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OrienteMedio / Israel
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¿Refleja el concepto de seguridad que tomó forma de manera informal tras el 7 de octubre un cambio fundamental en la identidad del Estado?
l concepto de seguridad nacional de Israel se encuentra en un punto de inflexión que exige una aclaración. Desde el 7 de octubre de 2023, ha quedado patente que la política de seguridad de Israel se rige, en la práctica, por un nuevo concepto de seguridad, y no por la doctrina de seguridad no escrita que se fue gestando a lo largo de décadas. (A pesar de sus deficiencias, el concepto anterior contribuyó a que Israel se convirtiera en una potencia regional próspera. De haberse aplicado correctamente, tal vez habría evitado el fracaso colosal del 7 de octubre, aunque determinar esto corresponde a una comisión de investigación estatal). Este nuevo concepto no ha sido formulado ni presentado formalmente a la opinión pública, ni tampoco definido de manera vinculante en el seno del estamento de defensa. Sin embargo, en la práctica, sus principios orientan la toma de decisiones y determinan el enfoque de Israel en materia de seguridad.
Es importante distinguir entre tres conceptos jerárquicos: «identidad nacional», «concepto de seguridad» y «política de seguridad». Un concepto de seguridad deriva su autoridad de la identidad nacional del Estado, de su constitución (si existe) y de su legado fundacional. Se trata de un marco conceptual relativamente estable que, en principio, no debería cambiar de un gobierno a otro. La política de seguridad nacional está supeditada al concepto de seguridad y constituye su implementación práctica, en consonancia con la ideología y las consideraciones políticas de un gobierno determinado. A partir de esta jerarquía, resulta crucial un cambio profundo en el concepto de seguridad —el nivel intermedio—, ya que este refleja una transformación más profunda en la identidad nacional del Estado (situada en un nivel superior) y, al mismo tiempo, impulsa la política de seguridad práctica (situada en un nivel inferior). Por consiguiente, tal transformación exige un análisis crítico y exhaustivo.
Este artículo sienta las bases para un debate público y profesional. Su propósito no es examinar el concepto de seguridad exclusivamente en términos militares y de seguridad, sino revelar un cambio potencialmente más fundamental: una transformación en la identidad nacional de Israel. Busca suscitar la reflexión y abordar la cuestión de quiénes somos tras el 7 de octubre de 2023. Con este fin, expone los principios subyacentes a la nueva política de seguridad y plantea interrogantes destinados a estimular un debate conceptual y académico sobre el significado del profundo cambio que reflejan dichos principios.
De la política de seguridad que se está implementando actualmente se pueden inferir los siguientes principios (representan una interpretación subjetiva y teórica):
Primacía de la identidad judía sobre la democracia: La identidad judía del Estado prevalece sobre su sistema de gobierno democrático. Esta prioridad tiene como fin garantizar la continuidad de Israel como Estado judío, aun a costa de erosionar sus valores democráticos. La identidad judía del Estado se sustenta en fundamentos étnicos, religiosos y nacionales, y se preserva mediante la inspiración del espíritu y la tradición judíos. Este principio dicta la necesidad de mantener la primacía de la identidad judía sobre otras identidades nacionales (como la árabe-islámica o la cristiana).
La paz como medio y no como fin: La premisa subyacente es que cualquier acuerdo con actores árabes es temporal y engañoso. Por tanto, buscar la paz supondría repetir el error de la *conceptzia* —el marco conceptual imperante que se considera una causa principal del desastre del 7 de octubre—. En Oriente Medio es inalcanzable un acuerdo de paz significativo, ya que dichos acuerdos son meros arreglos técnicos y temporales que requieren una reevaluación constante. Desde esta perspectiva, la paz no es un valor intrínseco que genere seguridad, sino un medio para alcanzar otros objetivos políticos. En el plano político, la «paz» se percibe como un concepto ingenuo asociado al «campo de la paz» de la izquierda, el cual se encuentra en tensión —o en abierta oposición— con la «seguridad», concepto que representa al «campo de la seguridad» de la derecha.
El rechazo a la existencia independiente de los Estados árabes: La premisa subyacente es que la mayoría de los Estados árabes no son verdaderos Estados-nación, sino conjuntos de tribus y grupos étnicos carentes de una historia compartida y de una visión nacional fundacional. En consecuencia, socavar su estabilidad se percibe como un proceso natural —uno que Israel puede gestionar con mayor eficacia que si tuviera que enfrentarse a Estados-nación sólidos— e incluso como algo que debería fomentar.
