Conocí a Bruno Serrano Ilabaca (Chi-
llán, 1943) en la Plaza Francia de Buenos Aires a mediados de 1974, entonces yo compartía un puesto en la feria de artesanos que funcionaba allí los fines de semana. Un domingo Bruno llegó hasta esa plaza acompañado de unos amigos en común, exiliados en la capital argentina.
Por: Sergio Infante
Conocí a Bruno Serrano Ilabaca (Chillán, 1943) en la Plaza Francia de Buenos Aires a mediados de 1974, entonces yo compartía un
puesto en la feria de artesanos que funcionaba allí los fines de semana. Un domingo Bruno llegó hasta esa plaza acompañado de unos amigos en común,
exiliados en la capital argentina. Después de la presentación de rigor no tardé en saber que él, al igual que yo, era poeta, y al cabo de unos días
intercambiamos nuestros proyectos de libro, que evidentemente se relacionaban con los trágicos acontecimientos que a partir del 11 de septiembre se desataron
en nuestro país. Recuerdo perfectamente que el título de su poemario era Septiembre oscurece y que estaba dedicado a Claudio (Mario Superby), un combatiente de la resistencia abatido en las montañas del Sur.
Unos meses más tarde comprendí la hondura emocional que había en esa dedicatoria
cuando en un hospital de Buenos Aires nació Claudia, la primogénita de los hijos que tuvieron Bruno y la poeta Heddy Navarro, su compañera hasta el final.
Bruno, a veces, llevaba a esa feria alguna artesanía para venderla; otras, se perdía por semanas, y regresaba sin dar explicaciones, pero con un aire de misterio en el que se podía inferir que durante esas ausencias había cruzado la cordillera de los Andes de ida y vuelta. Como fuera, siempre le vi esa sonrisa afable que conservó durante toda su vida,
que le iluminaba el rostro como si fuese impenetrable a cualquier desesperanza. Hubo sin embargo una excepción, al menos para mi experiencia personal, cuando llegó a la Plaza Francia y una expresión taciturna le había borrado esa sonrisa. Sucedió la tarde del sábado 5 de octubre 1974 (imposible olvidar esa fecha) en que Bruno Serrano me llevó un poco aparte
y me dijo: “Mataron a Miguel, me acabo de enterar”.
He querido detenerme en estos recuerdos personales porque, vistos a la distancia, de alguna manera sintetizan lo que fue el poeta Bruno Serrano a lo largo de su vida. Se puede afirmar que, en él, la creación literaria se amalgamaba de manera natural con una práctica política. Nunca abandonó esta última, sino que tuvo la capacidad de adaptarla a las circunstancias concretas que se vivían,
ya fuera como militante, como resistente, como organizador cultural, dejando a la luz que su poder creativo trascendía lo puramente artístico.
Como todos, en los tiempos más infernales de la dictadura, habrá conocido la desesperación. Sin embargo, estoy seguro de que esta nunca llegó a paralizarlo del todo.
Él mismo ha confesado en una entre- vista que muchas veces sintió miedo, pero
Llega 1970 y el triunfo de Salvador Allende. Bruno, como otros militantes del MIR –entre ellos también Claudio–, pasa a ser miembro del GAP, el grupo encargado de la custodia del Presidente. En 1972 los
miristas que estaban en el GAP son reemplazados por cuadros del Partido Socialista y Bruno Serrano asume otras tareas en el sur del país.
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estocolmo
Sergio Infante Reñasco (Santiago, 1 de mayo de 1947) es un escritor chileno residente en Chile-Suecia que cultiva principalmente la poesía, aunque ha incursionado asimismo en la novela.
Desde finales de los años 1980 y por más de 20 años fue profesor del Departamento de Español, Portugués y Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Estocolmo wikipedia