América Latina | Bioeconomía

Un as bajo la manga de América Latina para la reconstrucción post-COVID?


Por Agencias
Publicada:2020-12-25

En América Latina, en los últimos cinco años ha habido un interés creciente por el desarrollo de políticas públicas relacionadas con la bioeconomía.


© Imagen de eko pramono en Pixabay
Muchos expertos consideran que la bioeconomía es uno de los motores para una recuperación económica sostenible post-COVID-19. América Latina experimenta un gran interés por el desarrollo de políticas públicas relacionadas con la bioeconomía, indicó a Sputnik Adrián G Rodríguez, jefe de la Unidad de Desarrollo Agrícola y Biodiversidad de la CEPAL.

En el comunicado en ocasión del 3 Global Bioeconomy Summit 2020
se destacó que la transición a la bioeconomía es más crítica que nunca, subrayando que la "urgencia proviene de la realidad de las amenazas ambientales globales, las oportunidades que brindan las nuevas ciencias y las consecuencias del COVID-19". Los miembros del Consejo Asesor Internacional sobre Bioeconomía Global indicaron que la bioeconomía es un elemento clave para la reconstrucción pospandémica.

Asimismo, la CEPAL destaca a la bioeconomía junto con la economía circular, las energías renovables, el turismo sostenible y la economía digital como uno de los sistemas sectoriales para avanzar hacia esa recuperación transformadora.

Bioeconomía en América Latina
En América Latina, en los últimos cinco años ha habido un interés creciente por el desarrollo de políticas públicas relacionadas con la bioeconomía, señaló en una entrevista con Sputnik Adrián G. Rodríguez, jefe de la Unidad de Desarrollo Agrícola y Biodiversidad de la División de Recursos Naturales de la CEPAL.

Informó que durante el 2020, en medio de la pandemia de la COVID-19, dos países de la región lanzaron sus estrategias nacionales de bioeconomía.

Costa Rica lo hizo el 7 de agosto, al proclamar la Estrategia Nacional de Bioeconomía Costa Rica 2020 – 2030. Por su parte, el 5 de diciembre, Colombia anunció la Misión Bioeconomía.

"Aunque el desarrollo de ambas estrategias inició antes de la pandemia, ambas han sido visualizadas como marcos de política pública relevantes para las estrategias de recuperación pos-COVID-19", subrayó el funcionario, al agregar que la CEPAL brindó asistencia técnica a estos países.

Asimismo, en Uruguay la preparación de la Estrategia Nacional de Bioeconomía Sostenible está en la fase final, agregó.

Además, en Argentina y Brasil han habido avances sustanciales en ámbitos relacionados con la bioeconomía, como la biotecnología agrícola e industrial y la bioenergía. Aunque todavía no cuentan con una Estrategia Nacional de Bioeconomía, en ambos países se han desarrollado esfuerzos en esa dirección, señaló Adrián Rodríguez.

Detalló que Brasil ha sido pionero en la producción de etanol a partir de la caña de azúcar, y cuenta con políticas de avanzada para fomentar la producción agropecuaria sostenible, como el Programa de Agricultura Baja en Carbono (ABC).

Asimismo, en Brasil, como parte de la Estrategia Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2016 – 2022, se creó en 2018 el Plan de Acción de Ciencia, Tecnología e Innovación en Bioeconomía, bajo el liderazgo del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Innovación y Telecomunicaciones, que también trabaja actualmente en el desarrollo de un Observatorio Brasileño de Bioeconomía. También en el país existen programas relacionados con el Ministerio de Agricultura y Alimentación, como el Programa Bioeconomía Brasil - Sociobiodiversidad y el Programa Nacional de Bioinsumos.

Por su parte, Argentina se ha posicionado globalmente como un productor importante de biodiesel, a partir de soja. Es líder en la región en el ámbito de la biotecnología agrícola, y durante los últimos 5 años ha incursionado en la producción de bioenergía aprovechando desechos agropecuarios, indicó el funcionario.

Además, en Argentina desde 2015 se han realizado diálogos regionales de bioeconomía, en reconocimiento de los distintos potenciales que existen para su desarrollo a lo largo del país. Como resultado fue creada la Comisión Nacional de Bioinsumos y desarrollada la Estrategia de Bioeconomía de la Provincia de Buenos Aires.

Cómo pasar de una economía tradicional a la bioeconomía

El experto puntualizó que la bioeconomía puede concebirse como un nuevo paradigma tecno-productivo, y también como un marco para la articulación de políticas para avanzar hacia un modelo de desarrollo sostenible.

Como nuevo paradigma tecno-productivo usa las tecnologías que derivan de la revolución en las ciencias biológicas de las últimas décadas y de la convergencia de ellas con otras nuevas tecnologías, sobre todo las tecnologías digitales y la nanotecnología. Los recursos biológicos son la base material y energética de la bioeconomía.

La bioeconomía busca articular políticas para la gestión sostenible de los recursos naturales de origen biológico, con políticas de desarrollo productivo e innovación, explicó.

"El paso de una economía tradicional a la bioeconomía requiere nuevos esquemas institucionales, que fomenten la colaboración entre los sectores público-privado-y de investigación y desarrollo, para generar políticas que fomenten la innovación y el desarrollo de incentivos para que los productos de la bioeconomía puedan llegar al mercado", declaró Adrián Rodríguez.