La guerra como estado fundacional: la guerra es esencial para la seguridad nacional y no puede ser sustituida por un estado de paz, el cual, como ya se ha señalado, es meramente un medio y no un fin. «El silencio es suciedad»[1] y, por tanto, buscarlo es una expresión de debilidad. Desde esta perspectiva, considerar la guerra como un mal necesario que debe evitarse —junto con el empeño, mantenido durante décadas, en lograr acuerdos y paz— constituye la raíz del error que condujo a los sucesos del 7 de octubre. La guerra es necesaria, y la guerra preventiva resulta preferible porque garantiza un logro significativo desde el inicio. Su intensidad puede variar según las circunstancias, pero su presencia constante constituye un activo para la seguridad nacional.
Autosuficiencia y ruptura de la dependencia de Estados Unidos: la seguridad nacional de Israel se basa exclusivamente en sus propias capacidades y no requiere el respaldo de ninguna gran potencia en particular. Si bien es importante, la relación con Estados Unidos se rige puramente por intereses. Además, una adhesión excesiva a las restricciones impuestas a Israel por una administración estadounidense resulta peligrosa: Estados Unidos es una «potencia en declive» y, dados sus continuos cambios sociales y políticos, terminará abandonando a Israel tarde o temprano. La dependencia excesiva de Estados Unidos expone a Israel a la influencia de un sistema de valores progresista estadounidense que es incompatible con el carácter judío del país. Por consiguiente, romper los vínculos con Estados Unidos no solo es inevitable, sino esencial para la independencia de Israel y para la resiliencia de su identidad nacional judía.
Prioridad absoluta de la iniciativa y la ofensiva sobre la defensa: los ataques preventivos y por sorpresa se consideran la única vía para alcanzar la victoria, otorgando así prioridad a la ofensiva frente a la defensa. Si Israel no puede resistir un ataque sorpresa ni garantizar una alerta temprana fiable, la única conclusión posible es que debe adoptar una política proactiva de ataques y guerras preventivos.
Defensa avanzada: En los casos en que un contraataque preventivo no resulta viable, o cuando se requiere tiempo para preparar una ofensiva, resulta crucial establecer zonas de defensa avanzada siempre que sea posible. Estas zonas proporcionan una defensa en profundidad frente a los ejércitos terroristas, los cuales desestabilizan a los Estados que los albergan y los debilitan frente a Israel. Dichos espacios permiten a Israel trasladar la guerra a territorio enemigo con la mayor rapidez posible. No existe contradicción entre la defensa avanzada y la iniciativa ofensiva, ya que, en la práctica, se trata de un ataque diferido en el que la defensa avanzada actúa como un componente estructural de la ofensiva.
Asumir la realidad del conflicto israelí-palestino como un conflicto permanente entre Israel y el mundo árabe: según este enfoque, la existencia de un movimiento nacional palestino es una narrativa occidental artificial, arraigada en la culpa poscolonial. La lucha palestina contra Israel —y su resurgimiento periódico— constituye un intento árabe más por combatir y destruir el Estado de Israel. En la práctica, la profundidad del conflicto con los palestinos y la falta de reconocimiento de Israel como Estado judío fundamentan la postura de que no existe solución posible. Esto conduce a una oposición de principios frente a cualquier separación política, geográfica o de seguridad entre Israel y una entidad palestina, así como a la creación de un Estado palestino. Desde esta perspectiva, la seguridad se logrará mediante la expansión de los asentamientos por todo el territorio del Estado, tanto dentro como más allá de la «Línea Verde» (considerada ficticia). A los habitantes árabes de la Tierra de Israel que decidan permanecer en el Estado judío se les concederán derechos de residencia y autonomía local.
El asentamiento y la población civil como componente central de la seguridad: esto supone un retorno a los principios de seguridad de la era del *Yishuv* (el periodo anterior a la creación del Estado, cuando la seguridad se lograba mediante el asentamiento en tierras adquiridas legalmente y las fuerzas de defensa estaban descentralizadas, basándose en la defensa local ejercida por civiles organizados en grupos paramilitares voluntarios, es decir, las milicias clandestinas). En la actualidad, la seguridad no se considera responsabilidad exclusiva de las fuerzas de seguridad; por el contrario, los civiles forman parte de la red de defensa. Esta defensa se articula mediante la creación de comunidades y puestos de avanzada en todas las zonas de fricción con la población árabe —en Judea y Samaria, así como en las zonas de seguridad de Siria, el Líbano y la Franja de Gaza—. Tal despliegue exige que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) apliquen en la práctica los principios de ataque preventivo y defensa avanzada, contribuyendo además a la desestabilización de los Estados árabes «artificiales».
Prioridad para la independencia en el ámbito de la defensa industrial: la economía de defensa de Israel es altamente vulnerable a las largas cadenas de suministro; por ello, se debe priorizar la producción nacional y la inversión en el sector de tecnología de defensa (industria de defensa, ciberseguridad e inteligencia artificial) frente a otros sectores. La investigación científica que respalda la tecnología se considera fundamental, pero debe desarrollarse de manera independiente, en lugar de hacerlo a través de marcos de colaboración internacional como «Horizonte» (Horizon).
