, para que limpien los baos de los premios Nobel, para que planten y recojan las siembras que alimentan a los premios Nobel, para que se enlisten en los ejrcitos que luego irn a poner orden en esos pueblos barbaros que no tienen premios Nobel.

________________________
Jorge Majfud, PhD
majfud.org
E-mails: jmajfud@ju.edu / majfud@gmail.com
Tel 904-256-7929
Jacksonville University.
College of Arts and Sciences.
Division of Humanities
2800 University Blvd N.
Jacksonville, Florida, 32211









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