Por otro lado, el experto destacó la importancia de la colaboración entre los sectores productivos tales como, agricultura e industria, "para generar los encadenamientos a partir de los cuales se obtienen productos nuevos o que sustituyen productos de origen fósil".

El funcionario subrayó que la bioeconomía es "intrínsecamente multisectorial e interdisciplinaria".

"Al interior del sector público es fundamental la participación articulada de todos los sectores relevantes; por ejemplo, ciencia y tecnología, ambiente, recursos naturales, industria, energía, y agricultura, ganadería y pesca, e incluso salud y comercio exterior", sostuvo, al detallar que la selección dependerá de las características del país y de la orientación de su estrategia de bioeconomía.

La articulación de inversiones y de incentivos, la existencia de marcos legales concordantes con el desarrollo del conocimiento científico relevante y que promuevan la innovación y el emprendimiento, son también factores importantes para alcanzar los objetivos de la bioeconomía, según el funcionario.

Entre otros factores fundamentales enumeró la equivalencia entre las condiciones de acceso a mercado para los productos de la bioeconomía y de origen fósil "considerando que éstos no internalizan los costos ambientales que se generan en su producción".

Además, la comunicación con la sociedad es otro factor importante, que permitirá generar conciencia de las ventajas que ofrece la bioeconomía, como un modelo de desarrollo alternativo al modelo de basado en los recursos fósiles, en línea con el gran objetivo del combate del cambio climático, escribe Sputnik.


Sintonía con la Tierra

El Dr. Alex Berg, director de la Unidad de Desarrollo Tecnológico, UDT, de la Universidad de Concepción, detalló el trabajo que está realizando la entidad.

“Si bien los conceptos de Bioeconomía y Economía Circular son nuevos, los principios que la sustentan son antiguos”, subrayó.

Y añadió: “Nuestra sociedad, ha vivido de productos provenientes de la tierra durante miles de años. De hecho, hasta hace pocos años atrás, nos vestíamos principalmente con lana y cuero, materias primas renovables, que se producían a nivel local, sin depredar la naturaleza. Sin embargo, junto al advenimiento masivo del petróleo -no sólo como combustible, sino también como materia prima de fibras textiles, equipos eléctricos y utensilios de muy distinto tipo- surgió la cultura del usar y botar”.

Es en este contexto en que los investigadores, ingenieros, empresarios y gobiernos alrededor del mundo reconocen que debemos disminuir nuestra dependencia del petróleo, por razones económicas, ambientales, sociales y estratégicas.

Este reconocimiento impulsa el desarrollo de procesos y productos biobasados, y el uso en cascada de las materias primas, siguiendo los principios de un modelo circular. La biomasa es la única materia prima renovable que puede reemplazar a los recursos fósiles: carbón, gas natural y petróleo, argumentó.

Y si bien la bioeconomía circular se centra en la reutilización de los materiales, el cierre del circulo no puede ser completo; siempre se requerirá un make up o reposición. Los subproductos de las industrias forestal y agrícola son una excelente fuente, para este fin, se precisó.

En Chile hay varios ejemplos de industrias que pueden convertirse en modelos circulares, como la del vino, señaló el especialista.

El cultivo de vides y el procesamiento de uvas genera diversos subproductos que no están siendo utilizados actualmente, como los sarmientos, las pepas o los hollejos. “Junto a la fruta y al vino, existe la posibilidad que surjan actividades productivas especializadas, para producir antioxidantes, aditivos industriales, precursores químicos y suplementos alimenticios”, acotó el académico Alex Berg.

En UDT hemos ejecutado distintos proyectos que se han abocado a este desafío, algunos con muy buenos y prometedores resultados, focalizados en la industria alimenticia, farmacéutica, química y ganadera”, aseveró.

En lo que respecta a la actividad maderera y forestal, la corteza, las piñas de pino, el aserrín o el polvo de lija son subproductos subaprovechados, los que también pueden ser fuente de productos de alto valor.

Igualmente, cabe mencionar taninos o fungicidas, extraídos de corteza de pino, reforzantes de materiales plásticos de tamaño nanométrico, generados a partir de celulosa, o aditivos para plásticos, basados en polvo de madera; todos temas en los que UDT trabaja desde hace varios años, aclararon.

“Hay muchos subproductos que se pueden aprovechar que están disponibles en grandes cantidades. Debemos aprender cómo utilizar sustentablemente estos recursos, contribuyendo a fortalecer su cadena de valor”, afirmó el director de UDT.

Entonces, la UDT, “básicamente, busca desarrollar tecnología económicamente factible, ambientalmente benigna y socialmente aceptada”, puntualizó el Dr. Berg.

A su juicio, y como la de muchos expertos, la “era del petróleo” está llegando a su fin, “abriendo paso a nuevas formas productivas integradas a los ciclos naturales y cercanas a las personas, como propone la Bioeconomía Circular”.

Berg cerró diciendo: “Estoy convencido que estas alternativas productivas no sólo tienen sentido ecológico, sino que también estratégico y económico. Su implementación está abierta a empresas pequeñas y medianas de base tecnológica, favorece el desarrollo económico local y abre nuevas posibilidades de empleo estable y bien remunerado”.

diarioconcepcion.cl




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