Cabe subrayar que el «nuevo» concepto de seguridad ha surgido en un contexto de trauma nacional y de una percepción renovada de la amenaza tras el 7 de octubre. Este trauma exige modificar y reconfigurar ciertos aspectos de dicho concepto. No obstante, si los principios antes expuestos constituyen efectivamente el nuevo concepto, estos revelan una contradicción profunda y fundamental con los principios fundacionales del concepto tradicional de seguridad de Israel. La trascendencia de este punto de inflexión no reside únicamente en la formulación de un nuevo concepto de seguridad, sino en el hecho de que refleja una transformación fundamental de la identidad nacional israelí tal como ha evolucionado desde la fundación del Estado.
A continuación se presentan los aspectos más significativos de estos cambios de identidad, cuyo significado e implicaciones requieren debate y análisis:
El principio tradicional: La Declaración de Independencia definió a Israel como un Estado judío comprometido con los principios de la democracia liberal, aunque no utilizó explícitamente ese término. El Estado defendería los principios de «libertad, justicia y paz». El carácter judío de Israel se manifiesta en el establecimiento de un hogar nacional para el pueblo judío. Su carácter moral y democrático emana de los valores judíos, incluida la igualdad ante la ley y la búsqueda de la moralidad y la justicia conforme al espíritu de la visión de los profetas de Israel. El carácter judío del Estado configura su identidad, lo que incluye su compromiso con «la plena igualdad de derechos sociales y políticos para todos sus ciudadanos, sin distinción de religión, raza o sexo». En otras palabras, no se trata de un Estado teocrático regido por leyes religiosas destinadas a servir a una «supremacía judía» sobre otras religiones, sino más bien del Estado de los judíos, que actúa como un faro moral y ético para el mundo.
Pregunta fundamental: ¿Cuáles son las implicaciones prácticas y a largo plazo de establecer fuentes religiosas —en lugar de consideraciones cívicas y democráticas— como marco para definir las prioridades de seguridad? ¿Puede una política que busca restringir los derechos civiles de los ciudadanos árabes de Israel —que constituyen aproximadamente una quinta parte de la población del país— seguir siendo coherente con la definición de Israel como un Estado «judío y democrático», un Estado que es «luz para las naciones» y cuya existencia contribuye al *Tikkun Olam* (la reparación del mundo)? Asimismo, ¿cuáles son las repercusiones internacionales de la erosión de la identidad laica y liberal del Estado y de su compromiso con la igualdad ante la ley?
La paz como etapa provisional más que como objetivo estratégico
El principio tradicional: Israel siempre se ha definido como un Estado que busca acuerdos y tratados de paz. En palabras de su Declaración de Independencia, tiende la mano en son de paz y buena vecindad a los Estados de la región, sobre la base de la «libertad, la justicia y la paz». Los fundadores del Estado, pertenecientes a todo el espectro político, expresaron reiteradamente la convicción de que la paz es clave para la prosperidad y un elemento central de las relaciones exteriores y la posición internacional de Israel, factor que lo distingue de los Estados árabes.
Pregunta crucial: ¿Cuál es el costo estratégico y moral de un concepto de seguridad que define los acuerdos de paz como una *conceptzia* —una ilusión errónea que inspira desconfianza intrínseca— en lugar de como un activo estratégico que permite al Estado prosperar y que, por tanto, debería preservarse? ¿Acaso considerar la paz como algo intrínsecamente temporal conlleva el riesgo de convertirla en una profecía autocumplida que socava la seguridad de Israel a largo plazo? ¿Qué implicaciones tiene este concepto para la política exterior y la posición internacional de Israel, dado que contradice directamente las normas fundamentales del mundo occidental liberal? Y si esto llega a constituir la base de la doctrina de seguridad, ¿cómo afrontará Israel el riesgo de emigración, incluida una fuga de cerebros de tal magnitud que amenace su economía, así como la resiliencia y la calidad de su sociedad?
La prosperidad «entre guerras» (David Ben-Gurión) frente a la guerra como estado permanente.
El principio tradicional: El Estado se construye durante los periodos de calma entre guerras; la guerra se percibe como una situación excepcional, breve y transitoria, durante la cual el Estado recurre a los recursos acumulados en los periodos de tranquilidad. Son los periodos prolongados de calma los que permiten el desarrollo económico, educativo y social de la nación.
Pregunta clave: ¿Qué sucede con la sociedad, la economía y la cultura de un Estado democrático cuando una guerra prolongada pasa a aceptarse como la norma en lugar de como una excepción temporal? ¿Es esta situación compatible con la capacidad del Estado para desarrollarse y prosperar, tal como lo concibieron sus fundadores?
