Chile | Historia

La independencia de Chile, una historia olvidada


Por Agencias
Publicada:2020-09-18

El caso chileno destaca particularmente en este panorama histórico común a varios países americanos, porque la fecha de su independencia, el 12 de febrero de 1818, ha sido olvidada en la historia y en la memoria nacional.


Hace algunas décadas que Pierre Nora,  historiador francés, desarrolló el concepto de lugares de memoria, aplicado no solo a lugares, sino que incluyendo también las celebraciones cívicas nacionales cuyos contenidos referían a momentos fundacionales, celebrados en cada aniversario. Desde 2008, América Latina vive los bicentenarios de los acontecimientos históricos inaugurados por la invasión francesa a la península ibérica en 1808 y las abdicaciones de Bayona, los que desencadenaron posteriormente las independencias de los países americanos.

Estos bicentenarios se han manifestado como lugares de la memoria nacional y han puesto en la discusión académica y pública temas como el origen de la nación y sus mitos fundacionales. Han mostrado la distancia entre la memoria y la historia. El caso chileno no es la excepción.

Las historiografías latinoamericanas, hijas de las historias patrias decimonónicas, aún no se desprenden de sus narraciones que apuntaban a demostrar que la nación existía desde siempre y que se había manifestado en el momento de su independencia. Por el contrario, a partir de los estudios de Benedict Anderson se ha instalado en la cultura la convicción de que las naciones son comunidades imaginadas, inventadas, en constante construcción, fruto de proyectos colectivos, que deben ser analizados.

Precisamente de ese dinamismo, de los diferentes proyectos que intervinieron en su creación, nacieron también disputas políticas que se prolongaron a lo largo del siglo XIX e influyeron en las interpretaciones históricas del pasado. Uno de los períodos más controvertidos ha sido, sin duda, el proceso de independencia por la complejidad histórica en que se produjo, por las rencillas entre partidos, por la guerra civil que desencadenó y por lo que significó enfrentarse militarmente a la Monarquía española.


Un proceso de independencia, dos momentos fundadores

El caso chileno destaca particularmente en este panorama histórico común a varios países americanos, porque la fecha de su independencia, el 12 de febrero de 1818, ha sido olvidada en la historia y en la memoria nacional. Víctima de disputas memorística, desde el siglo XIX se enseña a la población en los colegios que ocurrió en 1810. Hasta hoy día el ciudadano común y corriente desconoce que pasó en 1818.

Sobre este curioso, e inexplicablemente aún vigente hecho, trata el libro Historia, memoria y olvido del 12 de febrero de 1818. Los pueblos y su declaración de la independencia de Chile, escrito con motivo de los 200 años de la declaración de la independencia con el objetivo de esclarecer cómo se produjo este olvido histórico. El tema nos parece importante porque detrás del olvido de la fecha está una parte fundamental de la historia de la independencia de Chile y de América Latina.

Volvamos, brevemente, a los hechos históricos para reconstruir esta historia.  Las abdicaciones de Bayona de 1808 abrieron un proceso político nuevo que se desarrolló en dos grandes momentos. El primero, las juntas de gobierno que en nombre de Fernando VII se formaron en España y América para gobernar la Monarquía en rechazo a José I Bonaparte. La Junta Gubernativa del reino de Chile, nacida en el cabildo abierto del 18 de septiembre de 1810, gobernó Chile hasta 1814.

En ese lapso temporal la Junta se compuso de diversos miembros que respondían a facciones políticas nacidas al calor de los acontecimientos políticos. La facción más revolucionaria, convirtió a Chile en un reino autónomo dentro de la Monarquía española, que se auto gobernaba con un reglamento constitucional propio. Concibieron esta evolución política como un desarrollo de los acontecimientos de septiembre de 1810, por lo que se comenzó a celebraba como una fiesta identitaria el 18 de septiembre en la que se expresaba un lenguaje que apuntaba a la ruptura con la Monarquía, aunque no se declaró la independencia. Sin embargo, la autonomía chilena terminó en 1814 cuando una expedición militar enviada desde Lima por el virrey Abascal venció a las tropas patriotas.

Los líderes patriotas y sus seguidores se exiliaron en Mendoza, al otro lado de la cordillera de los Andes. Se aliaron con el General San Martin y formaron el famoso Ejército de los Andes, que cruzó la cordillera y venció a las tropas españolas en la batalla de Chacabuco el 12 de febrero de 1817, lo que permitió la instalación del gobierno directorial en Chile presidido por el general Bernardo O´Higgins . Fue este gobierno el que preparó la declaración pública ante el mundo de la independencia de Chile el 12 de febrero de 1818, protagonizada por “los pueblos” de la Monarquía, es decir el conjunto de pueblos, villas y ciudades, verdaderas repúblicas urbanas, en las que participó el pueblo convocado por sus cabildos para declarar de manera común y conjunta la independencia.

