Suecia | Literatura

Silla Marilyn Monroe


Por Víctor Montoya*
Publicada:2011-04-17

La maana en que el arquitecto Arata Isozaki despert de un sueo hmedo, concibi la idea de disear una silla que reprodujera antropomrficamente la silueta perfecta de la pierna de Marilyn Monroe.

Silla diseada por Arata Isozaki
los escaparates ms lujosos, entre reflectores iluminando la armona de sus formas, los admiradores nostlgicos de Marilyn adquirieron la silla, impulsados por el deseo de sentarse en las faldas de ese objeto sin alma ni cerebro.

Marilyn sufri y vivi al filo de la muerte. Su madre, obrera de la industria del cine, quiso abortarla y no pudo. Su abuela, la demente Della Monroe, quiso ahogarla en la cuna y no pudo. El azar del destino le salv la vida, hasta que pas a compartir su infancia en orfelinatos y hogares adoptivos. A los nueve aos fue violada por uno de sus padrastros y qued tartamuda el da en que acribillaron a su perro Tippy. Aos ms tarde, acosada por la locura y el espanto, so que estaba desnuda en el plpito de la iglesia, lampia como los santos que la contemplaban desde el altar y ruborizada como los ngeles que se cubran los ojos con las alas. Pero como la Casa de Dios no era la 20th Century-Fox, ni una cueva de ratas y serpientes, se le cerraron las puertas del Paraso.

No obstante, su vida dej de ser un infierno a los once aos. El mundo que hasta entonces estaba cerrado para m empez, de pronto, a abrirme sus puertas manifest en cierta ocasin. Tena que caminar dos millas y media para ir al colegio, y otras dos millas y media para volver a casa, y ese paseo empez a ser algo completamente placentero. Todos los hombres tocaban el claxon, me gritaban, me miraban. Y yo les responda. Otro da, la nia de ojos tristes, que a veces sonrea y rompa en carcajadas, so que era una estrella de cine, su sueo fue premonitorio y en tecnicolor.

A los diecisis, mientras trabajaba en una empresa de material militar, un fotgrafo, que realizaba un reportaje entre los almacenes, advirti su fulgurante belleza y la invit a los Estudios de Hollywood, que la decapit para comercializar su cuerpo. Es como si todos quisieran un trozo mo. Como si quisieran una presa ma, le confes a un periodista poco antes de su muerte. En efecto, Marilyn pas a ser, de simple empleada, la vctima perfecta de una sociedad sin escrpulos, capaz de despresarla como gallina y ofrecerla al mejor postor. Los seores de Hollywood hicieron de ella, de su cara de nia y su cuerpo de mujer, un smbolo sexual embotellado para el consumo de masas.

Con ella se rodaron pelculas inolvidables, pero la mayor gloria de esta estrella, hecha de ncar y de fuego, no estribaba en su capacidad de interpretar el script, sino en sus tentadoras curvas, que hoy forman parte del respaldo de una silla.

Cuando Marilyn alcanz la fama, como la silla de Arata Isozaki, se ech desnuda en la cama, sin faldas vaporosas ni blusas escotadas, aguardando a los prncipes que admiraban sus prodigiosas nalgas, la plenitud de sus hombros, el naciente de sus senos coronados de aureolas rosadas, la protuberancia de sus caderas y la prolongacin de sus piernas que terminaban en unas uas laqueadas de color escarlata.

Muchos prncipes treparon por su cuerpo que provocaba una inmediatez ertica, muchas lenguas lamieron su piel de color vainilla y muchos dedos se enredaron en sus pelos que superaban el rubio platinado. Todos se aprovecharon de su juventud y belleza, desde el dramaturgo Arthur Miller, hasta los hermanos Kennedy, mas ninguno de ellos dio por ella, como todo buen caballero, su capa, copa y sombrero. Todo fue pasajero con Marilyn, tan pasajero que, al despuntar el alba, tenan que abandonarla tendida en el lecho, dormida o despierta, eso no importaba.

As transcurri su vida entre todos y ninguno, hasta que la madrugada del 5 de agosto de 1962, los detectives encontraron su cadver en el dormitorio de su casa. Para unos se trataba de un suicidio y para otros de una muerte accidental por incompatibilidad de dos frmacos que le recetaron dos mdicos, y que ella se los introdujo al intestino por va rectal.

En el instante de su muerte tena una sobredosis de barbitrico y el auricular del telfono en la mano. Nadie sabe a quin iba a llamar. Las luces se encendieron y la pelcula que rod tuvo un triste final. Ahora slo queda que Ernesto Cardenal repita los ltimos versos de su Oracin por Marilyn Monroe: Seor:/ quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar/ y no llam (y tal vez no era nadie/ o era Alguien cuyo nmero no est en el Directorio de los ngeles)/ contesta T al telfono!.

La muerte de Marilyn Monroe es un misterio, pero los hombres que no lograron ver el crculo perfecto de su ombligo ni el tringulo ureo de su pubis, hoy tienen la oportunidad de sentarse en la silla bautizada con su nombre y entregarse a merced de la fantasa, donde reina Norma Jeane Mortensen con el falso maquillaje de Marilyn Monroe.

Estocolmo/2010





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