La disuasión y la alerta temprana como base para la gestión de riesgos frente a la guerra preventiva perpetua
El principio tradicional: Uno de los pilares del concepto de seguridad de Israel era la combinación de disuasión y alerta temprana como herramientas para gestionar los riesgos en un entorno hostil sin recurrir al uso constante de la fuerza.
Pregunta crítica: ¿Qué sucede con un Estado que renuncia a la opción de la disuasión, la alerta temprana y la defensa subsiguiente, plasmada en la conocida máxima militar: «Aunque nos tomen por sorpresa, no seremos derrotados»? ¿Cuál es la implicación práctica de depender de una iniciativa ofensiva constante como estrategia predeterminada? ¿Puede alguna estrategia prescindir de la gestión de riesgos? ¿Acaso la ausencia de gestión de riesgos hace que Israel (o cualquier Estado) sea más seguro? ¿Cuáles son las implicaciones económicas y sociales de abandonarla?
"Soldados antes que civiles" y la santidad de la vida civil frente al civil como "verdadero escudo"
El principio tradicional: Desde la creación de las FDI, un principio fundamental ha sido que los soldados —y no los civiles— soportan la carga de la defensa en la línea del frente, todo ello acompañado de un compromiso con la santidad de la vida civil y con la minimización de la exposición de los civiles al combate. Las fronteras del Estado son defendidas por las FDI —que protegen a los agricultores mientras aran hasta el último surco— y no por el arado ni por el agricultor de un kibutz o un moshav.
Una cuestión crítica: ¿Acaso un concepto que sitúa a los civiles —incluidos aquellos que habitan en puestos de avanzada y asentamientos— como un "escudo" de primera línea no invierte, en la práctica, las prioridades de un Estado fuerte y soberano (que antepone a los soldados a los civiles) y expone a los no combatientes precisamente a los riesgos de los que el Estado, a través de las Fuerzas de Defensa de Israel, pretendía protegerlos? ¿Qué implica esto para el estatus de las fronteras de Israel? La estructura de las fuerzas y el concepto de defensa de un Estado deben determinarse en función de sus fronteras, tal como estas son reconocidas por el derecho internacional y establecidas en acuerdos. ¿Cuáles son, entonces, las implicaciones económicas, de seguridad e internacionales de abandonar una frontera definida en favor de zonas de defensa flexibles y amorfas? ¿Qué concepto de defensa resulta adecuado para una realidad de este tipo?
El respaldo de las grandes potencias y la dependencia global frente a la visión de una plena independencia en materia de seguridad económica
El principio tradicional: dada la reducida extensión geográfica de Israel, la escasez de recursos naturales y su profunda dependencia de las redes mundiales de comercio, ciencia y tecnología, el estamento de defensa ha comprendido desde hace mucho tiempo que el país necesita el respaldo de las grandes potencias. Israel no puede sostener una economía de defensa autárquica y aislada del mundo; sin el apoyo de las grandes potencias, permanece expuesto a graves riesgos internacionales.
Pregunta clave: ¿Cuáles son las implicaciones de carecer del respaldo de una gran potencia y de una relación especial con Estados Unidos? ¿Bastaría para Israel una relación con Estados Unidos basada únicamente en intereses y consideraciones comerciales y económicas? ¿Cómo afecta esta postura a la posición de Israel en la región? ¿Es económicamente viable desvincular los sectores científico y de defensa de Israel de los marcos de cooperación internacional, tratándose de un Estado pequeño, dependiente del comercio y con recursos naturales limitados? ¿O ello conlleva el riesgo de estancamiento tecnológico y aislamiento diplomático, precisamente cuando las asociaciones estratégicas son más importantes que nunca?
El «nuevo» concepto de seguridad descrito anteriormente —que, si bien nunca se plasmó en un documento oficial ni se aprobó mediante un procedimiento formal, ha guiado de facto aspectos clave de la política de seguridad israelí desde el 7 de octubre de 2023— deriva su considerable influencia precisamente de su naturaleza como concepto no escrito que se manifiesta en la práctica, más que como una política gubernamental declarada. Por ello, resulta esencial articularlo explícitamente y someter sus detalles e implicaciones a un debate público. Solo así será posible determinar si representa una adaptación necesaria a la realidad de seguridad actual y emergente, o bien la expresión de un cambio fundamental y no supervisado en la identidad del Estado.
El general de división (en la reserva) Tamir Hayman es el director ejecutivo del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS). Antes de incorporarse al INSS, el general de división (en la reserva) Hayman fue jefe de la Dirección de Inteligencia de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) entre 2018 y 2021. Durante sus 34 años de servicio en las FDI, ocupó diversos cargos de mando en las fuerzas terrestres, acumulando experiencia operativa de combate en la zona de seguridad del Líbano y en el ámbito palestino.
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