Por medio de una ceremonia de jura, calcada sobre el molde de las juras reales, el pueblo chileno se manifestó como soberano al jurar la independencia del Estado, abjurando al mismo tiempo de la fidelidad a Fernando VII. Este hecho se entendió como el acto fundador del estado chileno, que permitió su constitución política, la paulatina instalación de la república y el inicio de una nueva legislación. La declaración se celebró en el primer aniversario de la victoria de Chacabuco y fue hecha mientras avanzaba hacia Santiago una expedición militar española, que no logró sus objetivos. Chile se presentó ante el mundo como un estado independiente, con representación diplomática, aspirando a ser reconocido y a firmar tratados. A partir de entonces, el 12 de febrero fue una fiesta cívica que se celebraba anualmente.

La independencia fue, por tanto, un proceso con dos momentos claves. La Junta de 1810 votada en un cabildo abierto por los vecinos de la ciudad de Santiago, luego reconocida, jurada, y por tanto legitimada, por todos los pueblos, que derivó en un gobierno autónomo. El segundo momento, la declaración común de independencia de la Monarquía el 12 de febrero de 1818 que se realizó con la participación del pueblo en todas las ciudades del territorio que se independizaba, ese mismo día o en los siguientes.


Un objeto de lucha ideológica entre liberales y conservadores

Sin embargo, la caída del gobierno de Bernardo O´Higgins en 1823 marcó el inicio del proceso de olvido del 12 de febrero y el desarrollo de años de luchas intestinas por constituir el estado. O´Higgins se auto exilió en Perú y nunca más volvió a Chile. Durante su exilio, la jura de la independencia de 1818 fue cuestionada por sectores liberales porque no se hizo en el contexto de un congreso de diputados elegidos (lo que se evitó para que no emergieran facciones que la dificultaran o impidieran). Una alianza conservadora (de la que formaban parte los ohigginistas) logró estabilizar el país en la década de 1830 y escribir una constitución en 1833 que dio estabilidad institucional republicana a Chile, pero amplios sectores se oponían a la vuelta de O´Higgins .

Una manifestación de esa oposición se dio en la batalla memorística en torno a la verdadera fecha de la independencia de Chile. Los conservadores, para diferenciarse del ohigginismo, e insertarse en la historia del Chile independiente, anclaron su régimen en el 18 de septiembre al que atribuyeron la república, el orden, la estabilidad y la independencia. En 1837 suprimieron la fiesta cívica del 12 de febrero optándose por condensar las celebraciones de la patria en el 18 de septiembre y, con ella, sepultaron en el olvido un capítulo fundamental de la historia. Desde entonces se celebra la independencia de Chile el 18 de septiembre y así se enseña en los colegios.

Este olvido histórico, el espacio vacío que dejó y la claridad sobre la evidencia documental de que el 18 de septiembre fue un momento fidelista a favor de Fernando VII, ha hecho emerger una nueva tesis sobre la independencia de Chile. Desde mediados del siglo XX, un miembro de la Academia Chilena de la Historia, que no era historiador profesional, Luis Valencia Avaria, publicó un conjunto de artículos en los que fechaba la independencia el 1 de enero de 1818 en la ciudad de Concepción.

La describe como un acto hecho por el general O´Higgins y una porción del ejército antes de retirarse de la provincia de Concepción y entregarla a manos de los españoles, en el camino a concentrar el ejército patriota en la zona central de Chile para hacer frente a la expedición militar española que buscaba recuperar Chile. Se basó en documentos situados en repositorios documentales chilenos, de los que no dio su ubicación exacta. Por décadas nadie los revisó. La investigación de nuestro libro mostró que eran borradores, sin firma, mal interpretados y de origen desconocido.

La independencia de Chile no fue un acto personal de O´Higgins con el ejército, sino que su gobierno convocó al pueblo para que efectuara la declaración, de acuerdo a los criterios de legitimidad política modernos, y se hizo de una manera pública dirigida al concierto de las naciones. Sin duda es hora, a 200 años de la independencia de Chile, de desentrañar con profundidad esta historia de una manera desapasionada y fuera de las disputas contemporáneas que la relegaron al olvido.




par Lucrecia Enríquez





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